Julieta Dobles: Poesía – Del libro Los pasos terrestres

Comunión. Retrato cotidiano. Nacimiento. Solo para niños. Elogio a la tristeza.

0

Julieta Dobles.

Del libro Los pasos terrestres
(Premio Editorial Costa Rica, San José, 1976)

Comunión

Algo se me ha llagado desde la entraña, madre,
Algo como el temblor,
Como el extraño miedo de los niños dormidos,
Ahora que los hijos han colmado mi boca
Y las manos y el pecho,
Al igual que hace mucho colmamos tu mirada
De aleros y gaviota y balbuceo.

Algo se me ha llagado desde la entraña, madre,
Ahora que el amor se me ha extendido
Más allá de todos los caminos,
Y soy, sencillamente
Tierra bajo los hijos extendida.

Y es que tú yo somos la misma agua
Que recibe más gotas y se extiende,
Proliferando en voces que germinan al canto,
Dando más aguas fértiles y claras.
Porque aquí, bajo la cuerda
De tu aliento y mi aliento
Respiran por nosotros los que fueron
Y se tensa su amor,
Su vocación de humus y de roca.

Tú y yo y este universo, madre,
Que es un inmenso mar girante donde cada burbuja
Recoge su vocación de sol.
Tú y yo y una infancia
Que fue tuya y fue mía
Y hoy está en otros labios,
Balbuceando por retomar la hierba
Y apretar su color entre las manos.

Tú y yo
En cada pequeño paso vacilante,
En cada mano que recoge su aurora,
Amanecida.

 

Retrato cotidiano

Ramona, buen nombre
Para una piedra del camino.
Carmen Lira

Mujer, al lado de tus manos
Acalladas, diligentes,
Donde se amasa el sol
Y el alimento rezuma su calor.
Donde surgen temblando las begonias
Y la frágil blancura de las sábanas,
Mis manos se me antojan
Torpes platos vacíos.

Y es que tengo tu voz, enmudecida
Junto a la voz que clama en mí,
Hermana,
Hermana en las aguas profundas de la fecundidad.
Tú,
Que construyes amor mientras jabonas
Y remiendas y sudas sobre el fuego.
Tú,
En cuyas piernas la sangre
Forma montes azules, fatigados.
Tú,
Para quien vive en vano
El diminuto sentido de la célula,
La música luminosa de los soles lejanos,
La oración del color y del poema.

Nunca conocerás que hay mundos
Y lenguajes
Y hombres nuevos
Más allá del papel indescifrable,
Más allá de tu huerto,
Más allá de tu puerta y de tu calle.

En ti el amor
Nunca será campana, ni torre,
Ni palabra.
Lo has hecho,
Tosco y redondo con tus manos,
A golpes de cuchara.
Es, a veces,
El sumiso temblor bajo las sábanas,
O el dolor impotente
En el sitio del hijo arrebatado
Entre las fiebres de la madrugada.

Pobre entre pobres,
¿quién puede devolverte
La luz sembrada por ti sobre la mesa,
La alegría repartida en las migas
Tantos años?

Sólo el agua conoce
La suavidad de hueco de tus manos,
Para todos callosas.

Pero ahí está, de pie,
El amanecer,
Esa vieja costumbre
Que toca y abre geranios en la sangre.

Al fin y al cabo
Aún quedan hijos vivos
Donde sentir tu corazón a ciegas,
Al fin y al cabo
Es todo tu universo
El que mide en tus pasos la mañana.

 

Nacimiento

Nacidas del temblor
En que la vida
Canta su propia huella,
Lo olvidamos.

En cada puerta abierta
Nos regresa
El corazón del día
Y lo olvidamos.

Nuestra mano se esponja,
Polen inexplicable que nos ama
Y lo olvidamos.

Pero un día,
Un pequeño pie desconocido
Nos busca entre la honda arteria,
Convulsiona
El húmedo mundo de la entraña.
Con lentitud se abre,
Inmensa flor doliente,
La matriz.
El aire se recoge
Entre su propio ritmo de silencio,
Donde la vida avanza
Penosamente,
Donde el aliento
Estalla,
Suda,
Nace.

Somos solo una herida del milagro,
Del mar vivo que empuja
Desde lo más profundo de sus aguas,
La pequeña cabeza,
Oscura y húmeda,
Dueña total del sol.

Es nuestra, entonces
La mano pequeñita
Que se encoge a la luz.
Y es nuestro el grito,
Voraz en la primera
Burbuja del aliento,
Convulsa claridad
Ante la noche.

Entonces
Dios tiene su lugar
En nuestros pulsos.
Tanta luz nos desborda,
Inunda al pobre cuerpo estremecido.

Habitadas de mundo,
Damos vida,
Habitadas de luz,
Nunca podremos volver a la ceniza.

 

Solo para niños

Nos miras largamente,
Con tus ojos donde la infancia
Crea, paso a paso,
La costumbre de amar.

Habíamos olvidado
Cómo se mira entonces.
Cómo es nueva la mano,
Nuevo el pequeño paso,
La ventana entreabierta de la estrella.

Habíamos olvidado
Qué fácil encontrar mariposas
En las tardes de fuego.
Y qué difícil
Balbucear la palabra,
Entera y redonda
Como una fruta.

Habíamos olvidado
La voz fina, finita,
Cristal de lluvia en la ventana,
Cuando el hogar es todo el mundo
Tibia prolongación de las manos del sueño.

Ahora sabemos, nuevamente,
De la sombra gigante en el armario,
Torre de pesadillas,
Y de la puertecita entre las yedras
Que algún día se abrirá bajo los dedos
Del color y la magia.

La leche, nuevamente,
Sabe a paz.
Y mis manos,
Al igual que las manos de mi madre,
Son de leche y de paz.

De los libros guardados tantos años
Saltan de nuevo duendes
Y la vida se puebla
Como un árbol,
De hojas verdes,
Caracoles,
Musgos donde empezaron
Todos los sueños nuestros.
Gracias por regresarnos
A la puerta olvidada.
Ahora podemos
Apretar de nuevo la mañana
Y sentir su calor de naranja madura
Donde estrenan tus ojos su asombro
Cada día.

Elogio a la tristeza

Si la tristeza fuera un sorbo,
Qué fácil esparcirla a lo ancho del viento,
Donde gesta la lluvia su fragor.

Pero en el mundo de sueños
Y pesados deseos,
La tristeza es un mar
Que se nos cuela al nacimiento
Para crecer,
Sin dimensión y sin orillas,
Como una enredadera que de pronto
Es árbol,
Raíz,
Bosque,
Pantano,
Como una mano ajena que al toque de la luz
Se volviera ojo nuestro.

Nos contagia la noche,
El sueño,
Las migas de la lumbre,
La vigilia,
El cansancio,
El estallido de la sangre.

Su savia nos inunda, retoñando,
Para la extraña sequedad de todos,
Flor oscura que deseara
La mano de la sombra y de la lágrima.

Cúpula de polvo, arrancada
Del paraíso inútil que nunca poseímos.
Habitante del pulso y del aliento,
Hundes tu gran ojera oscura
En el sueño que no plasmó la mano,
En las cosas que nunca germinaron a tiempo.

Familiar como el agua,
Profundizas arterias en el recién nacido,
Tocas el borde mismo de la sangre,
Y pulsas,
-extraña forma de empujar a la vida-
Donde la vida misma agoniza y comienza.

COVID-19
Suscribase COVID-19

También podría gustarte Más del autor

Comentarios

Cargando...