Julio Revollo: El embajador que no llegó

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Julio Revollo AcostaGenealogista

El jueves 25 de enero de 1945 aparece en el Diario de Costa Rica el siguiente aviso

“El Comité de Amigos de la Unión Soviética invita a todos los ciudadanos costarricenses, a todas las colonias extranjeras, a todos los buenos demócratas residentes en el país, a recibir con todo calor y entusiasmo al Representante de la Unión Soviética, Sr. Constantin Oumansky, que llegará a la Sabana, a la una de la tarde de hoy jueves. Tenemos que demostrarle que Costa Rica entera sin divisiones de bandera política, ni de clases sociales, admira y quiere al pueblo soviético y a su invencible ejército rojo.  Todos los demócratas y antifascistas, hoy a la una de la tarde en la Sabana ¡Viva la Unión Soviética! Comité de Amigos de la Unión Soviética,  Dr. Vicente Castro Cervantes, Presidente”.

Constantin Aleksandrovich Oumansky

 Efectivamente, ese día esta programada la llegada a San José del primer jefe de misión diplomática de la Unión de Republicas Socialistas Soviéticas acreditado ante el gobierno de Costa Rica, en calidad de Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario.

Se trata de Constantin Aleksandrovich Oumansky nacido en Mykolaiv, Ucrania, en 1902. De origen judío, de 1922 a 1931 trabaja en el Comisariado del Pueblo para las Relaciones Exteriores. Su habilidad para los idiomas, le sirve para ser nombrado en la recién fundada Agencia de Información Telegráfica de la Unión Soviética (TASS) como correspondiente en Roma, Paris y Ginebra. De 1931 a 1936 pasa a ser subdirector, y luego director, del Departamento de Prensa e Información del Comisariado del Pueblo para las Relaciones Exteriores.

Nombrado en 1936, consejero en la Embajada Soviética en Washington D.C., desempeña el cargo de encargado de negocios a.í de 1938 a 1939, año en que es ascendido al rango de Embajador de la Unión Soviética ante el gobierno de los Estados Unidos de América, cargo que desempeña hasta 1941 en que es trasladado al Comisariado del Pueblo para los Asuntos Internos (NKVD) hasta 1943, en que es nombrado embajador ante el gobierno de los Estados Unidos Mexicanos. Y, es precisamente durante su estadía en México, cuando se le nombra enviado extraordinario y ministro plenipotenciario “concurrente” ante el gobierno de Costa Rica.

El 25 de enero de 1945, siendo las 5 y 30 de la mañana, el embajador Oumanski, toma el avión que lo trasladará a Costa Rica para presentar sus cartas credenciales al presidente don Teodoro Picado Michalski. Viene acompañado por su esposa Raisa Umanskaya, y tres miembros de la embajada. El gobierno mexicano le ofreció para su traslado un avión bombardero Lockheed C-60 de la Fuerza Aérea Mexicana, el cual estaba al servicio personal del general Lázaro Cárdenas, secretario de Defensa Nacional de México, y contaba con una tripulación con mucha experiencia.

Pocos minutos después de haber emprendido el vuelo, explota el avión en el aíre, cayendo a unos 2 kilómetros al norte del aeropuerto, muriendo el embajador Oumanski, su esposa Raisa, el primer secretario de la embajada, quien quedaría en San José como encargado de negocios a.í., Lev Kroynestsky, el agregado militar, teniente coronel Serguei Savin-Lazarev y 4 de los tripulantes miembros de la Fuerza Aérea Mexicana. Solamente quedan con vida, la esposa del primer secretario de la embajada, Marina Kroynestsky,  y el jefe de ruta del avión, teniente Salvador Noble Morales.

El embajador de Costa Rica en México, Carlos Jinesta Muñoz, quien debía acompañar a la delegación soviética, se quedó en tierra debido a que el vuelo salió antes de la hora prevista.

En San José, a las 9 horas de ese día, las sirenas de los periódicos La Tribuna y Diario de Costa Rica convocan a los costarricense a que lean en sus pizarras, la noticia recién llegada procedente de México.

Al día siguiente, La Tribuna publica el siguiente mensaje recibido de México:

“El embajador ruso Constantin Oumansky, su esposa, dos secretarios y otras siete personas resultaron muertas y dos más gravemente heridas al hacer explosión en el aíre el avión transporte militar mexicano que acababa de levantar el vuelo en las primeras horas de hoy rumbo a San José de Costa Rica. Oumansky, que según creencia general tenía a su cargo los asuntos diplomáticos rusos en América Latina, dirigíase a San José para presentar las credenciales como ministro en Costa Rica. Las autoridades militares se abstuvieron de dar detalles del accidente. Testigos presenciales declararon que el avión había levantado el vuelo  poco  antes  de  las  cinco  y  cincuenta

a.m. y seguía ascendiendo sobre el aeródromo cuando oyóse una fuerte explosión y el avión quedo envuelto en llamas. El aparato comenzó a caer desde ciento treinta metros de altura como si hubiera perdido el control y se estrelló en tierra unos dos y medio kilómetros al norte del aeródromo. El avión que era un transporte Lockheed 60 convertido, deshizose al chocar en tierra y los restos desparramándose sobre la superficie de doscientos metros cuadrados… Oumansky era uno de los diplomáticos que gozaba de mayor popularidad en ésta, y la embajada fue centro de brillantes reuniones sociales a las cuales concurrían visitantes de otras naciones americanas…”.

Una vez conocerse la noticia en Costa Rica, el presidente de la República, licenciado Teodoro Picado Michalski, quien se encontraba de gira por la provincia de Guanacaste, manifiesta

“lamento como el que más este doloroso suceso. Tuve el gusto y el alto honor de conocer personalmente, durante mi visita a México, al ingeniero Oumansky, cuya brillante personalidad, exquisita cultura y extraordinario don de gentes le conquistaban la amistad de quienes tenían oportunidad de tratarlo. Hablamos en aquella oportunidad de         muchos problemas del mundo y de nuestra America, y pude darme cuenta de que me encontraba frente a un hombre superior,magn íficamente dotado y preparado para desempeñar las más altas  misiones. También constaté que el ingeniero Oumansky sentía profunda simpatía por nuestro país. Todas estas circunstancias y el hecho de que viniera para nuestra patria a presentar credenciales y a  dejar prácticamente establecidas las relaciones diplomáticas entre Rusia y Costa Rica, hacen aún más lamentable esa desgracia que priva a su patria de uno de sus más brillantes servidores y al mundo de         una intelectualidad de primera categoría”.

Por su parte, el Canciller, don Julio Acosta García, expresa

profunda pena nos tiene que producir lo acontecido. No tuvo Costa  Rica la oportunidad de contar con la colaboración del gran ciudadano de la nueva Rusia, señor Oumansky, como representante de su   gobierno ante el nuestro. Esto quiere decir que se aplazará por un  tiempo que no podemos determinar, la oportunidad que se nos presentaba para entrar en la vida internacional de Rusia y reiterarle una vez más nuestro afecto y nuestra admiración por su gigantesco  esfuerzo de guerra. Es, pues, doloroso para el país lo que ha pasado. Y es sensible que Rusia haya perdido a uno de sus grandes diplomáticos, joven y de experiencia grande, a pesar de su juventud. Todos los costarricenses debemos sentirnos profundamente tristes en esta hora de dolor, que nos trajo su inesperada muerte y la de su distinguida señora esposa y demás acompañantes”.

El diario oficial La Gaceta en su editorial, manifiesta

“han caído el  Señor Oumansky y sus compañeros en el cumplimiento de su deber y el Gobierno  de Costa Rica se asocia al duelo de las Naciones Unidas que en esta misma hora deploran tan infausto suceso, y envían a la vez, al Gobierno de la Unión de Repúblicas  Socialistas Soviéticas, su expresión más sentida de pesar por la    irreparable pérdida que experimenta y que cubre de negros crespones a ese pueblo, hoy amigo y aliado del pueblo costarricense”.

 El 26 de enero, el Congreso Constitucional de Costa Rica, por unanimidad, deja constancia en actas de la pena que siente ese cuerpo legislativo por la trágica muerte del embajador soviético señor Oumansky, y acuerda manifestarlo así al presidente del Presídium Soviético

Dos días antes de la llegada de Oumansky, había llegado a San José el periodista soviético Yuri V. Dashkevich, representante de TASS en México, quien venía a cubrir la noticia. El día viernes 26 se regresa a México; en declaraciones a la prensa, expresa que el accidente le produjo la más profunda consternación y agrega que, dentro de sus naturales reservas, no dejada de considerar la posibilidad de que en ese trágico suceso hubieran intervenido fuerzas extrañas con deliberados propósitos.

El mismo día del accidente, el gobierno mexicano nombra una comisión, presidida por el general Rafael Montero Ramos, para que se investigue la causa del accidente. Por su parte, la Secretaría de Defensa declara que el avión había sido minuciosamente revisado antes de iniciar el vuelo, y estaba al mando del capitán Roque Velasco Cerón, calificado como uno de los mejores pilotos de la fuerza aérea mexicana.

El Diario de Costa Rica al comentar las noticias del accidente, dice,

“El hecho de que se hayan descartado las posibilidades de que el accidente se debiera a una falla en los motores o a un exceso de peso,  parece significar que ha habido otro factor más grave en el desarrollo de la tragedia aérea. El de sabotaje. No puede asegurarse que tesis  sea exacta, pero muy bien puede ocurrir que se confirme, ya que, dada la importancia del personaje diplomático y las pasiones políticas      que reinan en México, muy bien puede considerarse esa posibilidad”.

Esa misma noche los restos son velados en la sede de la embajada soviética. Sobre el féretro de la señora Oumansky fue colocado un ramo de rosas en nombre del “Comité de Amigos de la Unión Soviética de Costa Rica”  y, al día siguiente, se traslada el cortejo fúnebre, escoltado por tropas mexicanas, hasta el Panteón Civil de Dolores, en donde se procede a su incineración, mientras se escuchan las salvas de ordenanza. Según se anuncia, las cenizas permanecerán en México hasta la finalización de la guerra, cuando serán trasladadas a Moscú para su entierro definitivo.

Trágico destino el del agregado militar, teniente coronel Sergei Savin-Lazarev, que tenía pocas semanas de haber llegado a México, y quien había sido herido seis veces en los campos de batalla, habiendo recibido por sus actos de heroísmo varias condecoraciones, vino a  encontrar la muerte lejos del teatro de la guerra.

En su libro “La guerra de Figueres. Crónica de ocho años”, escribe Guillermo Villegas Hoffmeister,

“Enero de 1945 fue un mes doloroso para los comunistas. Costa Rica había establecido relaciones diplomáticas con la Unión Soviética y en esos días vendría a presentar sus cartas credenciales el embajador del gobierno soviético Constanin Oumansky. En aquellos días, antes de que se iniciara el proceso de la llamada guerra fría y cuando aún se luchaba en Europa y en el Pacífico no era mal vista la relaciones de los demócratas con los comunistas y de allí que el establecimiento de las relaciones diplomáticas fuera asunto normal,  por lo menos así se creía. Mucha bulla se hizo con motivo de la anunciada visita del embajador Oumansky y los preparativos para recibirlo eran enormes. E realidad, en abril de 1944, poco antes de asumir poder, Teodoro Picado, presidente electo, viajó a México y el día 29 de ese mes, en la suite del Hotel en que se hospedaba, recibió al embajador de la Unión Soviética ante el Gobierno azteca y en el curso de la conversación se acordó el establecimiento de las relaciones diplomáticas entre las dos naciones. Ahora se irían a hacer realidad, pero una cosa propone el hombre y otra dispone Dios… En la madrugada del 25 de enero de 1945, Oumansky viajaría a Costa Rica acompañado del embajador nuestro en México, Carlos Jinesta Muñoz, en un avión del ejército mexicano facilitado por el Ministro de la Guerra, general Lázaro Cárdenas. Era un avión de transporte, el No. 6001, marca Lockheed, de dos motores de 1200 caballos de fuerza cada uno, que volaba a una velocidad de crucero de 400 kilómetros por hora, con una autonomía suficiente para llegar a Costa Rica sin reabastecerse de combustible, con capacidad para 21 pasajeros y su peso, cargado al máximo, era de 10 toneladas. Con Oumansky viajaban su esposa y cuatro miembros más de la Embajada Soviética, de los que tres perecieron en el accidente que sufrió el avión, lo mismo que cuatro pilotos mexicanos. Hubo dos sobrevivientes, la señora Marina de Troynivsky el mexicano subteniente Manuel Noble Morales, quien ayudó a sacar a la dama rusa de donde estaba prensada mientras las llamas se les acercaban. Las autoridades mexicanas achacaron el accidente a una embestida del avión contra una cerca de alambre (?). Al mediodía de ese 25 de enero, brillaban, como recuerdo del ayer, bajo el sol azteca, los ornamentos del uniforme militar junto a la estrella de la URSS y la empuñadura de oro del espadín del malogrado embajador. Jinesta Muñoz se fue hacia el aeropuerto militar desde donde despegarían en su viaje con Oumansky, pero al llegar un funcionario, del ejército aparentemente, le dijo que el avión ya estaba partiendo. Jinesta se habría disgustado mucho pues llegó aun antes de la hora prevista para el despegue, pero, al instante, se escuchó la explosión que destrozo la aeronave, segando la vida del diplomático soviético y de los demás pasajeros y tripulantes del avión. Se tejieron conjeturas y una de ellas es que el avión partió antes de lo previsto para que el embajador Jinesta no estuviera a bordo pues no había interés alguno en asesinarlo, ya que se sostuvo –aunque nunca se comprobó, al menos, nunca se dijo al público- que el accidente fue un acto de sabotaje. Jinesta, años después lo reconoció. Dijo que comprendió inmediatamente que se trataba de un acto criminal, pero se abstuvo de comentarlo públicamente. La versión oficial en cuanto a que Jinesta no acompañara a Oumansky fue que no le gustaba volar y, por lo tanto, al propio, aunque por cortesía había aceptado venir a Costa Rica, llegó tarde al aeropuerto militar…”

Coincidiendo con la noticia del accidente, en el periódico La Tribuna se publica que el señor Narciso Bassols, había presentado sus cartas credenciales como ministro plenipotenciario de Costa Rica en la Unión Soviética, habiendo sido recibido para tales efectos por el Presidente del Presídium del Soviet Supremo, Mijaíl Kalinin.

La legación en Costa Rica venia a ser la quinta misión diplomática de la URSS, que se abriría en América Latina, después de México, Cuba, Colombia y Uruguay. No será hasta 1971 en que la Unión Soviética establezca su primera misión diplomática en Costa Rica, acreditando al señor Vladimir Kazimirov como embajador extraordinario y plenipotenciario quien, curiosamente, regresó a Costa Rica de 1996 a 1999 esta vez como embajador de la Federación de Rusia.

Fuentes de consulta:

    • Diario de Costa Rica de 25, 26, 27 y 28 de enero de 1945
    • La Tribuna de 25, 26, 27 y 28 de enero de 1945
    • La Prensa Libre de 25 y 26 de enero de 1945
    • Wikipedia.org
    • Fotografía de la Fundación Alexandre Vassiliev
    • El Universal.- Suplemento Confabularlo.- confabulario.eluniversal.com.mx
    • Villegas Hoffmeister, Guillermo.- La guerra de Figueres. Crónica de ocho años.-EUNED, 1998.

 

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