La batalla por el voto populista

A pesar de que existe una ingente literatura sobre las causas del apoyo a los partidos populistas, ningún estudio hasta la fecha ha comprobado qué sucede cuando en un país compiten partidos populistas de izquierdas y de derechas. ¿Siguen siendo relevantes para explicar el voto a estas formaciones factores ya clásicos como las actitudes contra la inmigración, la Unión Europea y las elites? O, de manera más general, ¿qué factores afectan a la competición electoral entre partidos populistas de diferente signo ideológico? En el nuevo contexto político español, estos interrogantes cobran más relevancia que nunca.

Las respuestas a estas preguntas forman parte de un trabajo recientemente publicado en la revista European Politics and Society. En él se utilizan los datos de la octava ronda de la European Social Survey (ESS), y se centra en los países en los que hay partidos populistas que compiten entre sí (Francia, Islandia, Italia, Países Bajos, Alemania y Lituania; Grecia no se podía analizar porque no participa en el ESS).

El trabajo comprueba en qué medida las teorías más populares para explicar el voto populista sirven también para entender los apoyos a uno u otro tipo de populistas.

Se centra en cuatro teorías que postulan que el voto a los partidos populistas es mayor entre:

  • los perdedores de la globalización;
  • quienes desconfían de las elites políticas;
  • quienes son críticos hacia la globalización; y
  • quienes tienen actitudes negativas hacia la inmigración.

El primer hallazgo tiene que ver con la tesis de los perdedores de la globalización. Esta tesis se ha empleado ampliamente para explicar el éxito de los partidos populistas de derechas y también, aunque en menor medida, de izquierdas. Los resultados son más consistentes para los primeros (siempre comparándolos con votantes no populistas), ya que algunos factores asociados a ser un perdedor de la globalización (como baja educación) funcionan mejor con los populistas de derechas.

Sin embargo, los trabajos existentes no permiten sacar conclusiones acerca del efecto de ser un perdedor de la globalización sobre la probabilidad de votar a populistas de uno u otro tipo cuando compiten entre sí. Para estudiar esta cuestión, es necesario centrarse en los países en los que ambos tipos de partidos populistas están presentes.

A quién votan los perdedores

Y, al hacerlo, como muestra el gráfico 1 (las dos variables de privación material, en el modelo 1, o M1), lo que se observa es lo contrario: cuando en un país existen partidos populistas de izquierdas y de derechas, los perdedores de la globalización tienen una probabilidad significativamente mayor de votar a los populistas de izquierdas que a los de derechas (quienes tienen mayor probabilidad de perder su empleo o de padecer necesidades económicas exhiben una mayor propensión a votar a un partido populista de izquierdas que de derechas cuando ambos partidos coexisten).

Gráfico 1. Gráfico de coeficientes, Partidos populistas de Izquierda versus Partidos populistas de derechas.

Críticas a la élite, loas al pueblo

La segunda teoría es la relacionada con los sentimientos antielitistas. Aunque persisten importantes controversias acerca del significado preciso del populismo (si éste es una propiedad de partidos, discursos o ciudadanos; si es una propiedad binaria o una cuestión de grado; y qué partidos se merecen la etiqueta de populistas) lo cierto es que en una cosa hay consenso: el discurso crítico con las elites es una característica central de la definición del populismo.

En efecto, como en su día expuso Cas Mudde, para que un partido sea considerado populista, lo mínimo que cabe exigir es que adopte una posición crítica con las elites corruptas y ensalce al pueblo virtuoso, a la gente de a pie. Entonces, en principio, la desconfianza o animadversión hacia las elites debería aumentar la propensión a votar a los partidos populistas de uno y otro signo ideológico.

Ahora bien, ¿qué sucede cuando partidos populistas de izquierdas se enfrentan a populistas de derechas? El segundo hallazgo del trabajo (variable de antielitismo en el gráfico, en el modelo 2, o M2) es que los sentimientos antiélites (medidos por la desconfianza hacia los partidos políticos) también favorecen el voto a los populistas de izquierdas en lugar de a los de derechas.

Europeísmo

La tercera teoría es la de la globalización, que, en el ámbito europeo, se traduce principalmente en términos de mayor o menor europeísmo. Nuevamente, son muchos los estudios que han mostrado que el apoyo a los partidos populistas (frente a los no populistas) es mayor entre los ciudadanos menos europeístas.

El tercer hallazgo es que quienes creen que la unificación europea ha ido demasiado lejos manifiestan una mayor tendencia a votar por populistas de derechas que de izquierdas (la primera variable de localismo en el gráfico).

Finalmente, la cuarta teoría es la de las actitudes nativistas. Las investigaciones han demostrado que las actitudes hacia la inmigración suelen aumentar la probabilidad de votar por populistas de derecha, siendo la inmigración, además, uno de los factores sustantivamente más relevantes para entender el voto a estos partidos.

La inmigración no es tan importante

En cambio, este factor está prácticamente ausente de las explicaciones sobre el voto a partidos populistas de izquierdas. Con estos antecedentes, cabría anticipar que las actitudes contrarias a la inmigración favorecieran el voto a los populistas de derechas en detrimento de los de izquierdas. Sin embargo, los resultados (ver las dos variables de nativismo en el Gráfico 1) demuestran que esto no es así: las actitudes hacia la inmigración no condicionan de manera significativa el apoyo relativo a populistas de izquierdas y de derechas.

Los resultados recién expuestos son importantes habida cuenta de que, en las últimas dos décadas, uno de los desarrollos más notables en los sistemas de partidos europeos ha sido el crecimiento del voto a las formaciones populistas, bien fueran de izquierdas (como en España, hasta la irrupción de Vox), de derechas (como en Suiza), o de ambas orientaciones (como en Grecia).

En conjunto, los populistas han triplicado sus apoyos en estos veinte años, de tal manera que la población europea viviendo bajo gobiernos con algún ministro populista ha pasado de 12,5 millones en 1998 a 170 en 2018. Como era de esperar, esta tendencia al alza ha estimulado la proliferación de los estudios sobre los partidos populistas. Sin embargo, a pesar de la ingente literatura existente ya sobre ellos, el tema abordado no había sido estudiado anteriormente.

Es cierto que había muchos estudios que se ocupaban de la contienda entre los populistas de derechas y el resto de partidos conservadores, y también algunos dedicados a la pugna entre populistas de izquierdas y otros partidos de izquierdas; pero ninguno había analizado aún la batalla por el voto populista. Los resultados aquí discutidos cobran especial relevancia en el caso español con la llegada de Vox: ¿podríamos hablar de una batalla populista?

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

Publicado originalmente en The Conversation

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