La Caja de Pandora

El deterioro en los servicios que brinda la Caja Costarricense del Seguro Social debe atenderse con diligencia, de lo contrario, al igual que con la “Caja de Pandora”, las enfermedades, pero sobre todo la insatisfacción ciudadana, se deslizarán día y noche entre los costarricenses, solapadas y silenciosas precipitarán el menoscabo de nuestra paz social.

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Marlon J. Soto González, Politólogo.

“La Caja de Pandora” es un  recipiente de la mitología griega, tomado de la historia de Pandora, la primera mujer, creada por Hefesto (dios del fuego) por orden de Zeus, según la leyenda la caja contenía todos los males del mundo.

Como si se tratara de una siniestra metáfora, la mítica caja de los ticos, la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS), fundada para curar y garantizar calidad de vida, ha perdido su rumbo, se ha convertido en origen de muchos males.

La Seguridad Social es un régimen solidario que se sustenta en los aportes de los trabajadores para dar cobertura a una población mayor, ese es motivo suficiente para despolitizarlo, acción que debe empezar por la eliminación de la Presidencia Ejecutiva de la CCSS y depositar la totalidad de las potestades administrativas en la Gerencia General.

Me sigo sintiendo orgulloso de nuestro sistema de salud pública, pero no puedo obviar que la calidad del servicio se ha deteriorado, en perjuicio de personas vulnerables y de pocos recursos, son ellas las que más sufren por una atención deficiente, para muestras cuatro botones:

Diferentes medios de comunicación informaron el pasado 30 de enero que un adulto mayor de 81 años de edad, pasó hasta 13 horas sin ser atendido en emergencias del Hospital Max Peralta de Cartago. La imagen del paciente acostado en el suelo del centro médico con claras muestras de dolor fue ampliamente comentada en redes sociales.

El triste episodio fue denunciado ante las autoridades de la CCSS y la Comisión Nacional de Consejo Nacional de la Persona Adulta Mayor (Conapam), ojalá se sienten responsabilidades.

El segundo término me preocupa el faltante de medicamentos para enfermedades crónicas que han sufrido en las últimas semanas las farmacias de los centros de salud. Pacientes con tratamiento para padecimientos como la hipertensión arterial se han topado con que la CCSS no dispone de medicinas que son de uso diario para quienes las necesitan. Quienes toman ese tipo de medicamentos a diario, se ven obligados a comprarlos o poner en riesgo su salud, situación complicada si consideramos la difícil condición económica de muchas familias.

La escasez de medicamentos atenta contra el derecho a la salud y el derecho a la vida consagrados en la Constitución Política, por eso me extraña que, a la fecha, ni pacientes, ni políticos, ni medios de comunicación, hayan levantado la voz para referirse al faltante de medicinas.

El tercer caso refleja la insensibilidad con que se atiende a las mujeres embarazadas en algunos hospitales. Hace unos días tuve que asistir con mi hija a emergencias del Hospital San Francisco de Asís en Grecia (experiencia por demás acongojante), ahí me topé con una joven y angustiada madre, indignada porque, a pesar de tener el tiempo para dar a luz, no querían internarla, era la quinta ocasión en la semana que acudía al hospital; parte de su preocupación residía en que apenas 2 meses atrás una hermana había perdido el bebé en circunstancias similares.

Se puede entender que los médicos se basaran en un criterio profesional para no recibirla, lo que no concibo es que la profesional que se encontraba haciendo la valoración previa de los pacientes le dijera que quien decidía si la dejaba ingresar al área de maternidad, para conversar con un especialista, era el guarda de seguridad, una persona que posiblemente tiene el mismo criterio médico que yo en un caso de este tipo: ninguno. Días después me comuniqué con la muchacha, me contó que el bebé nació, pero debido a que ella no fue internada a tiempo tuvo algunas complicaciones, las cuales, gracias a Dios, ya había superado.

Nota al margen, me parece oportuno mencionar la necesidad que tenemos los costarricenses de aprender a usar los servicios médicos de emergencia para verdaderas emergencias, asistir a los hospitales por una gripe o un raspón ´únicamente contribuye a saturarlos, desaprovechar recursos y desviar la atención del personal de salud de la atención de verdaderas urgencias.

Para cerrar con broche de oro este breve recuento, el periódico La Nación informó ayer sobre el caso de un enfermo de insuficiencia renal grave, el paciente esperó durante 4 años un trasplante de riñones, pero el médico encargado de atenderlo nunca lo incluyó en la lista de beneficiarios de donadores de órganos. Fue gracias a una organización no gubernamental que se detectó y corrigió el injustificable error, sin embargo, la condición del paciente se ha deteriorado, a sus 47 años presenta complicaciones por tiempo transcurrido con la enfermedad, se encuentra desempleado y deprimido.

Conozco muchos ejemplos de situaciones similares, desde personas que han fallecido en la sala de espera de emergencias hasta otras que, como resultado de un cambio en la dosis o tipo de tratamiento por parte de doctores que llegan a cubrir vacaciones o vacantes, se pone en riesgo la vida de los enfermos.

De los casos que he citado surge un patrón: la deshumanización de los servicios públicos de salud es pública y manifiesta, los pacientes y sus necesidades dejaron de ser el centro de la atención médica para convertirse en un número, en una estadística.

Espero que las visitas sorpresa que ha iniciado la señora Defensora de los Habitantes Catalina Crespo a los centros de salud, permitan identificar y corregir prácticas que perjudican a los asegurados.

La CCSS es un pilar, de los más importantes, para la estabilidad social en Costa Rica, la presencia de esta institución y su personal a lo largo y ancho del país es sinónimo de equidad.

El deterioro en los servicios que brinda la Caja Costarricense del Seguro Social debe atenderse con diligencia, de lo contrario, al igual que con la “Caja de Pandora”, las enfermedades, pero sobre todo la insatisfacción ciudadana, se deslizarán día y noche entre los costarricenses, solapadas y silenciosas precipitarán el menoscabo de nuestra paz social.

 

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