La demagogia acaba costando más cara

Suena demagógico. Si se trata de no perjudicar a los más pobres, ayudaría cien veces más quitar todas esas distorsiones que les roban su escaso ingreso.

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Dennis Meléndez Howell, Economista (Ph. D.).

Desde hace meses se vienen discutiendo en la Asamblea Legislativa varios textos para posible reforma fiscal, la cual poco a poco pareciera que se ha ido ajustando al gusto y medida de los diferentes grupos de interés que pujan por imponer sus posiciones.

De acuerdo a los últimos avances, he quedado muy preocupado por la decisión de los diputados por no gravar con un 2% de IVA los componentes de la canasta básica, lo cual quita muchísimo músculo al control de la evasión, algo de lo cual se quejan los costarricenses todo el tiempo. Un comportamiento definitivamente contradictorio.

Sin embargo, no dicen nada por el enorme impuesto que pesa sobre productos como el arroz (subsidio a los grandes arroceros, que llega casi hasta 50%), el azúcar (prohibiciones de importación), la sal (que solo puede ser importada por un grupo privilegiado), la harina de trigo (monopolio protegido), los frijoles (con control cuantitativo de importación), los productos lácteos (monopolio protegido), la carne (enormes restricciones de importación) y hasta los aguacates (sustituto histórico de los huevos, por ocurrencias ideológicas). Y eso para no extendernos mucho en otros bienes y servicios como medicamentos (protección monopolística), gas licuado, taxis, tarifas de autobús, transporte de combustibles y muchos más.

Aquí es donde aplica plenamente aquello de que se preocupan por no tragarse un mosquito pero ni eruptan cuando se tragan un elefante.

Suena demagógico. Si se trata de no perjudicar a los más pobres, ayudaría cien veces más quitar todas esas distorsiones que les roban su escaso ingreso.

 

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