La demencia colectiva del nuestro tiempo.

Hay que parar el mundo. Hacer un Alto forzado y pensar, pensar y vivir lo mejor de nuestro tiempo y con los amados.

0

Extraviados y a la deriva, en un pequeño planeta cada vez más diminuto y contaminado y aun así con un océano vasto de esperanza turquesa. Contagiados por la demencia colectiva como una invisible nube tóxica que flota sobre  la pequeñez del espíritu humano y aún así con mágicas cordilleras blancas,  flotantes entre  azules infinitos. La mezquindad y la miopía se van apropiando de todos los rincones de una sociedad cada vez más neurótica y aún así rodeados de verdes praderas, valles, llanuras, ríos y volcanes centinelas con nubes cargadas de milagrosa humedad.  Inundados por teléfonos, redes, aparatos virtuales, programas deportivos…sucesos y aun así peregrinos de fe total que recorren kilómetros de kilómetros en busca de respuestas celestiales.

Nunca hemos estado tan alejados de nosotros mismos y de la Madre Tierra como en esta curiosa etapa de la historia.  Las fronteras ya no lo son y la identidad nacional es una broma de mal gusto cuando se trata de usarla como escudo ante los demás y lo demás.  Insistimos en creernos completamente diferente a los demás siendo tan solo separados por un color de piel, una lengua o un acento diferente, vaya ironía y cinismo  capaz de colmar esta gota flotante del universo. La política se ha convertido en un instrumento perverso para disociar en vez de asociar la solidaridad y la compasión.  Qué se hicieron los santos, los mártires, las gentes buenas y nobles, los espíritus selectos que guiaban a la humanidad por un curso distinto? Adonde fueron los héroes y los líderes carismáticos que luchaban y morían por sus ideales con adeptos dispuestos a seguirles.

Hemos llegado a perdernos en nuestro propio laberinto de  estupidez y aún así hay esperanza, esa que vive en la mirada cansada de los ancianos y que destella en los ojos de los niños, o en el alma de las juventudes inocentes e idealistas. Llegado a creer también, que el acontecer de la aldea es lo más importante y significativo, sin darnos cuenta que el continente de la humanidad se desvanece en sus bordes con el cinismo, la frialdad y la indiferencia. Qué nos pasa, cuando fue que nos perdimos? nos preguntamos y repreguntamos. Todo lo que hoy se anhela es que regrese el sentido común, los valores elementales , el amor genuino, el valor de la palabra y la fe en un Misterioso Constructor del Universo; aunque por ratos silencioso, sabemos que procura la armonía de este caos.

Nos resistimos como diría Sábato porque ya no pudimos cambiar el mundo y aún así procuramos un café en tardes ambarinas con amigos para hacer remembranzas para anhelar lo que pudo haber sido y para soñar con un futuro mejor.  Hay que parar el mundo. Hacer un Alto forzado y pensar, pensar y vivir lo mejor de nuestro tiempo y con los amados.  No puede ser que la estulticia domine el mundo y el espíritu humano. Es tiempo de ser humanos y saber que la única identidad posible en estos tiempos  como decía Amin Maalouf en su obra Identidades asesinas, es precisamente la humana.

 

Comentarios

Cargando...