La historia que debe ser contada

el Poder Ejecutivo debe retomar el diálogo nacional y reconocer que su rol más importante es hacer creer al país en que podemos construir un futuro mejor, que necesitamos esforzarnos para llegar a nuestro destino, que Costa Rica sí puede,

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Lautaro de la Cruz Picado, MBA.

 Nos están buliando y nos estamos dejando. Es más, no nos hemos dado cuenta de lo que nos están haciendo a pesar de que ya nos sentimos vencidos. Nos hemos dejado creer la historia contada por Albino y los otros actores oscuros, de que estamos en caos, de que no podemos tener alegría, ir con tranquilidad a trabajar o estudiar, tener felicidad, y sentirnos orgullosos de ser ticos. Nos han dejado creer que tenemos que “vencer al monstruo”, y que mientras no lo hagamos estamos en crisis.

Hemos dejado que nos hagan vivir con estrés, con preocupación y que colectivamente y sin darnos cuenta hagamos caer al país en recesión porque dejemos de creer en nosotros mismos, en las empresas en las que trabajamos, en Costa Rica y en sus instituciones. Nos han hecho pensar que es necesario dejar de invertir, dejar de contratar, dejar de hacer porque nos sentimos inseguros.

El año pasado causaron que los maestros se salieran de las aulas por meses, afectando profundamente a nuestra juventud. Esta semana manipularon a transportistas para bloquear vías, afectando al turismo, al sector exportador y a la provincia de Limón que urgentemente requiere de actividad económica para progresar.

Vienen negativizando como pensamos. Han causado que los empresarios piensen que no deben invertir, que no deben contratar porque “la situación está mal”. También que las personas no quieran gastar porque “no saben qué va a pasar”, Que los bancos no quieran prestar porque no están seguros si les van a poder pagar.

Nos han quitado nuestro confort y que cualquier búsqueda de nuestra felicidad y bienestar deben ser postergados hasta que venzamos primero al monstruo. El encadenamiento de esto genera una recesión real y emocional que hay que revertir.

Nos han hecho ver como “monstruo” de la historia al Presidente y al Poder Ejecutivo en general, a las necesarias leyes que se han ido implementando e inclusive al refrito electoral de reconocerle derechos a la población LGTBI.

Hay que recordar lo afortunados que somos como nación. Solo falta con mirar un país al norte o tres al sur para darnos cuenta.  Nuestro presidente, ganó la elección con el 60% de los votos. No fue la primera opción de muchos en la primera ronda, pero sí de una rotunda mayoría en la segunda. Desde el momento en que fue electo, reconoció humildemente que su rol era ser presidente de todos los costarricenses, no solo de unos pocos. Invitó a todos los partidos a participar en un gobierno de unión nacional y abrió su plan de gobierno para enriquecerlo con las prioridades de quienes se unieron a ayudarle a gobernar. Hizo miembros del gabinete a costarricenses de primer nivel que venían de otros partidos.

Asumió el gobierno con una situación insostenible y se ha mantenido enfocado en hacer los cambios necesarios para darle sostenibilidad a la Nación, al país. Esto no significa que tengamos que estar de acuerdo con todas sus decisiones y proyectos, pero al final de cuentas, gobernar no es complacer. Como cuando se es padre, no se complace a los hijos siempre. O cuando se es hijo, no siempre se está de acuerdo con las decisiones de los padres. A los hijos se les guía y se les forma y a los padres como cabeza de hogar, a veces nos toca tomar decisiones difíciles pero necesarias.

Carlos Alvarado necesita tomar el liderazgo del discurso nacional. Los costarricenses necesitan sentirse orgullosos y esperanzados otra vez. Necesitamos ser inspirados, recuperar nuestra seguridad interior y sentido de propósito.

A la hora de retomar el diálogo nacional, necesitamos oír dos historias fundamentales del presidente.

La primera es la de “Qué buscamos”. ¿A dónde nos está llevando, señor presidente y porqué es trascendental emprender esta necesaria aventura? ¿Por qué arreglar las finanzas públicas es solo el primer paso de un proyecto mayor que traerá bienestar nacional en el futuro? ¿Qué está en juego y cuáles son las consecuencias de no hacer nada y quedarnos como estamos?

Le toca luego identificar a nuestros héroes nacionales y apoyarles para que propulsen el viaje. El rol de héroe en las últimas décadas lo han jugado los exportadores en los ochentas cuando cambiamos nuestro modelo de desarrollo, luego fue el turismo cuando destacamos nuestra belleza natural y abanderamos mundialmente la paz,  después fue nuestra mano de obra calificada que atrajo manufactura de valor agregado, y que fue simbolizado con la llegada al país de INTEL, por el sector de dispositivos médicos, y por otras empresas, principalmente ubicadas en zonas francas.

Señor presidente, háganos ver a esos héroes nacionales que nos ayudarán en nuestro épico viaje y cambie el diálogo nacional.

Necesitamos que movilice al país hacia a un mejor futuro y que nos identifique con orgullo nuevamente con estos héroes. Hoy en día nuestros héroes siguen siendo varios de los mencionados previamente y otros más que están emergiendo y que deben ser impulsados como la industria del software y los servicios de salud.

Aquí es donde es necesario que cuente la segunda historia. Es esa que nos hará ver a los villanos que hay que derrotar. Nos debe movilizar a apoyar a los héroes y a vencer a los villanos. Por villanos no me refiero a los Albinos y los otros actores oscuros. Esos son hormigas irrelevantes de la telenovela pública a los que ya se les ha dado más relevancia de la que ameritan. Me refiero a los grandes obstáculos que dificultan a nuestros héroes a propulsar a nuestro país para emprender ese importante viaje que necesitamos hacer para llegar a un mejor destino.

Los grandes villanos a manera de ejemplo, solo por mencionar algunos podrían ser:

  • El primer villano es  el desconocimiento de una segunda lengua por parte de una gran cantidad de la población. Masificar la enseñanza del inglés para convertirnos en un país masivamente bilingüe disparará el crecimiento del sector turístico y también de las empresas de servicios en zonas francas, aumentará la empleabilidad de los desempleados bilingües y aumentará los salarios de los que ya tienen trabajo.
  • El segundo villano es  cruzar Nicaragua a la hora de exportar para que nuestros productos lleguen a mercados en el norte. Desarrollar una vía marítima eficiente para que nuestro sector exportador evite tener que pasar por Nicaragua debería ser una tarea prioritaria por resolver que movilice al país.
  • El tercer villano podría es la falta de una terminal de cruceros de primer nivel en el Caribe para estimular el turismo en Limón, o la falta de un aeropuerto internacional en la zona sur, como el Daniel Oduber, para estimular el crecimiento en esta región, o la falta de un tren de carga rápido que nos de acceso a la infraestructura portuaria panameña para facilitarle a nuestros agricultores, y productores en general, que puedan llegar a mercados extranjeros.
  • El cuarto villano podrían ser los desalineados que no quieren poner de su parte en el Proyecto País. Por esto me refiero a no perder tiempo y recursos del Poder Ejecutivo atendiendo al desfile de instituciones que quieren ser eximidas de la regla constitucional y otras medicinas necesarias implementadas con la ley fiscal. Con todas las necesidades del país, no hay justificación alguna para que las universidades, municipalidades, instituciones autónomas, etc. no se soquen la faja y ajusten su nivel de gasto hacia abajo. Si una institución no quiere cooperar, el Poder Ejecutivo o el Legislativo según corresponda debería destituir al jerarca o a toda la Junta Directiva y nombrar gente y personas  que sí estén alineadas con el Proyecto País y dejar de titubear.

El gobierno requiere firmeza y fuerza a la hora de ejecutar. No puede permitir que un grupo de amedrentadores vayan y bloqueen la ruta 32 o la 27, o la General Cañas, sin consecuencias. No se debe dialogar con secuestradores de la población y el gobierno debe estar claro  quienes son los héroes y quienes los villanos y actuar consecuentemente.

Debe evitarse caer en la expectativa de que es responsabilidad del gobierno “reactivar la economía”. Esa es otra historia pública que únicamente terminará victimizando al país y creando una sensación de que el Poder Ejecutivo falló nuevamente.

El gobierno no tiene varitas mágicas para reactivar la economía, puede gastar más, puede hacer subsidios fiscales, puede desregular. Las primeras dos opciones no son viables cuando el sector público es altamente deficitario y está enormemente endeudado. Y la tercera, no es de implementación inmediata.

Lo que sí puede hacer el gobierno es identificar a los héroes nacionales, ejercer liderazgo al movilizar al sector público institucional y al resto del país detrás de estos sectores, facilitar que el país venza a los villanos que los obstaculizan, crear espacios de mayor comunicación y trabajo conjunto entre el sector público y privado y enfocarse en ejecutar con rapidez las buenas ideas que salgan del proceso, y debe ser firme y contundente de no permitir que los villanos descarrilen el tren.

Finalmente, el Poder Ejecutivo debe retomar el diálogo nacional y reconocer que su rol más importante es hacer creer al país en que podemos construir un futuro mejor, que necesitamos esforzarnos para llegar a nuestro destino, que Costa Rica sí puede, que es un orgullo ser tico, que le vamos a demostrar al mundo todo lo bueno que tenemos, que el viaje que estamos emprendiendo es una aventura con altos retos y con nuestro futuro en juego, pero que no tenemos opción que seguir adelante e ir haciendo nuestro camino al andar, sin perder el sentido del propósito de adonde que queremos llegar. 

 

 

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