La isla de San Lucas: la historia escrita en las paredes de sus celdas.

Un viaje de gran belleza natural, de bosques secundarios y de historias escalofriantes.

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Ana Álvarez Rojas, Psicóloga.

Hace ya muchos años que deseaba visitar la isla. Caminar Costa Rica es lo mío desde que cumplí 50 años y me regalé subir al Chirripó, nuestra montaña más alta. Ese fue el límite entre seguir reposando tranquila en mi casa o ponerme las botas y recorrer todos los lugares que, yo pensaba, estaban esperándome. Así que convencí a mi hijo Rodrigo y a mi hermano Manrique, para que se aventuraran hacia la isla prisión, la isla montañas, la isla paisajes hermosísimos, la isla de historias inhumanas de dolor y olor a muerte.  No podían faltar Rebeca, Brenda, Angie y María José. Éramos 7 los que emprendimos, ese domingo 4 de setiembre, el tan esperado viaje.

La isla de San Lucas vista desde el Puerto de Puntarenas

Mucho se ha escrito sobre la Isla de San Lucas. Que tiene casi 500 hectáreas de terreno y que, desde su clausura, está siendo reforestada. Que está habitada por monos congos, ardillas, murciélagos, venados e iguanas, así como por una gran variedad de insectos.  Que está a 7 km del puerto de Puntarenas, y que fue la prisión más temida de Costa Rica desde su creación en 1873. Bueno, al puro principio fue más bien un lugar donde se desterraba a los políticos no queridos por el dictador Tomás Guardia. Más adelante, si fueron trasladados al penal personas que, por su “peligrosidad”, había que tenerlos con todo un mar de por medio.  La población oscilaba entre los 14 y los 35 años aproximadamente y, en el año de 1900, había 215 prisioneros y 30 empleados, además de los animales que ellos, los reclusos, cuidaban como parte de su trabajo en la isla: 150 cabezas de ganado y 10 caballos. Su vegetación original había sido sustituida por pastos, así que la isla era como un gran potrero para el ganado. Aclaro que no era para su abastecimiento, era ganado de exportación, cuyas ganancias pasaban al estado. En el 2001, la isla fue declarada como Refugio de Vida Silvestre y el 26 de setiembre del 2002, Patrimonio Histórico Arquitectónico de Costa Rica.

El presido fue cerrado en 1991 pero los aires de cambio ya venían soplando desde los años 80 o antes, dada la cantidad de vejaciones a las que vivían sometidos los reclusos en este penal, hacinados en 7 celdas donde podían vivir hasta 70 de ellos en cada una de ellas, sin camas para dormir, con una hora de sol por día, mal comidos y atormentados por los malos tratos de los guardianes y de sus propios compañeros de celda.

La desobediencia y los intentos de fuga eran castigados severamente. Para ello contaban con las “celdas de castigo”, conocidas como “el foso” y “la plancha”. El primero era un tanque para la recolección de agua que no funcionó bien por lo que   tuvieron la brillante idea de convertirlo en una celda, donde la temperatura, durante el día, podía alcanzar los 60 grados centígrados. La desesperación de estos hombres era tanta, que los hacía gritar y pedir que los sacaran de allí. La imaginación del hombre no tiene límites y lo convirtió en uno de los lugares más temidos del penal.

Patio. Pequeña entrada del foso.  El interior del foso, tortura inimaginable, de un calor insoportable

La “Plancha” era un espacio compuesto por tres celdas, oscuras y húmedas, donde los reclusos pasaban los días y las noches entre olores nauseabundo en compañía de las alimañas que ingresaban a toda hora.  Estos dos lugares eran realmente enloquecedores y algunos de estos hombres murieron aquí.

El pasillo y las 3 celdas de castigo de La Plancha. En el espacio central se acumulaban el agua y los excrementos de los reclusos.

Todos estos datos y algunos más pueden ser encontrados en la Internet. Basta tomar un par de horas de nuestro tiempo para encontrarlos.

La isla es muy hermosa, pero su historia, su verdadera historia, está escrita en las paredes de las celdas. Fue ahí donde encontré la muestra más dramática del dolor humano, de la tristeza, del odio, del amor, de la soledad, del abandono, de las terribles torturas. Todo está plasmado en esas paredes, testigos silenciosos que gritan, atormentados, el sufrimiento de estos seres humanos llevados a la más baja condición. El hombre convertido en bestia; bestias los reclusos, bestias los custodios, bestias los que cerraban los ojos ante tales injusticias.

¿Quién hubiera imaginado que “Chara”, (¡qué lindo nombre! ¿verdad?) como se la conocía en tiempos de la colonia, iba a ser parte de uno de los capítulos más vergonzoso y triste de nuestra patria?

El objetivo de mi viaje era la fotografía, de manera que no les voy a contar más de su historia, se la voy a mostrar. Lo que vi, lo que me dijeron los muros, lo que captó mi lente fotográfico. (A veces siento que no soy yo la que dirige la cámara, que es ella la que me guía. Después, cuando veo por primera vez las fotos, descubro cosas que no sabía que había captado y esto siempre me sorprende. Bueno, no tienen que entender esto, es algo que a veces ni yo misma lo entiendo.)

Ahora no sé si decir “¡aquí se las dejo, disfrútenlas!”. Me parece, por su contenido, muy inadecuado, así que solo diré:

-Aquí se las dejo; son muchas; escogeré las menos que pueda.

Los temas religiosos y satánicos están presentes en todas las celdas. En una de las celdas, el contenido sexual en las paredes es fuerte, violento, explícito. Algunos de los rostros femeninos son visiblemente masculinos

Los grilletes fueron utilizados en algún momento de la historia de la Isla de San Lucas.

La mujer del bikini rojo, un relato horrible, lleno de violencia, de sadismo, de injusticia.

Esta celda, la de arriba del edificio, fue el escenario de una matanza sin nombre. El aposento de abajo, donde se guardaba el maíz, fue incendiado para castigar a uno de los reos, en el piso de arriba, sin importar el hecho de que todos murieran sofocados por el calor de las llamas del piso inferior.

Fui y conocí, tomé las fotos y me quedé con un sentimiento de impotencia, de dolor. No sé, tal vez hubiera preferido no dar testimonio de este lugar. Tengo sentimientos encontrados pero estos baches de la historia deben ser recordados para no repetirlos nunca más. Existieron, no son un cuento macabro inventado por alguien. Lo siento, lo siento mucho.

 

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