La justificada defensa de Israel y la realidad que el mundo se niega a ver

Amir Rockman, Cónsul de Israel

En un reciente artículo de Bernal Herrera, titulado:  Palestina – Historia y horror, publicado en este medio, coincidimos en que para analizar este conflicto, que ocupa los espacios y páginas de los medios de comunicación mundial en estos días, hay que remontarse y analizar siglos de historia, en donde uno y otro pueblo han sufrido. Sin embargo, hay una serie de puntos que considero importante aclarar.

Herrera aborda la carnicería perpetrada por Hamas en Israel el 7 de octubre, para luego aseverar que “es aún más injustificable la respuesta de Israel en Gaza”. Sin embargo, es crucial reconocer que Israel ha reclamado su derecho a defenderse, no a buscar venganza. Es el derecho a luchar por la liberación de civiles, de aquellos jóvenes que ese día disfrutaban de un concierto, así como de  niños, niñas, adolescentes y adultos mayores, que sobrevivieron al terror que el grupo Hamás sembró en las aldeas del sur de Israel, donde quemaron casas con las personas adentro y grabaron asesinatos y vejaciones inimaginables.

Es también el derecho a erradicar el peligro que significa una organización terrorista como Hamás, cuya Carta Fundacional de agosto 1988 establece como objetivo la desaparición total del Estado de Israel y de los judíos en cualquier parte del mundo. Los ataques son contra esta organización terrorista que utiliza a su propio pueblo como escudos humanos y es el responsable de las lamentables pérdidas de vidas de civiles gazatíes no involucrados.

Herrera también señala que Israel ha sometido a Palestina a “actos del mismo grado de barbarie que el de Hamás”, lo cual es falso. Israel nunca se ha recurrido a actos abominables como los del 7 de octubre y nunca lo hará. Por el contrario, a lo largo del tiempo, ha demostrado apegarse a las leyes de guerra ante ataques constantes y, durante este conflicto, se esfuerza por minimizar las pérdidas civiles, brindando advertencias previas a las operaciones militares procurando una evacuación de la zona.

Mientras tanto, Hamás, lejos de representar los intereses del pueblo palestino, ha empeorado drásticamente las condiciones de vida de este. ¿Quién utiliza a civiles como escudos humanos, ocultando sus instalaciones en edificios civiles como escuelas y hospitales? ¿Quién ha negado derechos fundamentales como agua, electricidad, y libertades básicas al pueblo palestino? No ha sido Israel, sino Hamás, que ha ostentado el control en Gaza desde 2007.

Israel ha reconocido la necesidad de hacer concesiones para alcanzar la paz, demostrándolo a lo largo del tiempo en numerosas ocasiones. Un ejemplo claro es la retirada de los asentamientos israelíes y bases militares de la Franja de Gaza desde el 12 de septiembre de 2005, un paso significativo que implicó el desarraigo de 9.000 ciudadanos israelíes de sus hogares. Según el derecho internacional, Israel tenía derechos legales sobre esta tierra luego de conquistarla a Egipto durante una guerra defensiva contra varios países árabes en 1967.

A pesar de la retirada de Gaza, Israel no obtuvo paz, en cambio ha enfrentado miles de ataques con cohetes y morteros en los últimos 15 años.

Israel ha estado dispuesto ha comprometerse con una solución de paz, que reconozca la existencia de dos estados, pero esto requiere de negociación y cese de la violencia. Quizás esto sea posible cuando, como dijo Golda Meir. “La paz llegará cuando los árabes amen a sus hijos más de lo que nos odien a nosotros”.

Los hechos supracitados jamás serán aceptados por los que de ante mano tienen una postura que se resiste a reconocer los acontecimientos históricos. Negar que en el territorio que hoy ocupa el Estado de Israel ha tenido presencia del pueblo judío desde hace más de 3000 años, y que nuestra historia está llena de expulsiones, éxodos y deportaciones de nuestro propio hogar y de muchos sitios a los que llegamos, incluidos los países árabes, no solo de Europa, es cercenar la realidad.

Es imperante hacer un ejercicio con sinceridad y rigurosidad  histórica para llegar a tener la capacidad de reconocer que Israel tiene derecho a tener un Estado en su tierra ancestral, que los ciudadanos llegados de diversos países árabes -denominados hoy palestinos- tienen derecho a  crear su propio Estado, y que no lo han logrado porque ha sido mayor su deseo por destruir a Israel, que tener la determinación de constituirlo.

 

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