La magnitud del fraude tributario es inconmensurable

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Albino Vargas Barrantes, Sindicalista.

Inconmensurable: “La primera acepción de inconmensurable presentada por el diccionario de la Real Academia Española (RAE), hace referencia a aquello que no es conmensurable. Lo conmensurable, a su vez, es algo que puede valuarse o medirse”.

¡Así es! Es tan grande, pero tan grande, tan demasiado grande es la cifra anual de robo de impuestos

en nuestro país, que debemos calificarle como inconmensurable.

Lo que acaba de salir a la opinión pública en el caso de la transnacional telefónica Movistar, ni siquiera podemos calificarlo como la punta del iceberg en materia de fraude fiscal-tributario en nuestro país. ¡Qué va! Es una partícula microcósmica en ese infinito universo del robo de impuestos que se da a diario en el país.

Esta circunstancia debe causar profunda indignación. Nosotros tenemos muchísimo tiempo en hablar de ello, especialmente cuando durante tanto tiempo se ha venido culpando a los salarios de la clase trabajadora del empleo público como la responsable del déficit fiscal.

¡Qué calumnia más repugnantemente ha sido levantada al respecto, en contra de miles de personas asalariadas estatales, por parte de infames medios de prensa, coludidos con sectores político-partidistas interesados en el más repudiable afán codicioso de concentración de riqueza!

Siempre hemos hablado de que este caótico estado de cosas, perversa y malsanamente así gestado, creado, legislado, tolerado, promovido y escondido por la tradicional clase hegemónicamente dominante; debe ser variado radicalmente mediando una Trasformación Tributaria Estructural (así, en mayúsculas).

Pero, ¡qué va! El caso Movistar nos lleva a formular que lo que necesitamos es una REVOLUCIÓN TRIBUTARIA (así, con todas las letras en mayúsculas).

Hablemos de cifras. Disculpas por ello. Si usted lee esto y está altamente endeudado, ¡indígnese! Si tiene su salario congelado ya, ¡indígnese! Si está en la actividad micro-pequeña y mediana empresarial y le cuesta llegar a fin de mes o sufre la angustia de los pagos de fin de año, ¡también indígnese! Si está sin trabajo o en el subempleo, laborando en la informalidad, ¡sobran motivos para indignarse!

Tenemos plena seguridad de que todas las personas comprendidas en estos grupos sociales, son puntuales pagadoras de impuestos: el de ventas (ya próximo a ser IVA y más duro todavía), al momento mismo de la compra en la caja registradora; el de renta al salario, cuando corresponde, inmediatamente deducido del pago quincenal o mensual.

¿Y las cifras del robo de impuestos? ¡Léalas por favor! 8.5 puntos del Producto Interno Bruto

(PIB), es la cifra que nosotros utilizamos para calcular la magnitud (que es inconmensurable) del robo de impuestos al año. Vamos a dejarla en 8 puntos PIB para redondear y facilitar la comprensión de los datos siguientes.

Como cada punto de PIB, según el tamaño de la economía costarricense, equivale a unos 350 mil millones de colones (350.000.000.000); el robo de impuestos al año sería de unos 2 billones 800 mil millones de colones (2.800.000.000.000). Espeluznantemente así:

Cada segundo, el robo de impuestos es de 90 millones de colones. Cada minuto, son 5 mil 400 millones de colones. Cada hora, los ladrones de impuestos se roban 324 mil millones de colones. Al día (cada 24 horas), hablamos de unos 7 mil 776 millones de colones. Por mes, unos 233 mil 280 millones; para ese total anual de 2 billones 800 mil millones de colones en robo de impuestos, ¡por año!

Si a Movistar le están acusando de, presuntamente, haber evadido unos 3 mil millones de colones y solamente en el 2017, entonces habría estado defraudando al fisco, unos 250 millones de colones por mes; o, lo que es igual a unos 8 millones 333 mil 333 colones por día (8.333.333 colones cada 24 horas). ¡Y Movistar es un solo caso!

¡Cómo no indignarse! Repetimos: casi 8 mil millones de colones por día se dejan los ladrones de impuestos en Costa Rica, vía todas sus manifestaciones, legales o ilegales.

Al conocer la lista de los “grandes contribuyentes” que declaran pérdidas y/o cero ganancias; al conocer la lista de las GETES: grandes empresas territoriales- grandes contribuyentes; la que debe salir próximamente de las 96 mega-corporaciones que le adeudarían 1.6 puntos PIB a la ciudadanía; al conocer las cifras de evasión-elusión aduaneras; al conocer que solamente un 2% de las empresas recaudadoras del próximo Impuesto al Valor

Agregado (IVA) serán fiscalizadas; repetimos, ¿cómo no podría uno dejar de indignarse?

No debería haber compatriotas con hambre. No debería haber salarios mínimos misérrimos. No debería haber personas en condición de calle. No debería haber desempleo juvenil. El déficit fiscal debería ser mucho menor de la cifra a partir de la cual nos aterrorizan. No deberíamos tener ese no menos inconmensurable nivel de endeudamiento público, etc., etc. Deberíamos tener mayor actividad económica dinamizando la producción mediando más circulación de dinero. No hay duda alguna: Costa Rica ocupa una REVOLUCIÓN TRIBUTARIA.

 

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