La mujer en la conquista de América

Las mujeres en la conquista fueron tratadas en términos de ganado, reseñadas de hecho, entre las propiedades de los hombres. Si sus virtudes son ponderadas, esto es en la medida en que las mujeres proporcionan beneficios, soluciones, curan salvan, colaboran y sustituyen al hombre con plena eficacia.

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Macarena Barahona Riera.

Las líneas que traza la historia para acercarse a comprender y valorar la gran epopeya de la Conquista de América son a veces claras y a veces difusas. El tema de “la mujer” ocupa por hoy nuestros pensamientos y reflexión. De diversas lecturas hilvano hoy, a propósito de la celebración del “Día de la Raza”, datos y comentarios sobre este recién iniciado “tema” de búsqueda y análisis.

Las mujeres en la Conquista fueron convertidas en una “mercancía” preciosa para los conquistadores.

Los cronistas ante la mujer española, la mencionan ya sea para destacar una figura principal, casi siempre por linaje o por ser partícipes de un hecho harto curioso u original. Lo que no sucederá con las mujeres de la tierra, con las propias indias. Carne de placer, de reproducción y de trabajo, como las españolas, pero en una posición muy inferior, la de pueblo conquistado.

Con ser las mujeres una mercancía son a menudo mencionadas después de la larga lista de objetos y herramientas con que se equipan unos bergantines o a continuación del número de bestias de que disponían antes de iniciar una expedición.

Hasta 1502 no hay certeza de la llegada de españolas a Indias, las cuales fueron con el Comendador Ovando. Se entiende que formaban parte de “familias principales” y, suponemos que el valor de estas mujeres que cruzaron el Atlántico con un solo 50% de probabilidades de llegar, y si llegando, expuestas a rudezas y esfuerzos sin cuento, es de suponer que las que antes eran miembros de “familias principales” lo harían las más humildes, necesitadas, perseguidas y aventureras. Pero sobre ellas pesa el silencio.

Las mujeres en la conquista fueron tratadas en términos de ganado, reseñadas de hecho, entre las propiedades de los hombres. Si sus virtudes son ponderadas, esto es en la medida en que las mujeres proporcionan beneficios, soluciones, curan salvan, colaboran y sustituyen al hombre con plena eficacia.

Y como bien señala Victoria Sau en un artículo sobre “La mujer en América” (Rev. “EL Viejo Topo”, No. 37, p. 22): “… y siempre dentro de un plano individual, porque genéricamente hablando las mujeres en América son robadas, secuestradas, trasegadas, apareadas, casadas, descasadas, intercambiadas, fecundadas, violadas, distribuidas, adjudicadas, repartidas, torturadas, y explotadas como es obvio, sin su consentimiento. Tendríamos que visitar muchísimos pueblos primitivos para poder reunir la gran cantidad de formas de extorsión que hallamos de una sola vez x todas en las Indias, y ciñéndonos solo a la primera mitad del siglo XVI.

Y ahora las mujeres de la tierra, las Indias, además de concubinas y sirvientas hicieron un gran papel como vehículo de comunicación y entendimiento.

Se llamaban “ladinas” por corrupción de “latinas” las que aprendían el castellano y podían hacer de intérpretes.

Giménez Caballero cita pocas; Hojeda tuvo de intérprete, guía y esposa a “Isabel”, Alvarado “una india moza”, Hernán Cortez antes de haber escogido a la Malinche por su belleza, por ser “buena lengua”.

En Cartagena de Indias la india Isabel Corral de quien el gobernador Pedro de Heredia informó así: “Si saben que la conquista y pacificación de esta tierra no se ha de hacer sin la dicha Isabel Corral, a causa de ser lengua Hurava y no haber otra…”

Y anónimas la mayoría como aquella que el propio cronista Fernández de Oviedo dice que mandó azotar y sacar los dientes “porque acusó a su marido falsamente”. O como Elvira, hija de Aguirre, asesinada en algún recodo del Amazonas, de la que solo sabemos el nombre y que era mestiza. Y la mujer de

Henríquez, “que metieron los indios tierra dentro y que jamás apareció”. Y las que cita Cieza de León cuando dice: “…y tomaron dos o tres mujeres vivas y les hicieron mucho mal”. Y las que menciona Jaime Rasquí al escribir al Rey “…que tengo por cierto que hay más de mil doncellas para casar”.

Y los pocos nombres de mujeres indias que nos quedan en nuestra historia local: Dulcehé, utilizada por Juan Vázquez de Coronado para vencer a su hermano Corrohoré.

Y Biriteca, mujer del cacique Garabito, secuestrada también por el Capitán Pereyra con el fin de vencer al insurrecto Garabito.

¿Qué sabemos de ellas y de tantas otras? españolas e indias, ¿en qué recodo de la historia permanecen ocultas?

 

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