¡La Música y la Juventud nos Salvarán!

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Alvaro Salas ChavesMédico.

Cuando hay un gran desasosiego nacional, cuando la angustia y ansiedad nos invade; cuando pareciera que el futuro social y económico del país depende de un proyecto de impuestos que contingentes de trabajadores lo adversan y el resto del país no lo acepta, pero se resigna; cuando pareciera que no tenemos otra alternativa; cuando la Corte Suprema de Justicia un día lo apoya y otro ya no, porque dicen que les arrebata la autonomía y la independencia (y uno se pregunta de cuál autonomía e independencia estarán hablando, cuando es la Patria la que está en juego); cuando las huelgas en el sector educativo y el sector salud dejan un inmenso dolor y pérdidas gigantescas, económicas y humanas; cuando la declaratoria de legal o ilegal resulta irrelevante para unos y otros; cuando la señora ministra de Hacienda nos dice que de no aprobarse habrá más dolor y más tragedia; cuando parece que está todo perdido; cuando en medio de la confusión de los dimes y diretes entre los diputados y diputadas por el cálculo político de unos y otras, cuando en medio de toda esa trifulca, de pronto, de súbito, aparecen los gloriosos muchachos de la banda de Tarrazú, en la icónica quinta avenida de Nueva York, interpretando el Punto Guanacasteco y otras bellas melodías del repertorio folclórico patrio, uno respira hondo y dice: ¡la música y la juventud nos salvará¡.

Como si nada pasara, como si el dólar se fuera a quedar para siempre en seiscientos colones, con el impresionante fondo de la Catedral de San Patricio, desfilan bailando nuestra hermosa juventud, los representantes de los Santos, adornados con sus sombreros de ala ancha y penachos para los de la multitudinaria banda, que orgullosa muestra sus relucientes instrumentos musicales, como los mejores, como los grandes. ¡Qué a tiempo, qué oportunos¡ ¡Parecía que estaba todo perdido, parecía que no habría salvación! ¡Ya no, estamos salvados! ¡Ustedes son el espíritu libre, ustedes son el alma nacional!

¡Qué vivan siempre nuestros amados jóvenes, nuestra amada juventud!, que un día sí y otro también, nos llenan de sano orgullo e inmenso optimismo en el futuro de este pequeño país que en el decir de Darío: “uno grande lo sueña”.

Y nos sacan las lágrimas con sus películas queridas, los libros de fotografías, en los festivales musicales, en los encuentros de coreógrafos, en las exposiciones de la plástica y la escultura, en esos espacios donde logran conectar las generaciones más antiguas con las más jóvenes; en los eventos deportivos a nivel nacional e internacional; en las competencias de química, física, matemática y tecnología, donde siempre nos regalan con reconocimientos y primeros lugares.

¡Este es su tiempo!, el suyo, el de ustedes, que nada ni nadie los limite, ni siquiera nuestras periódicas congojas. Gracias por hacernos tan felices, gracias por recordarnos que hay esperanza, que nada está perdido. Y volvamos a decir, fuerte, que se escuche: ¡la música y la juventud nos salvará!

El autor es médico de profesión, fue Presidente Ejecutivo de la CCSS, de la cual es actualmente miembro de su Junta Directiva.  alvarosalas158@gmail.com

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