La opción pacífica para los pueblos, ¿funciona?

Las y los latinoamericanos no nos podemos permitir, nadie puede permitirse, llegar a la conclusión que solo a través de la vía armada, violenta, se puede llegar a la paz.

0

La Revista.

En América Latina se cuentan con dos o tres casos, dependiendo de las consideraciones que se tomen, donde el poder se encuentra secuestrado por un grupo aferrado en el poder mismo. Los casos son Venezuela, Nicaragua y Cuba. La crisis económica se viene a agudizar junto a la ya vivida crisis de derechos y la letanía desde afuera, es la apuesta por las soluciones pacíficas de estos conflictos.

Hacemos aquí una pausa. Al lector o lectora, aclarándole que, nunca hemos apostado ni favorecemos la vía violenta para la solución de conflictos. Reconocemos lo costosisima que pueden resultar ser y no consideramos con frivolidad la experiencia de vivir un conflicto armado.

Desde la perspectiva internacional venimos observando como Venezuela y Nicaragua se vienen adentrando en regímenes que ni intentan ya disimular los atropellos a los Derechos Humanos, económico y políticos, y más bien, en un alarde de impunidad, vemos a las dictaduras en estos dos países hacer y deshacer sin que siquiera los llamamientos de la comunidad internacional o las oficinas del sistema interamericano de justicia los haga titubear en sus acciones premeditadas.

La región ha dado pasos gigantes para salir o al menos disminuir los infames niveles de violencia que experimentó en el siglo pasado. Sin ir tan largo, en Centroamérica podemos dar cuenta de ello con nuestra propia historia. No nos hace falta retroceder tanto en el tiempo para recordar las dictaduras militares que encontraron tierra fértil para desarrollarse y arraigarse por tantos años en Guatemala, El Salvador, Hondura o Nicaragua.

Sin embargo, pese a que el autoritarismo pudiera camuflarse nuestras sociedades y gobiernos de demócratas, lo cierto es que, tal y como demuestran las encuestas de opinión, los centroamericanos seguimos apostado por “hombres fuertes”; discursos mesiánicos; al ser consultados, nuestra principal preocupación es económica; aunque las razones de que esto así sea sean son política; y los casos de justicia por mano propia son muchas veces aplaudidos.

Partiendo de esta situación, ahora sumemos el poco compromiso regional por el cumplimiento y el hacer cumplir los tratados y acuerdos internacionales en relación a los Derechos Humanos. Vimos en Honduras hace pocos años, como se concretó un golpe de Estado que apenas levantó polvo en la región. Observamos en Venezuela como Chávez, con su actitud dictatorial, expropiaba a adversarios bajo el nombre de «la revolución» y comenzaba a vulnerar la independencia de su país con la panacea del petróleo, con el que contaron para pagar por todo cuanto prometieran, desearan y se les ocurriera. Hoy vemos a un Maduro con un gobierno pobre, vinculado con el narcotráfico, que ya no logra ni intenta disimular que tiene presos políticos, que tortura y mata a opositores.

En el caso de Nicaragua, tenemos a un gobierno-partido que controla todo el aparato estatal en favor de los intereses de una pareja, que ha llegado a ordenar disparar a jóvenes atrincherados en una universidad y parroquia, mientras personal de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, observan a escasos metros sin poder hacer nada. A los sacerdotes les es cortado el paso para evitar que intervengan, mientras el secretario de la OEA en sesión con representantes del bloque hemisférico, señala que este hecho se están dando simultáneamente mientras lo denuncia…

Estamos ante la impunidad total, la completa indefensión. Y de Cuba… de Cuba sobra hablar, pues es de sobra conocida la situación desde mediados del siglo pasado en la isla que hoy tiembla por una canción.

No se trata de hacer una larga y detallada disertación, pues no es el propósito, sobre por qué se nos hace difícil a los latinoamericanos, a los venezolanos, nicaragüenses o cubanos mantener la apuesta por la vía pacífica, esa de la que tanto hablan organismos reputados, con personal encomiable, como la Comisión y Corte Interamericana de Derechos Humanos, o las misiones diplomáticas de Canadá, Estados Unidos, Chile o Costa Rica en sus comunicados. Casi lo que nos queda es aceptar nuestra realidad como un símil de la Biblia: Dicho los latinoamericanos (cubanos, venezolanos, nicaragüenses, hondureños…), porque de nuestro será el reino de los cielos.

Los gobiernos totalitarios, dictaduras de derechas o izquierdas, como quieran que les llamen, avanzan contra el pueblo latinoamericano donde quiera que sea, con mucha impunidad, desgastando la idea de que la solución está en la vía pacífica, tentando a muchos que encuentran fácilmente justificaciones para resolver sus problemas con violencia, incluso los problemas del país, pues “un sistema de violencia con violencia se derriba”, como decía la canción del grupo nicaragüense Pancasán, tan sonado en la vecina Nicaragua de los años setenta y ochenta.

Esta es una situación seria. Casi que dibuja un círculo vicioso para la Región, que constantemente nos estamos encontrando en conflictos violentos, intentando dirimir problemas internos, que deberían tener lugar y forma en los debates de nuestros parlamentos, en nuestros partidos políticos, en los espacios de participación ciudadana, bajo el respeto del Estado de Derecho y de los derechos individuales y colectivos, sin menoscabos a través de artificios legislativos.

En Latinoamérica no podemos permitir, nadie puede permitirse, llegar a la conclusión que solo a través de la vía armada, violenta, se puede llegar a la paz. Es ahí cuando como sociedad perdemos, retrocedemos, nos denigramos y deshumanizamos. Tampoco podemos ser pacifistas pasivos, esperando que, como por alquimia, los regímenes autoritarios dejen de serlo solo por comunicados.

En la medida en que las acciones no sean contundentes, el sistema interamericano de justicia no tenga mecanismos de coacción y no sea independiente de la voluntad de actuación de los políticos de turno en los ejecutivos nacionales no estaremos realmente como región, como América, apostando por los Derechos Humanos y las vías pacíficas de resolución de conflictos, aunque hayamos llegado al Siglo XXI.

Los polizontes de la democracia, viajarán gratis a través de ella para hacerse del poder e imponer regímenes confeccionados a medida, apenas preocupándose por comunicados mientras logran acumular poder hasta llegar a un punto en donde se vuelven intocables o se necesita negociar con ellos. Esto, porque por su dimensión, no hay otra salida ni nadie que les haga frente más que la voluntad de llegar a una negociación, a un diálogo que ponga fin a sus regímenes de terror, aunque la solución implique la cohabitación con estos males contenidos, con la esperanza que el accionar democrático de una de las partes logre inocular a la otra.

¿Pueden hacer algo más los gobiernos de la región, Europa, Naciones Unidas para resolver los conflictos que acucian a Venezuela, Cuba, Hondura, Guatemala, México o Nicaragua? Hasta ahora, ¿realmente ha sido ética la supuesta apuesta pacífica de los gobiernos que cada pocos días emiten comunicados de exhortación? Venezuela pasa hambre, vive un maremoto de violencia, una desastrosa hiperinflación y sangría de millones de ciudadanos que vagan a pie por el continente, pero hasta el momento que tan cerca están de la solución. ¿Ha sido ética la apuesta de los comunicados? ¿Se ha confundido la idea de no intervención en asuntos internos con la complicidad por omisión ante las violaciones de derechos?

Si los sistemas nacionales e internacionales de justicias nos fallas, si los gobiernos asumen actitudes cómplices con sus aliados, ¿de verdad es ético y moral pedirle a los que están al otro lado del cañón que siga apostando por las vías pacíficas? Siendo realistas, para que esta opción sea ética y real para todos, requiere el compromiso de toda la ciudadanía.

Sea donde sea y en las circunstancias que se de, la omisión es simplemente complicidad con los hechores, y con los que creen promueven o encuentran como única salida a los conflictos a la violencia.


COVID-19
Suscribase COVID-19

También podría gustarte Más del autor

Comentarios

Cargando...

La Revista es un medio de opinión libre y gratuito, pero necesitamos su apoyo, para poder continuar siéndolo

Apóyanos aquí

Holler Box