La paz sigue estando siempre un poco más allá

Hoy no le hablo a los fabricantes de armamento, sino a los líderes de la humanidad, a quienes tienen la responsabilidad de poner los principios por sobre las utilidades

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Oscar Arias Sánchez, Politólogo (Dr.).

Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas
Nueva York, Estados Unidos de América 24 de septiembre de 2009.

“Este órgano fue fundado sobre la promesa de que habríamos de dormir tranquilos después de la más abominable de las guerras. Esa promesa no se ha cumplido todavía. Mientras nosotros dormimos, la muerte está despierta. Vela en las bodegas en que se almacenan más de 23 mil ojivas nucleares, como 23 mil ojos abiertos a la espera de un descuido”

Agradezco la oportunidad de dirigirles unas palabras en lo que constituye el lugar más emblemático del orden internacional en la era nuclear. El Consejo de Seguridad es el producto de una mezcla de estupor y de esperanza, la cosecha de un temor atroz que dio paso a la fe en un destino de paz para la estirpe humana. Este órgano fue fundado sobre la promesa de que habríamos de dormir tranquilos después de la más abominable de las guerras. La promesa, contenida en el artículo 26 de la Carta de las Naciones Unidas, de que el Consejo de Seguridad promovería “el establecimiento y mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales, con la menor desviación posible de los recursos humanos y económicos del mundo hacia los armamentos”.

Esa promesa no se ha cumplido todavía. Mientras nosotros dormimos, la muerte está despierta. Vela en las bodegas en que se almacenan más de 23 mil ojivas nucleares, como 23 mil ojos abiertos a la espera de un descuido. La incitan y la espolean quienes perfeccionan las armas de destrucción masiva, en lugar de destruirlas, y cada año destinan decenas de miles de millones de dólares a la proliferación vertical. La cortejan fundamentalistas y megalómanos, radicales y populistas, que sostienen su poder sobre la pólvora.

Agradezco al Presidente Barack Obama la oportunidad de discutir sobre la reducción del armamento nuclear en el mundo. Un grupo numeroso de Premios Nobel de la Paz hemos ido más allá, y durante años hemos venido abogando por la total abolición de las armas nucleares, porque creemos que van en contra del instinto de supervivencia de cualquier especie. Sin embargo, no parece plausible discutir de desarme en el tanto no se honren, siquiera, los acuerdos existentes. En el tanto existan países que se resistan a ratificar el Tratado de No Proliferación Nuclear y el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (NPT y CTBT, por sus siglas en inglés). En el tanto algunos escondan los datos, almacenen material fisible y rechacen los mecanismos de verificación internacional, escudados tras el amparo de su soberanía. En el tanto se continúen realizando ensayos nucleares. En el tanto este Consejo de Seguridad continúe guardando silencio en torno a secretos a voces, como fue el caso de la red clandestina de proliferación de suministros nucleares, liderada impunemente por Abdul Qadeer Khan desde Paquistán, en abierta burla a la lógica que sustenta la Resolución 1540.

Ni parece plausible hablar de un mundo más seguro, en el tanto la proliferación de otro tipo de armas aguarde perennemente en el segundo lugar de nuestra agenda internacional. Este Consejo incumple su misión histórica cada día que se hace de la vista gorda frente a la rampante carrera armamentista. El mundo gasta $3.500 millones diarios en armas y soldados. Cada año, se venden más de $42 mil millones, en armas convencionales, a las naciones en vías de desarrollo, en donde democracias débiles o inexistentes son incapaces de satisfacer las necesidades más básicas de sus pueblos. Incluso en Latinoamérica, que nunca ha sido más pacífica ni más democrática, este año se destinarán casi $60 mil millones al gasto militar, en una región con una escolaridad promedio de 7 años y una pobreza que afecta a más de 200 millones de habitantes.

Es por eso que les pido que aprobemos el Tratado sobre la Transferencia de Armas que mi Gobierno ha presentado a esta organización. Porque si es legítimo que nos preocupemos por la posibilidad de que redes terroristas tengan acceso a un arma nuclear, es también legítimo que nos preocupemos por los rifles, las granadas y las metralletas que les dan su poder. ¿Quién dijo que matar a miles, de un golpe, es peor que matar a miles, todos los días?

Hace veinte años visité las Naciones Unidas durante mi primer mandato presidencial. En aquellos días hablábamos de un mundo sin cabezas nucleares, un mundo en donde controlaríamos por fin el armamento que alimentaba las guerras entre hermanos. Vuelvo hoy, como un Rip Van Winkle de la era moderna, a comprobar que todo ha cambiado, menos eso. La paz sigue estando siempre un poco más allá. Las armas nucleares y convencionales siguen existiendo a pesar de las promesas. De nosotros depende que en veinte años no nos despertemos a los mismos terrores que hoy sufrimos.

No ignoro que aquí están representados los mayores vendedores de armas en el mundo. Pero hoy no le hablo a los fabricantes de armamento, sino a los líderes de la humanidad, a quienes tienen la responsabilidad de poner los principios por sobre las utilidades, y hacer cierta la promesa de un futuro en donde, finalmente, podamos dormir tranquilos.

Óscar Arias Sánchez
Presidente de Costa Rica en los períodos de 1986-1990 y 2006-2010.
Premio Nobel de la Paz en 1987. Sitio web: www.oscararias.cr

 

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