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Si bien el climaterio es un proceso natural que da como resultado el cese del periodo menstrual y marca el fin de la etapa reproductiva, el significado que se le atribuye es cultural. Es común confundir este periodo –que abarca el antes, el durante y el después de la última menstruación– con la menopausia, cuando esta se refiere, tan sólo, a la última menstruación de una mujer.

Socialmente, la menopausia se suele entender como un marcador del tiempo que abre la puerta a la vejez. Como si de una mochila cargada de estereotipos y prejuicios se tratara, condiciona las expectativas y vivencias de quienes la experimentan. Dicho de otro modo, transitar el climaterio en pleno siglo XXI puede asemejarse a menstruar durante el siglo pasado: una experiencia vergonzosa y, a menudo, ocultada.

Falta de apoyo y comprensión

Estos son algunos datos reveladores sobre el climaterio:

  • Millones de mujeres están ocupando cargos de responsabilidad mientras experimentan algunos de sus síntomas.
  • Entre un 60 % y un 70 % lo transitan sin disponer de los conocimientos básicos respecto a su impacto físico y psicológico.
  • Un 30 % manifiesta no sentirse apoyada por su entorno familiar.
  • Un 59 % considera que perjudica gravemente su salud física y mental, y que también produce efectos negativos en la esfera laboral.
  • Un 80 % siente que las políticas organizativas laborales y sus responsables no las respaldan. Esta sensación se intensifica cuando el superior es un hombre.

Teniendo en cuenta estos datos, así como el aumento en la esperanza de vida, seguramente nos encontramos ante la que será la etapa más larga en el ciclo vital de las mujeres. En España, por ejemplo, casi cuatro millones de personas están en la etapa climatérica, lo que supone un 7,9 % de la población total.

Entonces, ¿por qué se continúa invisibilizando?

La cruda realidad

El estudio El tabú de la menopausia, una discriminación invisibilizada, becado por la Fundación Irla (Beca de Estudios Feministas Natividad Yarza), revela que, lejos de presentarse como una experiencia única, el climaterio es una etapa plural y polimorfa, condicionada por una intersección de factores (personales, sociales y culturales).

La falta de información y las representaciones sociales heredadas pueden hacer que las mujeres no se acerquen a la menopausia como un libro en blanco, sino cargadas de expectativas e imaginarios.

Dentro de los entornos laborales, las dificultades asociadas al afrontamiento del climaterio –como reflejan los datos anteriormente citados– a menudo obligan a quienes lo atraviesan a realizar equilibrios para ocultar sus manifestaciones y mantener el rendimiento en espacios donde esta etapa es silenciada.

A esto se suma la falta de iniciativas proactivas por parte de las organizaciones. Más allá del desinterés, esta ausencia demuestra un profundo desconocimiento del climaterio en los entornos laborales, que se suma al repertorio de estigmas que planean sobre él.

Consecuentemente, la menopausia se pierde en la cultura del silencio organizativa, perpetuando su impacto en términos de compromiso, motivación o desempeño laboral. A la postre, se consolida como una nueva “cañería que pierde”, en términos de género.

Propuestas para romper discriminaciones

El tabú de la menopausia, una discriminación invisibilizada propone un marco de soporte integral para romper con el tabú, visibilizar y poner fin a la discriminación por menopausia. Revisemos, de forma sucinta, los principales puntos que plantea.

Propuestas sociales:

  • Visibilizar y crear conciencia social a fin de que se perciban, reconozcan y comprendan las necesidades de las personas que atraviesan esta etapa. Esto se puede lograr con acciones como normalizar la conversación de la menopausia, disponer de información o compartir experiencias.
  • Reconceptualizar el climaterio, así como las nociones de “ser mujer” y “ser menopáusica”, en la cultura occidental. En este caso, se consigue (de)construyendo imaginarios y visibilizando referentes de menopausia.
  • Hacer activismo social para erradicar tabúes, estigmas y discriminaciones.

Propuestas organizacionales:

  • Cambiar la cultura, creando conciencia y erradicando la ocultación y el silencio que planean en estas esferas. Se propone, entre otras iniciativas, brindar escucha activa, comprensión y asistencia psicológica.
  • Revisar las políticas laborales, incorporando acciones de flexibilización y adaptación. Para ello, se deberían valorar las cargas y tareas, así como permitir pausas o permisos laborales.
  • Sensibilizar respecto a esta etapa vital ofreciendo
    puntos de información y formación al conjunto de la organización.
  • Adaptar los espacios de trabajo para disponer de puestos más amables, cómodos e inclusivos respecto a esta experiencia vital. Se puede conseguir revisando la ventilación, incluyendo zonas de descanso u ofreciendo ropa adaptada y de recambio.

Propuestas gubernamentales:

  • Propuesta educativa, de visibilización y concienciación social que haga hincapié en la normalización del climaterio, y que eduque y aliente a la población a hablar con los profesionales de la salud y con grupos de iguales o de autoayuda. Esta propuesta incluye la puesta en marcha de campañas de concienciación o la inclusión de la menopausia en el currículum escolar.
  • Propuesta de regulación y flexibilización organizacional que recapitule acciones y medidas para preservar el derecho a la salud laboral de las mujeres. Incluiría adaptar leyes o decretos reguladores, dar ayudas a las organizaciones y hacer seguimiento de las medidas aplicadas.

En pocas palabras, la revolución de la menopausia que la sociedad reclama sólo podrá hacerse efectiva si gobiernos y organizaciones abren los ojos y asumen responsabilidades.

The Conversation

Clara Selva Olid recibe fondos de la Fundación Josep Irla, mediante la Beca de Estudios Feministas Natividad Yarza.

Publicado originalmente en The Conversation

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Por The Conversation

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