La Revolución Rusa y su impacto en Costa Rica – II Parte

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Intervención de Vladimir de la Cruz en la Mesa Redonda realizada por la Cátedra de Historia de las Instituciones de Costa Rica, de la Escuela de Historia, el martes 3 de octubre del 2017, en el Auditorio de la Escuela de Educación de la Universidad de Costa Rica Moderadora: Dra. Ana María Botey. Participantes: Francisco Javier Rojas y Vladimir de la Cruz.

II PARTE

Aparte de estas repercusiones, que por el carácter informativo sobre los sucesos en Rusia se iban dando, podemos destacar estas otras.

La primera repercusión política de la Revolución Rusa en nuestro país fue el intento del Dr. Aniceto Montero de impulsar un Partido Socialista. El Dr. Aniceto Montero funda el Centro Socialista en 1917, en la práctica como si fuera un partido político, sin que se constituyera como tal.

El Dr. Aniceto Montero desde 1917 venía destacándose como un hombre socialista y  luchador por el comunismo, divulgador del espíritu revolucionario ruso, y como el primer gran divulgador del marxismo leninismo en Costa Rica. Se había educado en Europa y había convivido de cerca con las luchas obreras europeas, siguiendo él no sólo los lineamientos de la II Internacional sino imbuido profundamente de sus planteamientos, de sus documentos y de las resoluciones de sus Congresos.

Desde finales de 1919 venía hablando y comentando la idea en sectores muy amplios, en su Centro Socialista, que había fundado, y en la Confederación General de Trabajadores, de la necesidad de fundar un Partido Socialista, estableciéndole propósitos o fines políticos concretos, donde proponía, a modo de los “soviets” o consejos revolucionarios que se dan en Rusia,  “que la soberanía resida en el pueblo, en sus centros populares y que sea él, el centro popular,  el único responsable de sus deliberaciones”.

«Esto y mucho más, decía el Dr. Aniceto Montero, se puede obtener si la inmensa muchedumbre de los oprimidos se agrupa bajo la bandera del socialismo y ahora los provechos serán mayores porque los enemigos de nuestra bandera los encontramos desorganizados. Hay que aprovechar la oportunidad de dar el golpe rápido y fuerte… Los banqueros y demás capitalistas sufrirán horribles pesadillas; la alta sociedad nos excomulgará; el gobierno encontrará en ello irreverencia y todos los que están disfrutando del robo organizado nos insultarán, pero no importa, la lucha es lucha y cuando se persigue un fin justo es hermosa” (10).

«El Partido Socialista se organiza, afirmaba, porque hemos llegado a un momento en que las ideas deben lanzarse a la lucha contra la rutina de una sociedad satisfecha. Hoy día el mundo de los harapientos, de los oprimidos, de los miserables se levanta contra el mundo de los ahítos. El pueblo en Europa asesta mazazos en la testuz de la vieja sociedad. La fiebre de la reforma invade el universo y es preciso que nosotros también resolvamos nuestros problemas sociales y los estudiemos… El movimiento es sano. A la reacción burguesa responde la rebelión proletaria, precursora de la revolución; a los despotismos de arriba, la heroicidad de abajo… a la propiedad privada, la expropiación… La Nación pide una reforma social… Una Costa Rica nueva va a surgir de las cenizas de un pasado bochornoso, gracias a la orientación que el socialismo va a imprimir a las fuerzas populares de La Nación. ¿Cómo y por qué ha surgido el socialismo?, porque después de lo que hemos visto en los últimos años, después que el Congreso, el poder judicial y los hombres públicos se han arrastrado a los pies del comprador yankee y luego al Tirano, los hombres sanos tenemos que organizarnos bajo los pliegues escarlatas de la bandera socialista… porque donde quiera que apliquemos el dedo en nuestra sociedad brota el pus… El socialismo como sistema de organización de la sociedad tiene por base de conducta, lo que se dijo una vez en el Primer Congreso Internacional de Ginebra, la Verdad, la Justicia y la Moral. Nuestra finalidad es suprimir toda explotación del hombre por el hombre, abolir la división de la sociedad en clases, aplastar a los explotadores…No puede haber democracia donde la igualdad política no se basa en la igualdad económica” (11).

El Centro Socialista del Dr. Aniceto Montero desempeña un papel muy importante en las luchas obreras que se desarrollan a partir de 1919. Su actividad duró en la práctica hasta 1924 pero el influjo de sus ideas perduró en el movimiento obrero costarricense posterior. Fue el primer gran dirigente marxista y comunista del movimiento obrero costarricense.

La segunda repercusión de la Revolución Rusa fue la de  suspender las relaciones diplomáticas que se habían establecido con la Rusia Zarista en el gobierno de Tomás Guardia. Incluso a principios de la década de el gobierno había nombrado un Cónsul.

La tercera repercusión de la Revolución Rusa fue cuando con motivo de las huelgas y luchas sociales y populares de 1920, en movilizaciones populares y obreras hacia el Congreso, el dirigente obrero Juan Rafael Pérez hizo una defensa del bolchevismo expresando que era preciso destruir la sociedad dominante actual para fundar una más nueva, más justa, más equitativa y más moral. Durante estas luchas populares y huelguísticas, que también condujeron al establecimiento de la jornada de ocho horas,  Dr. Aniceto Montero hizo énfasis en que la Revolución Rusa enseñaba al obrero costarricense a despertar: «los obreros tienen una arma más poderosa que los cañoneros, las fortalezas, el militarismo y esa arma es la huelga general”, agitaba.

La cuarta repercusión inmediata de la Revolución Rusa son los actos de solidaridad que se realizan con la consigna “Manos fuera de la Rusia soviética”, con motivo del intento imperialista de asfixiarla y de acabar con ella.

La quinta repercusión significativa que tuvo fue el movimiento que se articula, por parte del movimiento obrero costarricense, ante la muerte de Lenin.

Las noticias sobre la Revolución en Rusia seguían llegando, cada día más claras. No había ya ninguna duda para los obreros de que se estaba constituyendo una sociedad diferente y que el visionario constructor de ella era Vladimir Ilich Lenin.

La prensa internacional constantemente estaba especulando sobre él, especialmente sobre su muerte y sobre los atentados de que era objeto. El 24 de enero de 1924 una vez llegadas algunas noticias que transmitían los cables, el Periódico La Tribuna informa en sección editorial que: «Esta vez el cable parece no haberse equivocado al transmitir noticias de la muerte de Lenin, el alma del movimiento bolchevique… que puso en expectativa al mundo entero… Ha sido una gran figura Nicolás Vladimiro Ulianov Lenin… ese era un ruso de pura sangre… En el aspecto físico era un hombre de aspecto imponente, de mirada miope y parpadeante de soñador, de rostro siempre grave. Ejercía sobre los jóvenes un ascendiente socrático. Cuando ocupaba la tribuna… producía la impresión de una fuerza magnética… risa sardónica, ojos chispeantes, gestos salvajes, palabra ardiente, como un torrente de lava, le dieron tal potencia de persuasión que con frecuencia se afiliaron entre sus discípulos aquellos que habían acudido a oírle como enemigos… Después de la Revolución de 1905 se vio obligado a expatriarse… De vuelta a Petrogrado, bajo el Gobierno Provisional, se dedicó a predicar la paz a toda costa y la confiscación general de la propiedad… La influencia de Lenin se engrandeció como un meteoro rojo… la propaganda bolchevique  era su monomanía y ella fue la razón determinante de todos sus viajes a través de Europa… Cuando, amo de Rusia, asume la dirección del Gobierno bolchevique, se reveló como uno de los grandes estadistas de Europa… Si este hombre no hubiera muerto cuando afirmaba su obra, quien puede asegurar que no hubiera precipitado al mundo a convulsiones de una guerra social” (12).

A medida que las noticias se confirman los círculos obreros, proletarios y socialistas del país se inquietaban.

El 28 de enero de 1924 se organiza un Comité, encargado a convocar a una Asamblea recordatoria de Nicolás Lenin, integrado por el Dr. Aniceto Montero, José Sotillo Picornell, Julio Padilla, Ricardo Falcó, Juan Rafael Pérez Pérez y Miguel Angel Herrera.

Tal como estaba previsto, el acto salió de la Plaza García Flamenco hacia el Parque Morazán. Allí hablaron sobre la personalidad de Lenin, Juan de Dios López y, Julio Padilla, sobre su vida y su obra. En el desfile participó el General Jorge Volio, entre otros destacados dirigentes de la política nacional. La Confederación Nacional de Trabajadores leyó el texto de un telegrama que se envió al Soviet con el siguiente tono: «Mitín de los obreros costarricenses por la muerte de Lenin, C.G.T. firma Miguel Angel Herrera». Este telegrama podría considerarse el primero documento que se envía de una organización de trabajadores de Costa Rica a la dirección política de la Revolución Rusa.

En muchos países, simultáneamente, se estaban organizando actos semejantes, por ejemplo, coincidiendo con el de aquí, en los Estados Unidos, en la esquina del Madison Square, William Foster, dirigía la palabra a unos 15.000 trabajadores norteamericanos.

En el Templo de la Música, en San José, la intervención de fondo estuvo a cargo del Dr. Aniceto Montero, quien disertó brillantemente no sobre la vida del revolucionario sino sobre su obra, La Revolución. Dijo que Lenin entendía por Revolución: «lo que sacude los viejos perjuicios… cimienta las ideas… hace erguirse al águila del pensamiento en busca de la luz, saber, bienestar para todos… hace avanzar el bajel de la libertad ciudadana suprimiendo la ignominia de las leyes que distinguen a los hijos entre naturales, adulterinos y legítimos; que pone en fin, el gobierno en manos del pueblo y suprime castas sociales… destruye la sombra del pasado, trae el pan, luz a los hogares, redime la mujer, levanta al hijo y hace vivir a cada uno del justo salario de su trabajo dentro de la hermosa concepción del colectivismo igualitario… Si la obra de la Revolución inglesa, la Revolución francesa, la Revolución mexicana o la Revolución rusa debiera medirse, juzgarse, por la labor material destructiva, sería entonces en esta hora una vergüenza la democracia y con ella la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad… La Revolución es la aplicación a la sociedad de un principio filosófico determinado por causas y necesidades sociales locales… que cristaliza en instituciones políticas que suprimen la causa de aquella remediando las necesidades… es un efecto, no una causa», indicando que lo que no encaja en esto es el motín, la cólera de los pueblos. La Revolución no se limita… corre de acontecimiento en acontecimiento cada vez creciendo más… tiene su alma, su sistema, su razón, el derecho humano… Limitarla es castrarla… retener por un momento lo que más tarde se convierte en explosión demoledora. Detenerla es acumular la cólera popular y unir el motín a la revolución… La Revolución es la Suprema Virtud, la religión de los pueblos oprimidos. Allí donde haya hombres necesitados, donde la opresión se llama Estado y la autoridad es su manifestación; allí obreros, campesinos de todas partes, proletarios cantad el himno de la Revolución; extended al viento las oriflamas de la libertad, de la fraternidad y de la igualdad entre las filas de la democracia socialista. Ese debe ser nuestro Evangelio: Revolución Social; su templo: la Barricada; su altar: los desvalidos: sus sacerdotes: todos los hombres. La revolución es la Libertad” (13).

«La Revolución, se afirmaba, debe realizar la abolición del Estado y de las castas sociales. Para lograr la supresión de las clases, el parlamentarismo y la política son un camino. Debemos organizar al proletariado en un Partido de clase y con él obtener la conquista del poder político por el proletariado… porque como el mismo Manifiesto lo dice, el poder político en manos de las clases proletarias, la lucha franca de clases… suprimirá, gracias a la revolución las condiciones económicas y sociales que originan el antagonismo actual de clases…»

el Dr. Aniceto Montero, siguió arengando a la concurrencia citando a Marx, Engels y a Kautsky, la «teoría marxista», los Congresos de la Internacional Comunista de 1896 y 1900, para terminar diciendo que «los partidos reformistas no hay que confundirlos, no son revolucionarios, socialistas. Un partido que no es de lucha de clases ni de Revolución social, puede ser más o menos liberal, pero nunca socialista. Esto, la Revolución Social es en síntesis la obra de Lenin… Esta reunión de hoy más que un homenaje a Lenin es un consejo al proletariado costarricense que ha venido a conversar sobre el valor efectivo de la Revolución Social y con ello honra al Apóstol. El duelo de Lenin es la apoteosis universal de la Revolución Social, porque la desaparición del hombre que supo realizar el dinamismo de las ideas marxistas y al expresar el dolor todos los pueblos han entonado el Hosanna de la Revolución Universal” (14).

Aquí se pone de manifiesto no sólo el conocimiento de las experiencias del movimiento obrero mundial y de las experiencias revolucionarias del proletariado ruso sino también una clara conciencia de que un partido revolucionario sólo es aquel que lleve su actividad dentro de la lucha de clases con la intención de acabar con el Estado y con las clases mismas. Esto evidencia una clara alusión al Partido Reformista de Volio, a pesar de que él iba en el desfile. Así, el Dr. Aniceto Montero, fue el gran divulgador del marxismo y de la Revolución Rusa en Costa Rica y el padre espiritual de las luchas proletarias costarricenses.

La sexta repercusión fue el intento de desarrollar organizaciones obreras y de trabajadoras anticomunistas.

En el año de 1925, en medio de una visita de dirigentes obreros mexicanos, encabezados por Luis R. Aréalo, que se dedicaron a visitar y a hacer intervenciones sobre la necesidad de la organización obrera; en medio de un Primero de Mayo celebrado por la Provincial de Trabajadores, que exigía al gobierno el cumplimiento de la jornada de ocho horas de trabajo y la creación de la Escuela de Artes y Oficios en los Talleres de Obras Públicas y en medio del nacimiento de Círculos Católicos y Sindicatos Agrícolas, orientando, estos a «frustrar los planes socialistas y anarquistas, además de hacer guerra sin cuartel a la prensa que encausa esa lucha como también apartar a los obreros de la política” (15).

En medio de todo este ambiente llegó al país el joven La sétima repercusión de la Revolución Rusa fue la llegada de Rodolfo Wedel Quirós, de origen alemán y de madre costarricense. El joven Wedel, precedido de una fama de expulsiones de varios países, llegó con credenciales del movimiento obrero colombiano, ruso y alemán para hablar ante los trabajadores costarricenses.

Amparado a su origen costarricense ingresó al país a incorporarse a las actividades de la Federación de Trabajadores. En sus intervenciones públicas se declaraba comunista y representante del proletariado internacional. Hablaba de la Revolución Rusa, de Lenin, atacaba la religión y el acaparador de azúcar Guillermo Niehaus, manifestando que era necesaria «la creación del comunismo en el país».

Sus charlas siempre fueron muy encendidas, contra el Gobierno e incluso contra el mismo don Ricardo Jiménez, quien se vio precisado a levantar una información sobre sus actividades, que «alteraban el orden público», por sus ideas «bolcheviques». Don Ricardo lo sometió a un juicio sumarísimo mediante el cual fue expulsado del país a Colón, Panamá, con fuerte repulsa del movimiento obrero para el gobierno por la medida adoptada, toda vez que incluso tenía sangre costarricense, lo que hacía más fuertes las protestas.

Cuando se publica, por parte del grupo Asociación Revolucionaria de Cultura Obrera, en marzo de 1930, el periódico La Revolución, en su primer número, en la columna Hombres que interesan al pueblo, se habla sobre Lenin, reconociendo que “desde 1903 fue nombrado jefe del  “bolcheviquismo” y desde esa fecha su historia se confunde con la de la Revolución Rusa, cuyo desenlace fue el triunfo completo de las ideas socialistas que llegará a imperar en todo el mundo”.

La octava repercusión de la Revolución Rusa es que la prensa destaca el rompimiento de Trostky con Stalin y con la Revolución Rusa, y su expulsión de la URSS. En 1930 el joven grupo de comunistas, agrupado alrededor del periódico La Revolución, publica un artículo muy elogioso sobre Trostky, como “un hombre que interesa al pueblo”, reconociendo la persecución que se le hace y de que en ese momento se “encuentra en Alejandría…afirmando…que Trostky se ha conquistado merecidamente un puesto entre los grandes hombres de la Tierra, y a él le deben las ideas socialistas uno de sus más vigorosos empujes” (16).

La Confederación Obrera en 1927 publicó un periódico llamado «La Lucha». En Washington el Congreso de la Federación Americana de Trabajadores condena al fascismo en medio de una repulsa mundial a la que se suman personalidades como H. G. Wells y en medio del décimo aniversario de la Revolución Rusa, la prensa destaca el pleito intestino de Stalin Trostky por el poder y la expulsión de este último de la Unión Soviética.

La novena repercusión de la Revolución Rusa fue cuando Jorge Volio exige que se restablezcan relaciones diplomáticas con la Revolución Rusa. Jorge Volio mantenía una buena imagen política que se había fortalecido con la promulgación de la Ley de Accidentes de Trabajo, que se había logrado por presión suya y de su partido. Veía aún con buenos ojos los resultados de la Revolución Rusa, de la cual fue un defensor en sus primeros años.

El 11 de marzo de 1928, la bancada parlamentaria reformista, encabezada por el propio Volio, interpela al Ministro de Relaciones Exteriores del país a efecto de que se explique por qué Costa Rica no establecía relaciones diplomáticas con la joven República Soviética.

«Hace diez años, decía Volio, que Europa cuenta con una nueva República, la Soviética, admitida ya por naciones del viejo mundo como un Estado debidamente constituido. Sin embargo nuestra pequeña República no tiene relaciones con Rusia, con ese gran país creador de un nuevo régimen que aquí suele tenerse por nefando. Se suceden gobiernos en este país y no se cumple con el deber diplomático de comunicar esas renovaciones en el poder al Gobierno Soviético, como se hace con los demás de las otras naciones del mundo. Ignoro si existen buenas o malas relaciones con Rusia; si malas, ¿por qué causas han sido rotas?, si buenas, ¿por qué motivo no se llenan aquellas fórmulas oficiales? Pero sí sé que desde el Gobierno de Acosta a esta parte no se lleva con la República Soviética esa fórmula protocolaria… La causa que motiva esa omisión… se debe a la conveniencia acaso mal motiva esa omisión… se debe a la conveniencia acaso mal comprendida de conservar con Rusia el statuo quo hasta aquí mantenido por los gobiernos anteriores hasta que cayó el ominoso régimen de los zares… ¿Por qué el gobierno de una República democrática, como lo es Costa Rica, no conserva buenas relaciones políticas con una nación, como Rusia, de lo más avanzado en materia de gobierno; una nación perfectamente constituida como esa, grande, fuerte, poderosa, que nos merece respeto y simpatías…? Ignoro por qué consideraciones de carácter político internacional no mantiene Costa Rica relaciones diplomáticas con Rusia, cosas que como yo ignora también el pueblo. Si esa suspensión dé relaciones vino como consecuencia de la reacción política, honda, y el advenimiento de la República no hay motivo lógico y razonablemente explicable para que nuestros gobiernos permanezcan obligados a esas políticas… Deseo excitar al Secretario de Relaciones Exteriores para que… informe a la Cámara acerca de estos extremos, porque partiendo que sea oficialmente reanudadas las Relaciones Exteriores para que… informe a la Cámara acerca de estos extremos, porque partiendo que sea oficialmente reanudadas las relaciones diplomáticas con la República Soviética,,, no es posible que queden estas cuestiones a juicio único del ejecutivo… ¿Qué fuerzas extrañas influyen en estos asuntos para mantenerlos como vienen siendo cuidadosamente mantenidos por tantos años? No lo sé, pero el caso llama la atención… ¿Se ha roto relaciones con Rusia a espaldas del país? Que el Secretario de Relaciones Exteriores conteste esa pregunta… Quien pone en duda la existencia de la República de Rusia…” (17).

Ante estas palabras de Jorge Volio el diputado Alejandro Alvarado Quirós le contestó indicándole, con las barras del Congreso llenas, «que está en buena tesis, Francia, en su Revolución fue tratada como lo es hoy Rusia… y por esa renovación revolucionaria Rusia llegará a ser, como Francia, una gran nación. La Revolución Rusa no debió afectar, fundamentalmente, nuestras relaciones diplomáticas con esa Nación: Costa Rica aunque país pequeño no debe supeditarse en política a las exigencias y conveniencias de naciones superiores («aplausos atronadores», decía la información periodística»)… Costa Rica no tiene motivos para mantener en suspenso sus relaciones diplomáticas con Rusia. Considero que Costa Rica está en buenas relaciones diplomáticas con Rusia y de no ser así debería estarlo” (18).

A estas dos intervenciones se opuso el diputado Smith que sostuvo que con «respecto al reconocimiento de Rusia todas las grandes naciones del mundo permanecen calladas. ¿Por qué… ha de ser Costa Rica… la que hable primero? No veo, dice, francamente la necesidad ni las ventajas ni las conveniencias que pudieran derivarse de esa actitud. Rusia no ha dicho lo que es, no se sabe… Nuestra política debe ser de prudencia, quedarnos callados que es lo que más conviene», a lo que Jorge Volio le responde que el país debe saber lo que hacen sus gobernantes, expresándole además que con solo la comunicación de cambios de Poderes a la Cancillería Rusa se reanudarían las relaciones, a lo que el público de las barras, movilizado por el Partido y el movimiento obrero, le coreaba: «Bien dicho». «Toda la política, continuaba Volio, que se desarrolla en el mundo contra Rusia tiene solo un origen; la lucha del capital contra el trabajo” (19).

Los curas de la cámara parlamentaria se dividieron a favor y contra de Volio.

El diputado Cascante decía que en «Rusia no se ha resuelto aún el problema político porque allí no hay libertad, como no la hay tampoco en México, sucursal de la doctrina soviética».

El padre Meneses, también diputado, afirmaba que «la revolución Rusa ha sido una cuestión antirreligiosa» (20).

A ellos les contestó el diputado reformista Julio Padilla haciendo un «canto a la democracia soviética precursora de grandes bienes sociales para el mundo entero en un próximo futuro, reacción a la que la iglesia cierra sus puertas por una ambición conservadora mal inspirada por uno y mal comprendida por otros» (21), añadiendo Volio que Rusia «con su gobierno soviético es modelo de naciones bien orientadas. El Señor Smith… es un representante del capitalismo por lo que jamás podría ir a estas cuestiones con los que profesamos la doctrina socialista. Como Jefe del Partido Reformista, soy en este país el abanderado de la doctrina socialista y en consecuencia el paladín de la revolución viviente (sacó aplausos), porque esa revolución viviente es el reformismo… que está haciendo… Patria Nueva” (22).

Por su parte, tal era el calor de los debates, que el diputado Pérez manifestó que «he sido un gran comunista, convencido de verdad de esta doctrina», explicando lujosamente su actuación como activista y propagandista de ideas comunistas, a la vez que añadía que «lo que había que hacer era buscar el establecimiento de la República Socialista…” (23).

La votación que interpelaba al Ministerio se ganó por tres votos. A favor de la moción la bancada parlamentaria reformista, los republicanos y los diputados Alvarado Quirós y Fournier y el grupo echandista. En contra los cletistas, los seguidore de Cleto González Víquez.

Pocos días después el Ministerio contestaba a los Diputados la interpelación hecha, refiriendo que en esa «secretaría no hay documento alguno que demuestre que hubiera relaciones diplomáticas con esa Nación bajo el régimen zarista».

Y, que como no había esos contactos no había por qué establecerlos. La carta del Ministro causó tal indignación que de nuevo se abrió el debate sobre el problema del restablecimiento de relaciones diplomáticas con el régimen soviético.

Inició la palabra de Jorge Volio, haciéndole ver al Secretario de Estado que desde 1912 Costa Rica había acreditado un Cónsul en Petrogrado, por lo que «es indudable que existen relaciones oficiales desde aquel entonces entre Rusia y Costa Rica… Además de que le han informado que en los archivos de su Cartera existen notas del Gobierno de Rusia contestando otras de cambio de poderes en Costa Rica…” (24).

También el diputado Alfredo Saborío atacó al Ministro añadiendo que «él no encontraba por qué había de ser peligroso otorgar el reconocimiento a la República Federativa del Soviet Ruso, organizada bajo un Estatuto constitucional desde el 10 de julio de 1918, firmado por el V Congreso Pan ruso celebrado en Moscú. Que el espíritu de la Revolución Rusa gestaba el advenimiento de una ordenación en los estados del futuro con base en la verdadera justicia y la igualdad de los hombres, teniendo como basamentos fundamentales… el perfeccionamiento histórico del sistema representativo federal… que la educación debe ser integral, capacitando a los hombres para el trabajo útil a la sociedad y preparando a los ciudadanos para la vida civil y… que los medios de producción y de cambio deben ser socializados para suprimir las clases parasitarias… Contra estos principios… se había organizado la plutocracia… para atacarlos lanzando una propaganda desleal a través de los cables y folletos… para ahogar el grandioso movimiento renovador. Tales principios maximalistas sustentados por Lenin, Trosky, Anatole France… por Sarmiento… Almafuente… irían entrando en todos los países del mundo por los medios que las condiciones de cada pueblo exigieren; que ya en Costa Rica iba llegando… la Ley de Accidentes de Trabajo y el magnífico proyecto… referente al Ministerio de Trabajo, leyes inspiradas en esos principios ideológicos de la reforma…” (25).

La defensa que hiciera Volio, y el Partido Reformista, ya no solo de la necesidad de establecer relaciones con la joven República Soviética, sino de la revolución misma, hizo que el espíritu de la Revolución calara en sectores populares y a partir de ese año, el movimiento obrero celebra entusiastamente los aniversarios de la misma.

En febrero de 1929 la Asociación Revolucionaria de Cultura Obrera, ARCO; empezó una gran labor organizativa y de propaganda. El 21 de ese mes, en horas de la noche, en la Sala Magna de la Escuela Vitalia Madrigal, se reúnen y fundan, esta   Asociación Revolucionaria de Cultura Obrera (ARCO), como «centro que ha sido organizado con el objeto de velar por los intereses de los obreros capitalinos. Entre los proyectos que se tiene en mente realizar figura la reapertura de la Universidad Popular, encargada de impartir instrucción al gremio obrero», integrándose como principales Comisiones de ARCO las de Organización, Cultura, Agitación y Propaganda en pro del obrero.

Los periódicos informaban de sublevaciones comunistas y socialistas en diversos países de Europa y del desarrollo de la Revolución Rusa. Las sublevaciones populares europeas repercutían de manera muy directa en el país, ya que se habían desarrollado condiciones para tomar conciencia de que urgía la transformación de la organización social en que se vivía.

La décima repercusión de la Revolución Rusa está en las  publicaciones defensivas de la Revolución Rusa, que empiezan a hacerse en el periódico La Revolución del grupo ARCO, en 1930, en las ediciones del 29 de marzo, del 5 de abril, del 19 de abril, el 17 de mayo

La décima primera repercusión de la Revolución Rusa está en que el marxismo, y en cierta forma el leninismo, como ciencia de las leyes del desarrollo de la sociedad, y como instrumental científico de análisis de la realidad social, se divulga en el país desde 1919, con el Centro Socialista del Dr. Aniceto Montero, y cobraba fuerza con las conferencias que se impulsaban a través de ARCO y de su Universidad Popular. También circulaban folletines y libros y se recogían las experiencias de destacados dirigentes socialistas y antiimperialistas que llegaban al país.

A ARCO se acercó un grupo de estudiantes de la Escuela de Derecho compuesto por Manuel Mora Valverde, Jaime Cerdas Mora y Ricardo Coto Conde. Al lado de ellos y de Montero Berry estaba otro grupo destacado de obreros como Carlos Marín Obando, Fabián Soto, José Rafael Mora, José Barquero y otros. Con el ingreso a ARCO de los estudiantes antiimperialistas de la Escuela de Derecho, ARCO prácticamente se convirtió en «un círculo de estudios marxistas» (26), donde leían «y discutían los libros en que se explicaban las experiencias de la Revolución Rusa y también algunas obras de la teoría marxista»…

«No se limitaron a estudiar la teoría revolucionaria, sino que salieron a la calle a luchar a la cabeza del pueblo contra los efectos de la crisis económica y contra la injusticia social» (29).

La décima segunda repercusión de la Revolución Rusa es cuando en abril de 1930 llega al país el ex Coronel del Zar de Rusia, Braghin, con la intención de dar conferencias sobre lo que acontecía en Rusia. Su presencia fue rechazada  por los estudiantes del Liceo de Costa Rica y por Constantino Albertazzi, así como por el periódico La Revolución.

La décima tercera repercusión de la Revolución Rusa es cuando embrionariamente se había logrado fundir el movimiento obrero con el movimiento político, en un proceso que se desarrollaría en los siguientes dos años, 1929-1931, que daría nacimiento al Partido Comunista de Costa Rica.

A partir de entonces la lucha sindical y obrera adquiere una dimensión mayor, y se asume por parte del Partido Comunista el proyecto histórico de la lucha por el socialista y por instaurar una sociedad socialista y “el programa comunista integral”, y que  el Partido Comunista de Costa Rica “luchará por la implantación, mediante la conquista del poder, del siguiente programa mínimo…todo el poder político para la clase trabajadora. Creación de consejos de obreros y campesinos.”, siguiendo en este sentido la idea de los soviets o consejos obreros y populares de la Revolución Rusa.

La décima cuarta repercusión de la Revolución rusa es cuando a partir de 1930 empiezan a celebrarse conmemoraciones anuales festejando su triunfo y desarrollo. En noviembre de 1930 la Unión General de Trabajadores convoca a una reunión para celebrar el 13 aniversario de la Revolución Rusa considerando que ésta fue el: «establecimiento de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas como culminación del triunfo definitivo de la revolución de los obreros y campesinos contra la tiranía zarista», con el consiguiente orden el día:

Himno de la Internacional… con breves palabras por el compañero Manuel Mora Valverde en representación de la UGT… y el Himno de la Internacional».

La décima quinta repercusión de la Revolución Rusa fue la edición del Periódico Revolución en marzo de 1930.

En marzo de 1930 el grupo ARCO empezó a editar un Periódico llamado Revolución, que junto con el movimiento antiimperialista de los estudiantes de la Escuela de Derecho, la UGT y el desarrollo del aprismo, constituyen la base social política que en pocos días daría origen al Partido Comunista. En este periódico, de corta duración se defendió la Revolución Rusa, a Lenin y sus dirigentes.

Resultado de la agitación estudiantil alrededor de este periódico, en la Escuela de Derecho se vivía un ambiente altamente politizado, de discusiones académicas, estudiantiles, políticas e ideológicas. Existía allí un núcleo de jóvenes comunistas que   estaban incorporados en ARCO y que editaban La Revolución.

Estos estudiantes tienen una polémica con el Ministro de Educación por problemas que se suscitaron con el Presidente Honorario de la Asociación, don Ernesto Martín y porque en la discusión para escoger delegados al Primer Congreso Iberoamericano de Estudiantes, a realizarse en México. La discusión llegó a tal extremo que los estudiantes Manuel Mora Valverde y Antonio Cruz Bolaños, se enviaron padrinos, para batirse a duelo. El resultado de esta crisis fue que en las elecciones siguientes Manuel Mora perdió el puesto de Vocal que tenía en la Directiva de la Asociación, yendo al Congreso Estudiantil José María Gallegos declarando que «un pequeño grupo universitario se había puesto a favor de las tendencias bolcheviques pero afortunadamente esa cuestión se llevó a la controversia pública y los líderes del movimiento fueron aplastados» (27).

Por su parte el estudiante Mora Valverde declaraba que «tales ideas comunistas de la Escuela de Derecho… algunos compañeros y yo las sustentamos o por lo menos creemos cultivarlas… haremos lo posible porque ellas tengan en nuestro país mayor arraigo del que se dice que tienen» 28).

La Asociación de Estudiantes entró en crisis por cuanto la Presidencia la había ganado un estudiante de origen salvadoreño, quien tuvo que renunciar para evitar que no cayera toda la Asociación.

Fuera de la Escuela de Derecho se venía pidiendo la formulación de un nuevo programa y un nuevo partido y dentro de la Escuela el periódico Revolución desempeñaba un papel muy importante como agitador de conciencias y de problemas políticos.

«Su orientación marxista, no estaba muy claramente definida, pero cumplió la tarea de establecer vínculos estrechos y afinidades políticas entre los círculos de obreros, artesanos y de estudiantes» (29), «les dio a los trabajadores una orientación de clase, llenando una necesidad… se constituyó en foco de atracción para los trabajadores, logrando la primera unidad obrero estudiantil, la que más tarde daría, el 16 de junio de 1931, nacimiento al Partido Comunista» (30).

«La Revolución», un mes más tarde, dejó de existir para dar paso a Trabajo, órgano del Comité Central del Partido Comunista.

La décimo quinta repercusión de la Revolución Rusa fue el surgimiento del Partido Comunista de Costa Rica el 6 y 16 de junio de 1931. El 6 de junio fue cuando se integró la Comisión Política, su “Comité Ejecutivo Provisional”, en una asamblea que la designó, y el 16 de junio fue cuando se reunió por primera vez, siendo esta la fecha que se toma oficialmente de su fundación. Fue el resultado de un largo proceso de maduración de condiciones, especialmente nacionales, desde finales del siglo pasado, conjugadas con dos de carácter internacional: la Revolución Rusa y la Crisis Mundial de 1929.

La décimo sexta repercusión de la Revolución Rusa fue el vínculo que se estableció por parte del Partido Comunista de Costa Rica con la III internacional. Esta había sido fundada por Lenin en 1919. Entre ese año y 1935 realizó siete congresos. En el sétimo congreso participó representando al Partido Comunista de Costa Rica el dirigente obrero Rodolfo Guzmán, que permaneció un año en la Unión Soviética. Después de esto fue la incorporación del Partido Comunista al movimiento comunista latinoamericano, cuando asistió a la Conferencia de la Habana, de ese mismo año, 1935, de partidos comunistas del continente.

La décimo sétima repercusión de la Revolución Rusa fue incorporación en la lucha internacional a favor de la República Española durante toda la década de 1930 hasta 1939 y los movimientos de solidaridad con Adolfo Braña y Rafael Angel Llubere que habían sido expulsados de Costa Rica, y se habían integrado a las Brigadas internacionales y luego a la lucha antifascista.

La décimo octava repercusión de la Revolución Rusa fue la lucha antifascista y antinazi en la década de 1930 y años siguientes, junto con la lucha por la Paz, contra la Guerra Mundial y contra la agresión a la URSS.

La décimo octava repercusión de la Revolución Rusa fue la lucha por desarrollar Frentes Populares, resultado de las políticas que se impulsaron en el VII Congreso de la Internacional. El primer intento que hizo el Partido Comunista fue en 1935 para ir a las elecciones. El segundo fue en 1939 cuando constituyeron la Alianza Democrática Nacional para enfrentar la candidatura de Rafael Angel Calderón guardia, apoyada por León Cortés y la Iglesia Católica, aliados con Ricardo Jiménez Oreamuno, postulado a una cuarta candidatura presidencial, con los masones y los liberales y con el partido del Dr. Vargas Vargas. Esta experiencia culminó cuando se logró plasmar la alianza con la Iglesia Católica y el Gobierno del Dr. Rafael Angel Calderón Guardia, en 1943, que se consolidó en el Bloque de la Victoria, para las elecciones de 1944, con la aprobación en 1943 de las Reformas Sociales y el Código ce Trabajo. También se expresó en la unidad nacional que se logró con la constitución del Comité Antinazi de Costa Rica en 1941.

La Décima novena repercusión de la Revolución Rusa fue la lucha antinazi durante la Segunda Guerra Mundial, y el cambio de estrategia que desarrollan los comunistas a escala internacional de no combatir al imperialismo y dejar de lado el esquema de la lucha de clases, por la lucha antifascista y la colaboración de clases.

La veintiava repercusión fue la celebración de la derrota del nazifascismo y del surgimiento de un sistema mundial socialista al terminar la guerra mundial.

 


Notas

10- Aristides Jiménez T. Diario de Costa Rica. 1 de febrero de 1920. pág. 7.

11- Aniceto Montero. Diario de Costa Rica. 5 de febrero de 1920, pág. 2.

12- La Tribuna. 24 de enero de 1921, pág. 1.

13- La Tribuna. 9 de febrero de 1924, pág. 7.

14- La Tribuna, 10 de febrero de 1924, pág. 7.

15- La Tribuna. 11 de enero de 1925, pág. 4. 17.- La Revolución,  No. 1, 15 de marzo de 1930, p.1

16.- La Revolución,  No. 2, 22 de marzo de 1930, p.2

17.- La Tribuna. 12 de mayo de 1928. pág. 4

18- La Tribuna. 12 de mayo de 1928. pág. 4.

19- La Tribuna. 12 de mayo de 1928. pág. 4.

20- La Tribuna. 12 de mayo de 1928. pág. 4.

21- La Tribuna. 12 de mayo de 1928. pág. 4

22- La Tribuna. 12 de mayo de 1928. pág. 8

23- La Tribuna. 12 de mayo de 1928. pág. 8

24- La Tribuna. 15 de mayo de 1928. pág. 4

25- La Tribuna. 15 de mayo de 1928. pág. 4

26- Adolfo Herrera García, Enrique Mora Valverde, Francisco Gamboa Guzmán, Partido Vanguardia Popular, Breve esbozo de su historia. Ediciones Revolución 1971, pág. 10.29-218

27- Manuel Mora Valverde. La Tribuna. 1 de enero de 1931, pág. 2

28- Curso elemental 57. Cuestiones fundamentales que debe conocer todo militante del Partido. San José 1967,   punto 10. pág. 2.

29-  Semanario Pueblo. Historia del Movimiento obrero, 4 de mayo de 1974, pág. 8.

30- Rubén Coto. La Tribuna, 3 de junio de 1930, pág. 10 y 12.

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