La tecnologia del exterminio

Todo comenzó cuando el hombre fabrica sus primeras armas, pero no sabe distinguir entre las víctimas de la caza y sus semejantes y es posible que, en momentos de escasez, se haya dejado seducir por los placeres de la carne y haya practicado el canibalismo

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Rodrigo Madrigal Montealegre, Politólogo.

Cuando, después de la batalla de Austerlitz – la más brillante victoria militar del genio militar de Napoleón – uno de su mariscales le expresó su consternación por aquella sangrienta carnicería de seres humanos, el emperador le respondió con el estoicismo de un frío estratega:  «¡No se preocupe, París repone todo eso en una noche!»

Todo comenzó cuando el hombre fabrica sus primeras armas, pero no sabe distinguir entre las víctimas de la caza y sus semejantes y es posible que, en momentos de escasez, se haya dejado seducir por los placeres de la carne y haya practicado el canibalismo. Con el sedentarismo agrícola, se asienta en territorios que pronto son codiciados por grupos aún nómadas y la opción es resistir y defenderlos o retirarse y perecer, con lo que nace la guerra organizada, ese denigrante y dantesco flagelo que lo acompañará a toda la humanidad a lo largo de toda su historia.

Un salto en la técnica de la guerra se logra con la invención de las armas de cobre, superadas por las de bronce en los tiempos en que combatían, en Troya, los héroes de Homero y luego las de hierro y acero, lo que decidió el curso de Grecia y de Occidente.  Simultáneamente, hace unos 1.700 años se utiliza en las batallas por primera vez, el carro de guerra arrastrado por caballos.

Con la guerra, como una concesión al prisionero a quien se le perdona la vida a cambio de su trabajo, surge la esclavitud, otra vergüenza degradante que perdurará en las páginas negras de Occidente hasta hace 130 años, cuando finalmente se suprime en Brasil y Estados Unidos, aunque aún se denuncia en algunos países del mundo y que contribuyó a la mezcla de razas. Con la formación de los grandes imperios, sólo los chinos despreciaban la guerra como un acto de barbarie y respetaban a sus gobernantes por su sabiduría y no por su belicosidad.

Simultáneamente se perfecciona la organización, con la aparición de la falange, las centurias y las legiones, en lugar de las hordas y surge la estrategia como el arte de la guerra y esta se profesionaliza. Surge el poder militar, como forma de dominación, con la derrota y la sumisión de unos pueblos por otros. Pero también por el prestigio del militar que defiende a su pueblo de sus enemigos como es el caso de Temístocles y Cincinato, o por la consolidación de la unidad nacional, como es el caso de Bolívar, Washington o Bismarck.  Igualmente, por el prestigio cuando logra arrebatarle un botín o un territorio a las víctimas de sus conquistas, como fua el caso de Alejandro, César, Pizarro o Hitler.

A lo largo de la Edad Media, la principal innovación es la introducción del estribo, que le permite al guerrero mantenerse con su pesada coraza en su cabalgadura y convertirse en la clase dominante, ya que su entrenamiento militar le impide estimular su inteligencia, a la que no tenía que recurrir para su manutención, porque los siervos se encargaban de cultivar sus dominios, lo que explica el escaso progreso durante un milenio.

A su vez, el ocaso de esa aristocracia feudal se inicia al final de la Guerra de los Cien Años, cuando la infantería acribilla a los caballeros con las flechas de sus arcos largos a larga distancia, pero, sobre todo, con las armas de fuego que los derriba, así como a sus castillos, lo que contribuye a democratizar la guerra, al surgimiento del Estado Moderno, con sus ejércitos profesionales, y al de una burguesía empresarial, profesional e intelectual, que logrará sustituirla como élite gobernante.

Durante los siglos siguientes, los únicos avances consistirán en el perfeccionamiento de esas armas de fuego, la bayoneta y el ejército patriótico de masas que introduce la Revolución Francesa. La Revolución Industrial producirá el barco de vapor y el ferrocarril como elementos auxiliares en la conquista militar y en el proceso de ‘globalización’ del Tercer Mundo, que perdura hasta nuestros días. Durante la Primera Guerra Mundial, la gran innovación fue el alambre de púas como arma defensiva, los gases letales y, tardíamente, el avión, el submarino y el tanque de guerra.

En la Segunda Guerra Mundial, estos serán los grandes protagonistas, junto con el portaaviones, el radar y la bomba atómica. En la Guerra Fría, serán las armas nucleares, junto con los misiles intercontinentales, las que mantendrán el ‘equilibrio del terror’, en el que las grandes potencias lograron acumular arsenales demenciales y destructivos con un potencial de devastación capaz de exterminar – ‘overkill’ – catorce veces a todo el género humano.

Mientras Roma podía destinar a la guerra apenas una décima parte de su población, la tecnología ha permitido una movilización casi total de seres humanos para convertirlos en carne de metralla. Unos 4.000 griegos participaron en la batalla de Maratón, Alejandro se lanzó a la conquista de Asia con unos 40.000 guerreros, Napoleón movilizó 400.000 soldados en su invasión de Rusia, en 1811, y Hitler unas diez veces más en el mismo intento.  Recientemente se confirmó que, en 1962, durante la crisis de los misiles en Cuba, toda la humanidad estuvo a punto de ser exterminada en un holocausto nuclear que se evitó en cuestión de minutos, con lo que se hubiera borrado lo que, tal vez, es el único vestigio de vida en el universo y que París no hubiera podido reponer en una sola noche.

 

Rodrigo Madrigal Montealegre.
El autor es académico, Politólogo, fundador de la Escuela de Ciencias Políticas de la UCR y Profesor Emérito de esa Escuela y Ex Viceministro de Cultura.
En La Nación 25/03/1974

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