La tristeza… es de los naranjos…

¿Sabían que existe una enfermedad que ataca a los naranjos, mandarinos y toronjas injertadas sobre naranja agria que se conoce como La  tristeza del cítrico? Yo no

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Ana Álvarez Rojas, Psicóloga.

La tristeza es una emoción,
es llorona,
es educativa…
es de los naranjos!!!… 

La tristeza es una emoción, un sentimiento,  un estado de ánimo. Es un dolor general, una apretazón del pecho, es el nublamiento del pensamiento y, muchas veces, es desproporcionada. La tristeza es del cuerpo también. Pesada, cadenciosa, anoréxica, lenta, agotadora. Puede estar relacionada con la depresión, pero no necesariamente. La tristeza es indiscriminadamente llorona; el  llanto nos ataca en cualquier lugar, sin importar si estás en tu casa, en la tienda, en el parque o en un teatro. Hace que toda tu vida se licue en segundos.

Pero la tristeza también es educativa, te enseña sobre la vida, te hace encontrar formas eficaces para seguir viviendo, te abre caminos que no sabías que existían, soluciones certeras, creativas, ilumina tu imaginación, te regresa a etapas placenteras. Te recuerda que en tu interior tenés lo que necesitás para seguir adelante porque de seguro, en otro momento de tu vida, has tenido que utilizarlas, has  pasado por algo similar y sabés que  la respuesta está ahí, dentro de vos. Aunque parezca raro, la tristeza nos ayuda a protegernos para las próximas situaciones difíciles. Consciente o inconscientemente echaremos mano a lo aprendido pues el ser humano tiene una tremenda capacidad para caer y caer y volver a caer

¿Sabían que existe una enfermedad que ataca a los naranjos, mandarinos y toronjas injertadas sobre naranja agria que se conoce como La  tristeza del cítrico? Yo no.  Esta enfermedad es provocada por un virus  que mata al árbol en poco tiempo o que provoca un  decaimiento más lento con producciones escasas. ¿Les recuerda algo?… Curioso ¡verdad! Y ahora lean esto y díganme si la solución no se aplica a nosotros: “…el control del ‘virus’ está basado en medidas indirectas contra ‘el virus’ de tal forma que eviten el progreso de la diseminación en el espacio…”

Pero hay más.

En esta cosa de La Tristeza está metido el hipotálamo, las neuronas, las glándulas suprarrenales, una molécula llamada cortisol causante del estrés, insomnio y no sé cuántas cosas más y les cuento que, si bajan los niveles de los neurotransmisores conocidos como noradrenalina y serotonina en el cerebro, aparece la sensación de tristeza, de pena y de debilidad mental. ¡Fascinante!  Me encanta esto que produce en mí racionalizar la tristeza con tantos elementos científicos. Poner mi tristeza en manos de la ciencia ¿la despersonaliza?, ¿será eso…?

He leído sobre experimentos que concluyeron que, (sin tomarlos al pie de la letra, claro está)  mientras el buen humor desencadena un modo de pensamiento más flexible y creativo, las personas en estados de ánimo tristes poseían mayor disposición a trabajar en tareas exigentes, se comunicaban de manera más persuasiva o estaban  más preocupadas por ser justos con los demás. Además, estos momentos de tristeza fomentan la atención en los detalles, provocan un análisis más objetivo y crítico de las personas y las situaciones, muestran un tiempo menor de respuesta ante los estímulos y en general provocan una mejora de otras capacidades como la atención o la memoria. Interesante verdad!! Nada mal, no creen.

Así que, si nos sentimos tristes,
ya sabemos que podemos aprovechar 
este estado de ánimo en cosas mejores,
más sanas, valiosas e introspectivas
que sentarnos a llorar amargamente lo
que, 

de seguro, 
no tiene una pronta solución. 
Y ustedes ¿qué opinan de esto?

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