Las crisis energética: II. Las fuentes actuales

Lo extraordinario de la maravillosa aventura técnica  y científica del hombre moderno es la relación inversa que parece darse entre las posibilidades ilimitadas de la técnica -gracias a la proliferación de inventos e innovaciones-, por un lado, y la limitación que impone la restringida disponibilidad de los recursos, por el otro

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Rodrigo Madrigal Montealegre, Politólogo.

Prometeo no pudo prever que la ciencia que había inculcado en los hombres conduciría a una devastación de valiosos recursos del planeta. La consecuencia ha sido el agotamiento inminente de las fuentes de energía tradicionales, amenazando las bases mismas de nuestra civilización.

Si anteriormente las fuentes de energía utilizadas eran recurrentes o inagotables, se estima que en la actualidad más del noventa por ciento de los recursos energéticos utilizados son irrecuperables y nos damos cuenta del papel que juegan en la vida moderna cuando se nos revela que su valor, en el mercado, es tres veces mayor que el de todos los otros minerales extraídos.

Es decir que el costo de las tres principales fuentes de energía, el petróleo – el carbón y el gas natural- constituye cerca del setenta y cinco por ciento del costo de la totalidad de los recursos movilizados actualmente por el hombre. La otra cuarta parte restante estaría constituida por el resto de los minerales, incluyendo el hierro, el cobre, el aluminio, el estaño, los fosfatos, el oro, etc.

Hace mucho habíamos descrito la forma en que muchos de estos minerales se agotan vertiginosamente. Si bien el problema es menos grave en relación a la energía, en cuanto a muchos otros recursos se considera que si el consumo de los tres mil millones de personas que pueblan el planeta actualmente alcanzara el mismo nivel de los países más avanzados, su agotamiento total sería casi inmediato.

En lo que se refiere a la energía propiamente, si se establece la equivalencia del consumo mundial durante un año en millones de megawatts por hora notamos el crecimiento espectacular del mismo en el corto plazo de un siglo, ya que se estima en cerca de un millón en 1860 y alcanza a más de veinte millones en el momento actual.

Es sabido que el carbón marcó la rudimentaria civilización industrial del siglo diecinueve, gracias a la máquina de vapor y todavía en 1900 el carbón dominaba la escena energética del mundo industrial. Sin embargo la técnica de nuestro siglo ha significado su desplazamiento por otras fuentes de energía, tales como el petróleo y parcialmente por el gas natural, por la energía hidroeléctrica y la nuclear, constituyendo el carbón apenas cerca de un tercio de toda la energía utilizada en la actualidad.

Sin embargo, si bien las reservas de carbón darían abasto para el consumo futuro de miles de años, no sucede lo mismo con los yacimientos de petróleo ya detectados, los cuales darían abasto para el consumo de unas pocas décadas, dado el incremento de su consumo, que pasó de tres mil toneladas hace cien años a más de dos mil millones en el momento actual y si bien cada día aparecen nuevos yacimientos, éstos se agotarían vertiginosamente.

Utilizado por los fenicios para sellar sus embarcaciones, por los babilonios en la construcción de sus murallas y por los egipcios para embalsamar a sus momias, el» petro oleum» de los griegos era ya conocido por los indígenas de América con el nombre de «mene» o «chapopote» y ya en 1540 un barril fue enviado como una curiosidad a los reyes de España.

El motor de explosión va a convertir a este codiciado elemento en el «oro negro» que ha enriquecido a más de una tribu nómada de beduinos, que ha dado nacimiento a enormes consorcios internacionales y que ha sido la fuerza invisible que ha movido a más de una pieza en el poderoso ajedrez de la política internacional.

Otra de las características fundamentales del petróleo es la forma caprichosa en que se encuentra distribuido en el planeta y su excesiva concentración en zonas muy limitadas. Así, más del sesenta por ciento de las reservas conocidas actualmente, se encuentran en el Medio Oriente, mientras que, en el otro extremo, Europa Occidental carece casi totalmente de este recurso.

Si el consumo actual es de dos mil millones de toneladas anuales, se estima que dentro de diez años llegará a cinco mil millones anuales y que el Oriente Medio será el proveedor de la mitad, por lo que la posesión o el monopolio de ese líquido espeso y viscoso implicaría un poder potencial semejante al que ejerció España – gracias al control del oro metálico opina un comentarista de «Le Monde» – y es revelador que, cuando la Gran Bretaña se hallaba en el paroxismo de su poderío imperial, controlaba apenas el veinte por ciento de la energía del mundo.

Otro rasgo importante estriba en que el petróleo es uno de los raros recursos que disponen algunos de los países subdesarrollados, de los que las naciones industrializadas no pueden prescindir, lo que explica esa especie de chantaje que los países de la O.P.E.P. han ejercido recientemente ya que, sin éste, casi todo el complejo industrial de los países avanzados se vería paralizado.

Otro aspecto importante y grave, sin duda, es que si bien el petróleo puede ser sustituido como fuente de energía, no lo sería fácilmente como materia prima industrial ya que una enorme cantidad de sus derivados se utilizan en las industrias de una multitud de productos sintéticos.

Lo extraordinario de la maravillosa aventura técnica  y científica del hombre moderno es la relación inversa que parece darse entre las posibilidades ilimitadas de la técnica -gracias a la proliferación de inventos e innovaciones-, por un lado, y la limitación que impone la restringida disponibilidad de los recursos, por el otro. Los seres predilectos de Prometeo tienen una capacidad ilimitada de reproducir sus necesidades hasta el infinito, así como de descubrir extraordinarios medios tecnológicos, sus limitaciones, desafortunadamente, se encuentran en la eventual escasez de los recursos, que se agotan vertiginosamente.

 

Rodrigo Madrigal Montealegre.
El autor es académico, Politólogo, fundador de la Escuela de Ciencias Políticas de la UCR y Profesor Emérito de esa Escuela y Ex Viceministro de Cultura.
En La Nación 25/03/1974

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