Las Primeras Damas de Costa Rica: Bárbara Díaz Cabeza de Vaca y Palacios de Barroeta y Castilla

A todas las Primeras Damas de Costa Rica, con respeto y admiración

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Jorge Francisco Sáenz Carbonell
Joaquín Alberto Fernández Alfaro
María Gabriela Muñoz Castro

 

La Primera Primera Dama
Doña Bárbara Díaz Cabeza de Vaca y Palacios de Barroeta y Castilla
Primera Dama de Costa Rica Enero-Abril de 1822

 

Doña Bárbara Díaz Cabeza de Vaca nació en la ciudad de León de Nicaragua por el año de 1781, en el seno de una familia hidalga y muy acaudalada. Sus padres fueron Don Francisco Romualdo Díaz Cabeza de Vaca y Ramírez de Arellano y Doña Rosalía Palacios y Guzmán Valladares.

Hacia 1802, Doña Bárbara contrajo nupcias con el Licenciado Don Rafael de la Trinidad Barroeta y Castilla, nacido el 5 de octubre de 1766 en la población salvadoreña de San Miguel e hijo de Don Juan Antonio Barroeta e Iturrio, vizcaíno, y Doña Ana Gertrudis de Castilla y Andurrián, originaria de San Miguel. La familia de Don Rafael era rica y noble, y uno de sus hermanos, Don Miguel, fue Caballero de la Orden de Carlos III. (Al parecer, este matrimonio se efectuó en León, aunque también pudo haberse celebrado en San Miguel, donde se sabe que vivió durante muchos años Doña Bernarda Baca, hermana de Doña Bárbara).

Del matrimonio de Doña Bárbara y Don Rafael nació alrededor de 1803 una hija a la que llamaron Rosalía, como su abuela materna. Poco después, en 1804, la familia se trasladó a la Provincia de Costa Rica, ya que Don Rafael había sido nombrado Asesor Letrado del Gobernador Don Tomás de Acosta. Fue el primer abogado que residió en Costa Rica de modo permanente. (Cabe señalar que en Costa Rica, el apellido paterno de Doña Bárbara quedó abreviado a Baca, con B).

Doña Bárbara de Barroeta fue famosa por su inteligencia, su simpatía y su humor chispeante. Aunque Don Rafael era una persona acaudalada y el acertado ejercicio que hizo de su profesión le confirió mucho prestigio, buena parte de los ingresos del hogar deben haber provenido del cuantioso patrimonio que Doña Bárbara recibió de su familia, porque se recuerda que en una oportunidad, en el transcurso de una fiesta, alguien le dedicó una bomba en la que se hacían un juego de palabras con su apellido y una alusión, por demás indiscreta y algo irrespetuosa, a su riqueza y a su matrimonio:

“Con tanta capa de grana y tanta cadena de oro, el marido de la Vaca, no debe ser sino toro.”

Doña Bárbara improvisó unos versos y replicó inmediatamente con otra ingeniosa bomba:

“Con tanta capa de grana y tanta cadena de oro, como la Baca es honrada, no tiene cuernos el toro.”

Don Rafael Barroeta fue Teniente de Gobernador de Costa Rica en 1811 y ejerció interinamente el mando político de la Provincia, por ausencia del Gobernador Don Juan de Dios de Ayala. Sus contemporáneos tenían en muy elevado concepto sus talentos, puesto que fue elegido popularmente para representar a Costa Rica como Diputado en las Cortes españolas en el período 1813-1815, aunque no llegó a efectuar el viaje a la península ibérica debido a que no hubo recursos para sufragar su viaje y en todo caso el Rey Don Fernando VII suprimió esa asamblea en 1814 y restableció el absolutismo. Más tarde fue Alcalde Primero de Cartago (1818-1819) y de San José (1820), población en la que estableció su residencia definitiva.

En 1813 Doña Bárbara dio a luz un niño, que fue bautizado en Cartago el 9 de abril de ese año con el nombre de Rafael. El 28 de abril de 1818 su hija Doña Rosalía contrajo matrimonio en San José con Don Manuel de Alvarado y Alvarado, un distinguido caballero que le llevaba bastantes años. De este matrimonio nació en junio de 1819 un niño al que llamaron Manuel. Fue el primer nieto de Doña Bárbara, quien también fue su madrina de bautismo.

Cuando se proclamó la Independencia de España Don Rafael Barroeta abrazó la causa de la anexión al Imperio Mexicano. Representó a San José en la Junta de Legados de los Pueblos, que el 1° de diciembre de 1821 emitió el Pacto Social Fundamental Interino o Pacto de Concordia. Posteriormente fue elegido miembro de la Junta de Electores llamada a sancionar el Pacto, y cuando ese órgano inició sus labores, el 6 de enero de 1822, fue elegido para presidirla. Además de las labores que tenía a cargo como asamblea constituyente, la Junta asumió el gobierno de la Provincia, por lo que Don Rafael, a los cincuenta y cinco años de edad, se convirtió en la más alta autoridad de Costa Rica. Doña Bárbara tenía alrededor de cuarenta.

Don Rafael también fue elegido como Presidente de la Junta Superior Gubernativa, que sustituyó a la Junta de Electores y asumió el gobierno de la Provincia el 13 de enero de 1822. Desempeñó la presidencia de ese órgano hasta el 13 de abril de ese año.

Dado que las Juntas que gobernaron entre octubre de 1821 y enero de 1822 estuvieron presididas la primera por un viudo (Don Juan Manuel de Cañas-Trujillo y Sánchez de Madrid, cuya mujer Doña Tomasa Bendaña Zurita Moscoso había muerto en 1810) y las otras dos por clérigos (el Presbítero Don Nicolás Carrillo y Aguirre y el Vicario Don Pedro José de Alvarado y Baeza), Doña Bárbara Baca de Barroeta fue, cronológicamente, la primera mujer cuyo esposo presidió el gobierno de Costa Rica después de la Independencia de España y, en consecuencia, también la que inició la nómina de nuestras Primeras Damas. Cabe señalar, sin embargo, que en aquellos días las consortes de los gobernantes no desempeñaban ningún papel por ese motivo, ni siquiera protocolario. Durante los tres meses en que su marido estuvo al frente del gobierno provincial, Doña Bárbara continuó dedicada a atender su casa y a la administración de sus cuantiosos bienes.

A principios de 1823 el Licenciado Barroeta empezó a dar muestras de enajenación mental y hubo de retirarse de toda actividad política. También su salud física comenzó a sufrir serios quebrantos. A fin de cuentas fue necesario nombrar a su yerno Don Manuel de Alvarado para representarlo legalmente y administrar sus bienes. Sin embargo, Don Manuel no tardó en tener problemas con Doña Bárbara y ésta estableció una demanda para pedir que se designase a otra persona en lugar suyo. A fin de cuentas se nombró a Don Matías de Sandoval para sustituir al señor Alvarado.

En 1825, como la salud física y mental de Don Rafael no mejoraba, Doña Bárbara decidió trasladarse con él a un clima más cálido, para procurar su restablecimiento. Sin embargo, la idea no resultó, y el Licenciado Barroeta murió en la ciudad de San José el 13 de agosto de 1826, a los cincuenta y nueve años de edad.

Después de la muerte de Don Rafael, Doña Bárbara tuvo serias desavenencias con la familia panameña La Guardia-Robles, que había adquirido de su esposo la hacienda llamada Santa Catalina o simplemente La Catalina, en las inmediaciones de Bagaces, y enfrentó dificultades para cumplir con los pagos. A fin de cuentas, Doña Bárbara y Doña Petra Robles de la Guardia, viuda del com- prador, convinieron en que la propiedad sería devuelta a los Barroeta.

Doña Bárbara sufrió otro grave disgusto en 1830, cuando su hijo Rafael, que apenas contaba diecisiete años, se casó en Bagaces, sin comunicárselo ni mucho menos pedir su permiso. Para agravar las cosas, la flamante esposa del muchacho -una jovencita de dieciséis años- era hija de Doña Petra Robles de de la Guardia.

Como si no le faltasen penas, por estos mismos días recibió doña Bárbara la noticia de la muerte de su hermana Doña Bernarda, ocurrida en San Miguel.

La salud de la viuda de Barroeta sin duda se resintió de tantos contratiempos. A principios de 1831 enfermó de gravedad y el 12 de marzo otorgó su testamento ante el Alcalde Primero de San José Don Cipriano Fernández. Legó la suma de trescientos pesos para ayudar en la construcción del cementerio de San José, y dispuso que sus bienes se dividiesen entre sus hijos Rosalía y Rafael. Sin embargo, con respecto a éste decidió que no se le entregase su herencia sino hasta que tuviese veinticuatro años cumplidos, “por haber contraído matrimonio clandestino sin mi consentimiento, su poca edad y no haberle podido dar educación por todo el tiempo necesario”.

Doña Bárbara Baca de Barroeta falleció en la ciudad de San José el 24 de marzo de 1831, cuando tenía alrededor de cincuenta años de edad.


Las Primeras Damas de Costa Rica
José Francisco Sáenz Carbonell ; Joaquín Alberto Fernández Alfaro ; María Gabirela Muñoz Castro
1a. ed. – San José, C.R. : ICE, 2001.

 

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