Las Reservas Monetarias Internacionales y el Déficit Fiscal

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Gerardo Corrales BrenesEconomista. 

En los últimos días, líderes de los sectores sindicales; abogados penalistas y otros personajes que se oponen a la aprobación del Plan Fiscal, han emitido diferentes criterios sobre la realidad de la crisis fiscal y cambiaria.

Han llegado a argumentar que no existe tal crisis pues las Reservas Monetarias Internacionales en poder del Banco Central (RMI) superan los $ 9 mil millones; que dicho saldo por cerca de $ 6.8 mil millones al 02 de noviembre del 2018 es similar al que había en esa misma fecha el año pasado; que se quiere vender la idea que la devaluación del colón de los últimos días es la consecuencia de la no aprobación del combo fiscal, siendo lo extraño que la crisis fiscal viene desde hace años y en esos períodos no reaccionó el mercado cambiario como lo ha hecho al día de hoy; que es posible contener el problema del déficit fiscal haciendo uso de las RMI para invertir en bonos del Gobierno Central de Costa Rica y que todo al final, es un montaje del gobierno y sus sectores allegados para causar una falsa alarma y pánico para lograr que finalmente el combo fiscal termine aprobándose.

Con un propósito netamente técnico y para aclarar una serie de errores básicos que contienen estas afirmaciones y que tienden a confundir a la población en general, me pareció conveniente dedicar algunas líneas a este tema.

Las RMI del Banco Central, se refieren a depósitos que dicha entidad mantiene invertidos o depositados en el exterior en medios de pago de aceptación internacional, conocidos como divisas, entre ellos, dólares, euros, oro así como derechos especiales de giro (DEG), que son activos o depósitos en el Fondo Monetario Internacional.

La función principal de las RMI es servir como un colchón de liquidez para evitar crisis de tipo de cambio o corridas especulativas en contra del valor de la moneda nacional.

De esa forma, las RMI son un indicador de riqueza y solidez de la economía de un país para hacer frente a los pagos internacionales de su sector privado y del sector público por concepto de importaciones de bienes y servicios; remuneración a los factores productivos del exterior por concepto de dividendos, repatriación de capitales así como por concepto de amortizaciones e intereses de las diferentes deudas contraídas con acreedores internacionales, tanto por la empresa privada como por el sector público.

Por tanto, entre mayores sean las RMI se minimiza el riesgo país y la probabilidad de incumplimiento de pago de las obligaciones externas por importaciones de bienes y servicios; créditos e inversiones y por tanto, se reduce la exigencia de los inversionistas de una prima de riesgo sobre el rendimiento alternativo que ofrecen otros países y se fomenta la inversión directa tanto extranjera como local.

El Saldo de las RMI al 02 de noviembre del 2018 es de $ 6828 millones y a esa misma fecha del año pasado eran de $ 6805. Sin embargo, lo que estos datos ignoran es que el pasado 09 de marzo de este año, el Banco Central se endeudó con el Fondo Latinoamericano de Reservas (FLAR) por $ 1 mil millones y el saldo de RMI subió a $ 8013 millones, por lo que la realidad es que las mismas se han reducido en $ 1185 millones en lo que llevamos del año.

Si se compara la fecha del nivel máximo de RMI alcanzado en el año 2018, que fue el 01 de abril por $ 8474 millones, con el saldo actual de $ 6828 millones, el total de RMI que se han perdido asciende a $ 1646 millones, de los cuales el 20% ha sido con propósitos de estabilización del tipo de cambio participando el Banco Central directamente vendiendo dólares en el mercado cambiario y un 80% obedece a la atención de los requerimientos de dólares del sector público no bancario por dicha entidad.

Lo anterior representa un claro cambio en la forma de intervención del Banco Central, pues respecto al año pasado, un 94% fue por razones de intervención directa en el mercado cambiario y solo un 6% atendiendo requerimientos del sector público no bancario.

La razón de esta modificación es que principalmente a partir de agosto, el gobierno central no ha logrado renovar vencimientos de bonos de deuda, tanto interna como externa, y al no tener los dólares necesarios, ha tenido que acudir al Banco Central para el pago de intereses y amortización de dichos títulos.

Esto es un cambio fundamental que no se daba en períodos anteriores. La deuda del gobierno central en el año 2009 representaba cerca del 30% del producto interno bruto (PIB), pero dado que el déficit fiscal se viene financiando todos los años con deuda en proporciones cada vez mayores, este porcentaje se acerca al 60% y de ellos, cerca de un 40% es en dólares y en proporciones cada vez mayores a corto plazo, lo cual ha vuelto prácticamente inmanejable el flujo de caja del gobierno central al no confiar los inversionistas locales y extranjeros en su capacidad de pago de sus obligaciones.

Entonces, si es cierto que venimos arrastrando un problema de déficit fiscal desde hace años, pero la gran diferencia con la situación actual, es que la proporción de la deuda al producto ha crecido y los vencimientos de los bonos no están siendo renovados en las mismos porcentajes que ocurría en el pasado, clara señal de un problema de desconfianza en el gobierno que se ve traducido en una presión a una demanda de dólares que el Banco Central ha tenido que atender con sus reservas, pero las mismas cada vez son menores y eso se traduce en tipos de cambios cada vez mayores por cada dólar negociado en el mercado.

El déficit fiscal es consecuencia de un exceso de gastos por encima de los ingresos. Estos últimos representan cerca del 14.3% del PIB y los gastos se proyectan para el 2018 en 21.6%, con lo cual el déficit fiscal alcanza una cifra histórica del 7.3% del PIB.

A su vez, la estructura de gastos del gobierno central se compone un 7% de salarios totales (salario base más pluses); 8% de transferencias; 2% en inversión de obra pública; 0.6% en compras de bienes y servicios y el pago de intereses de la deuda en 4%, todo en relación al PIB.

Por tanto, manifestar que se puede hacer uso de las RMI para atender el déficit fiscal invirtiendo en bonos del gobierno central, no solo es un desconocimiento del propósito de aquellas, sino una recomendación irresponsable pues éstas no fueron concebidas para pagar salarios, pluses, transferencias y otros destinos, no relacionados con el comercio internacional y los movimientos de capital financiero externos, tanto del sector privado como público.

Finalmente, un indicador sobre si el nivel de RMI es adecuado, es medir el nivel de cobertura de su saldo respecto al nivel promedio de pago de importaciones mensuales. Entre más alto sea este indicador, mayor solidez y capacidad de pago del país.

El nivel promedio de importaciones de los últimos doce meses con corte a octubre del 2018, es cercano a $1400 millones. De esa manera, en el nivel más alto de reservas de este año que fue en abril ($ 8474 millones), la cobertura era de 6 meses de importaciones. Sin embargo, si se toma en cuenta el saldo actual de RMI ($ 6828 millones) dicho indicador ha bajado a 4.8 meses, mostrando un deterioro en la capacidad de pago de importaciones.

Si el análisis se quiere hacer más ácido y se deducen los $ 1 mil millones del crédito del FLAR, la cobertura de importaciones se ve reducida a 4.2 meses de importaciones.

Si aún se quiere hacer más estricto en el análisis, dentro de las RMI del Banco Central existe un saldo cercano a $ 2600 millones de los depósitos en moneda extranjera por concepto de encaje mínimo legal de los bancos comerciales en el Banco Central y $ 25 millones del gobierno central, por lo que las reservas propiedad o propias del Banco Central sin el crédito del FLAR y estos conceptos, sería de $ 3200 millones, con lo cual la cobertura más estricta de pago de importaciones sería de 2.3 meses.

Con lo anterior, espero dejar claro que no es que se esté jugando con datos falsos para causar pánico y lograr presión ante los Srs. Magistrados de la Sala Constitucional para lograr una aprobación del Plan Fiscal, sino que se trata de datos duros que evidencian una crisis cambiaria y financiera que tiene su origen en la situación de las finanzas públicas y en donde el tiempo para su resolución se ha agotado prácticamente.

En consecuencia, aunque no sea el Plan perfecto, el Banco Central ha estimado recientemente que el mismo daría un rendimiento del 3.7% del PIB en un horizonte de 4 años, resolviendo el déficit primario del gobierno (diferencia entre ingresos y gastos antes de intereses) con lo cual se evitaría entrar en una crisis económica de consecuencias mayores y de afectación a las clases más necesitadas.

Si no hay plan fiscal y dado los requerimientos de fondeo del gobierno aún no cubiertos para lo que resta del año, estimados en cerca de $ 1 mil millones, el impacto sobre tasas de interés, inflación, tipo de cambio y desempleo, serán significativos, con independencia de las ideologías políticas que distintos sectores sostengan, así de cruda es la economía cuando no se han tomado decisiones políticas responsables en el pasado.

 

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