Las voces detrás del desastre en Crucitas

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Marcela Delgado. Don Edilberto tiene 37 años de vivir en Moravia de Cutris, una comunidad ubicada a 30 minutos de Crucitas, Frontera Norte.

Sentado frente a su humilde casa, en una banca construida con sus propias manos, observaba a uno de sus hijos pequeños, jugando carritos en el polvazal del patio.

No parecía 22 de diciembre, no colgaba un solo adorno navideño. No había cartas al Niño, ni luces de colores pero había fe; fe de que pronto su situación podrá mejorar.

Don Edilberto no tiene un trabajo fijo. Se la juega con chambas y oraciones a personas que le soliciten intervención espiritual. Tiene un don.

Él, es uno de los tantos vecinos de las comunidades aledañas a Crucitas que hoy vive en desesperanza, temor y angustia.

La paz de aquellos pueblos tranquilos, se perdió desde que los llamados coligalleros descubrieron que podían extraer oro de forma ilegal en las minas que nunca fueron explotadas. Desde entonces pasó más de un año y hasta ahora, poco a poco regresa parte de lo que eran esas comunidades antes, esto gracias a las intervenciones y operativos policiales.

“Esto daba horror aquí, se puso esto lleno de cosas, robos y zanganadas que uno no podía descuidar nada. No podía salir uno en la madrugada ni en las noches, era un gentío por la calle con machetes y gente borracha a toda hora. Un día despertamos y el frente de la casa, estaba llena de borrachos dormidos y ¿qué podía hacer uno?, aguantar por que lo amenazaban”, contó.

Su querido Moravia dejó de ser aquél lugar tranquilo, pasivo y se convirtió en territorio invadido por oreros ilegales.

“Antes uno mandaba a los chiquillos a la pulpería en la noche con un foco en la mano y lo más peligroso que salía era una chiza o una culebra pero ahora da temor mandarlos hasta de día”, agregó.

Don Edilberto López, vecino de Moravia cuenta el cambio que hubo en su comunidad tras la llegada de coligalleros.

Muy cerca, en Chamorro, doña Santos Pérez piensa parecido. Su instinto de madre teme lo peor cada vez que su pequeña de 7 años sale hacia la escuela o a la pulpería.

Desde la calle la vimos mirando a través de la ventana. Mirada perdida pero llena de esperanza en recuperar la comunidad para que su hija pueda criarse en un ambiente de paz.

“Ya uno no está tranquilo cuando los hijos salen, ahora ve uno un montón de enfermedades que antes no había acá. Gracias a Dios nada nos ha afectado pero estamos muy asustados por que hay gente que uno no conoce”, narró esta mujer de pocas palabras.

Ambos coinciden en algo: les robaron la paz.

Y no es para menos, durante este año, según datos de la Fuerza Pública, casi 200 personas fueron detenidas en la zona. Personas, en su mayoría, extranjeros indocumentados que tomaron Crucitas y sus comunidades cercanas como centro de operaciones para sus acciones ilegales.

Pocos se atreven a hablar y no es para menos. Ahí, saben quien funde y compra el oro. ¡Sí!, en las mismas comunidades sancarleñas que están en la frontera. Al menos, eso dicen quienes a diario, lidian con la situación.

Pueblos olvidados

Calles desoladas en Chamorro, casas a puerta y ventana cerradas.

En Cocobolo, unos cuantos disputaban un partido de baseball. En San Vito, empezaba a llover y unos pocos huían a casa.

En Moravia, una fiesta infantil reunió a unos cuantos en el salón comunal, por lo demás el paisaje es el mismo: abandono.

Algunas de las propiedades en Moravia de Cutris, están en abandono. Foto: SCD

A parte de la problemática social que enfrentan al menos 8 comunidades cercanas a Crucitas, sus vecinos lidian con la falta de oportunidades. La falta de empleo hace que muchos abandonen sus comunidades en busca de mejores días.

La oferta se reduce a una empresa de embalaje que se ubica cerca de Moravia y uno que otro aserradero que sobrevive al paso de los años y pese a que la mano de obra escasea más, desde que muchos vecinos decidieron ser un coligallero más.

Viviana Muñoz, tiene solo 23 años pero conoce muy bien todo lo que pasa a su alrededor. ¿Cómo no?, es una de esas de las que de pequeñas recorrían las calles de Coopevega “a pata pela’” y hoy es parte de una comunidad cuya economía cesó desde que Crucitas se convirtió en un desastre.

“Aquí hubo gente que dejó botados sus trabajos estables, cayeron en la tentación de lo fácil y es que en una noche, ganaban lo que ganaban en un mes. Lo que pasa es que ahora, a parte de que hay más control se dieron cuenta que no es tan fácil y ahora tienen problemas económicos”, contó.

Una fiesta infantil reunió a algunos vecinos en Moravia de Cutris, el sábado anterior. Foto: SCD.

En esos pueblos no entienden mucho de denuncias ambientales, acusaciones y menos de poses políticas. Solo saben que la paz que tenía ya no está y que cada día que pasa, es un día menos de posibilidades de salir adelante como pueblos.

Ahí solo entienden de hechos, hechos que marcan sus vidas: agua contaminada, pobreza, cero acceso social, delincuencia y migración.

Don Eladio Segura llegó a Coopevega hace apenas 2 años, justo en media crisis social. Una casualidad lo llevó hasta el pueblo más desarrollado de esa zona fronteriza y abrió su pulpería.

“Todo baja, al no haber empleo pues la gente no tiene plata para comprar. Por dicha la situación ha ido mejorando adentro (Crucitas), pero ya el daño quedó”, nos dijo.

Do Eladio tiene su pulpería en Coopevega de Cutris. Foto: SCD

El oro que no brilló

Pese que, según estimaciones del Colegio de Geólogos de Costa Rica, la extracción ilegal hasta el momento en Crucitas, es de casi 200 millones de colones; ni uno solo de esos colones está en las arcas del Estado.

El proyecto minero a cargo de Industrias Infinito tuvo sus detractores y padrinos en estas mismas comunidades que hoy, viven en medio de una olla de presión que está a punto de explotar.

Es más, algunas de las personas con las que conversó San Carlos Digital dijeron haber estado en contra de la explotación prevista por Infinito por temor a afectar el ambiente. Pero en lo que coinciden todos, todos, con quienes hablamos es en que la explotación controlada y concesionada hubiese sido mucho mejor que lo que hoy ocurre. Así lo manifestaron sin siquiera consultarles al respecto.

Este era el centro de formación que Infinito Gold instaló en Coopevega y donde el INA formaba a mujeres de la zona para que asistieran el campamento en Crucitas y así generaran ingresos. Foto: SCD

Ellos aún no saben de quién es la culpa de lo que ocurre. Solo detectan que en un abrir y cerrar de ojos, la Finca Vivoyet que antes pudo ser su mejor aliada hoy es una bomba de tiempo que si llega a explotar, los dejará a ellos como primeros afectados.

Son pueblos donde la señal celular es mínima, por lo que si quiera saben muy bien que dicen las noticias sobre ellos y lo que ocurre dentro. Mientras en la Asamblea Legislativa se gestan acciones, políticos responden, el ejecutivo se defiende y otros minimizan, son ellos los que viven su realidad a diario.

Algunos de los caminos de acceso están en muy buen estado, otros requieren intervención municipal. Foto: SCD

Soluciones en camino

Desde hace cerca de 3 años, el INDER trabaja en la instalación de una cooperativa de queso palmito en Coopevega.

Diana Murillo, gerente del INDER, explicó que se trata de una inversión de 250 millones para instalar una planta industrializadora en Coopevega y así generar fuentes de empleo.

El presupuesto ya está asignado para este año e incluye una transferencia por 157 millones para que la Municipalidad de San Carlos repare los caminos de acceso.

Todo, se haría por medio de una cooperativa que ya opera en la zona. Los beneficiados serán los 55 productores asociados a la cooperativa Coopeagrovega R.L. y sus respectivas familias, es decir, unas 220 personas de forma directa, mientras que de forma indirecta se beneficiarán a las comunidades de La Cascada, San Vito, Río Tico, El Carmen, Moravia, Chamorro, Tiricias, Jocote, Llano Verde, Coopevega, Cocobolo, San Joaquín, Limoncito y Pueblo Nuevo, así como San Cristóbal de Pocosol.

La comunidad de Coopevega cesó su economía según algunos vecinos. Foto: SCD

Los vecinos solo esperan.

Son sus voces las que deben ser escuchadas por que son las reales, las de confiar y las que a pesar de todo, a través de los años y de un proyecto infructuoso y el abandono estatal, estuvieron en silencio. Hoy, cansados piden, claman, suplican ayuda.

“Ya es hora de que verdad nos vean con ojos de misericordia. Que se enteren que Crucitas no es solo oro, que aquí hay gente que vale más que ese oro y que merece una oportunidad. No es nuestra culpa vivir en una zona fronteriza, no es nuestra culpa ser de aquí, pero si es culpa de ellos que vivamos como vivimos”, dijo sentado en una mecedora en San Vito de Cutris, don Adonay Trujillo.

Y, pues bien, no hay nada más que agregar.

 

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