Lazos que nos unen

Hay hoy una amistad entre España y Costa Rica que no se explica sólo con el cauce del pasado, que no se agota en las glorias prescritas, sino en ese mañana de esperanza que ambos perseguimos

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Óscar Arias Sánchez, Politólogo (Dr.).

Lazos de amistad que nos unen a su Majestad el Rey Juan Carlo I, su Majestad la Reina Doña Sofía.
Madrid, España 10/09/2008

Yo dije siempre, y lo diré y lo digo, que es la amistad el bien mayor humano”. ¡Cuán hermosas resuenan hoy esas palabras de Lope de Vega, y cuán ciertas! Para un país sin ejército, como Costa Rica, todas las riquezas del mundo no valen más que la amistad de las naciones; nada podría comprar la paz que nos brinda el saber que no seremos atacados o vencidos, porque no tenemos enemigos.

A España nos une, sin embargo, mucho más que la ausencia de enemistad. Entre nosotros no hay sólo diplomacia, no hay sólo modales o cordialidad.

Podríamos decir que la razón de nuestra amistad es la historia que palpita desde sus corazones y el mío, y que es la misma historia a través de muchos siglos, en lo que algún día fue el más vasto imperio de la Tierra. Pero no es sólo eso. Porque también en nombre del pasado se han divido las naciones, y las vivencias compartidas pueden ser un lastre y no una peana.

Podríamos decir que la razón está en el hecho de hablar el mismo idioma. Pero no es sólo eso. ¿O acaso no han ido a la guerra naciones que hablan la misma lengua? ¿Acaso requiere traducción la hostilidad?

Podríamos decir que la razón está en nuestros antepasados comunes. En esa estirpe de españoles que cruzó el mar hasta nuestras costas y confundió las prosapias. Como lo decía Borges en uno de sus poemas “inseparablemente estás en nosotros, en los íntimos hábitos de la sangre, en los Acevedo y los Suárez de mi linaje”. Pero nuestra amistad no es sólo eso, porque sería muy pobre decir que el entendimiento del presente depende de las andanzas de hombres de quinientos años atrás.

Hay hoy una amistad entre España y Costa Rica que no se explica sólo con el cauce del pasado, que no se agota en las glorias prescritas, sino en ese mañana de esperanza que ambos perseguimos. Y en esa esperanza, Su Majestad, es usted un símbolo y un modelo. Sólo en nuestro tiempo es posible la aleación que usted representa, la figura de un Rey que es también un demócrata convencido. Me gusta pensar que es usted Sancho y Quijote a la vez, que no ha renunciado a los ideales, pero tampoco a la aceptación de la realidad. Me gusta pensar que usted demuestra que es posible perseguir las utopías sin que eso signifique construir castillos en el aire. Por estas razones merece usted el aprecio y el cariño de Costa Rica, y es en estas razones en las que se sustenta nuestra amistad.

Hoy quiero brindar por la historia, el idioma y el pasado; pero sobre todo por el horizonte que esconde maravillas que aún no han visto nuestros ojos. Brindo por España y por su pueblo. Y brindo por Sus Majestades, a cuya gloria, en palabras de Góngora, “aún los siglos del Fénix sean segundos”.

 

Óscar Arias Sánchez
Abogado y politólogo, Presidente de Costa Rica en los períodos de 1986-1990 y 2006-2010.
Premio Nobel de la Paz en 1987. 

 

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