Leiner Vargas: Al rector de la UNA

Le pido que escuche a la población estudiantil que son la médula de nuestra institución y le pido a la administración, que respete los principios de autonomía y de libertad de cátedra, que se deje de tanto trámite y requisito legal de una vez por todas.

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Leiner Vargas Alfaro, Economista (Dr.). Académico del CINPE-UNA

Señor Rector, basta ya de mediastintas, tome ya las decisiones que corresponden a la realidad de nuestro contexto actual.

La Universidad Nacional es una institución autónoma y cómo tal, en un marco de derecho público y amparados a las declaraciones de estado de alerta nacional y las directrices de salud pública emitidas desde el gobierno de la República, la universidad debe de forma inmediata proceder a tomar la decisión de enviar a sus casas a toda persona trabajadora que no se requiera para un funcionamiento “mínimo estricto” de la institución. Dicho concepto, debe ser definido a la mayor brevedad posible y con la máxima claridad del caso, tomando en cuenta el principio de valor de la vida que debe estar por encima de cualquier otro interés institucional.

Cómo académico, pero sobre todo, cómo ser humano me indigno ante el temor y el riesgo en el que nos encontramos la comunidad trabajadora de todos los sectores universitarios y la población estudiantil, sabiendo que por ende esta situación de terror se traslada también a nuestras familias y las de las personas estudiantes. Ante esto, quiero solicitarle de manera respetuosa, pero enérgica, que corrija de inmediato la circular “UNA-R-DISC-010-2020* porque esta es una instrucción violatoria de los derechos humanos para las personas trabajadoras de la institución y atenta, contra su salud física y mental, en un año dónde precisamente la institución hace énfasis en este tema.

No existe en la Universidad Nacional ningún reglamento que defina qué es “servicio mínimo” en la institución, por lo que deberá entenderse que utilizar un reglamento de teletrabajo para justificar a quienes sí y a quienes no se les envía a sus casas, es totalmente arbitrario y sus consecuencias pueden ser contraproducentes, no solo para la universidad, sino que para el país.

Si se debe tener un funcionamiento mínimo, la tan sonada “autonomía universitaria” debería permitirle a nuestras autoridades máximas usar el sentido común, haciendo virtud a la responsabilidad que amerita el depósito de la autoridad por medio de un mecanismo de elección democrático, que corresponde a velar por el bien común, no basarse en leyes nacionales que claramente fueron hechas con otros propósitos y nunca asociadas a una emergencia nacional.

Es inadmisible que se piense siquiera descontar vacaciones a ninguna persona trabajadora ante una emergencia como la que estamos enfrentando a nivel global. Esto es algo que claramente viola los principios de la relación laboral y de la Convención Colectiva de los Trabajadores, por la que tantas luchas se han dado.

No se vale actuar por decreto en contra de los trabajadores, mucho menos obligarlos a permanecer en condiciones de total desventaja o presionarlos para tomar de sus vacaciones con tal de asumir la emergencia. Esto representa un irrespeto a la dignidad humana en una situación sanitaria como la que vivimos, en la que el Estado ha sido enfático en su llamado a quedarse en casa.

No debería existir, en el marco de la autonomía universitaria, la obligación de poner a firmar una boleta de teletrabajo a personas trabajadoras que se supone, cuentan con Libertad de Cátedra y que claramente, no deberían invertir su tiempo y sus recursos en completar requisitos adicionales para facilitar una mediación virtual de su quehacer, ya sea de investigación, extensión o docencia. Este requisito de firma de un contrato de teletrabajo es una clara violación al contrato laboral y a los principios de libertad de cátedra asociados con el mismo, en el ámbito académico.

Es claro que frente a la necesidad de las circunstancias recientes y el contexto actual y por la voluntad institucional, las personas trabajadoras en el estamento académico y/o administrativo aceptan la nueva condición laboral de permanecer en sus casas. Las personas que trabajan en la UNA no han provocado esta situación y no deben pagar por ella, por lo tanto tampoco se les debe tratar como si fueran culpables de ir a sus casas.

Resulta inaceptable este tipo de presión para quienes trabajamos en la UNA, además del gran daño emocional y psicológico que representa la confusión a la que ha sido sometida la comunidad universitaria durante la última semana (por no mencionar meses anteriores, ni otros momentos en que esta ha sido la tónica).

A partir de lo anterior le pido señor rector que asuma la decisión de reivindicar de inmediato su accionar y se ordene a cerrar la universidad en todo aquello que no sea estrictamente necesario, salvaguardando de este modo la acción sustantiva, ya que la misma, sin personas sanas y tranquilas no puede suceder.

Le pido, por favor, que permita que el personal administrativo presente en la institución sea el estrictamente necesario, que haya una valoración real del riesgo de cada persona trabajadora, no sólo en sí misma, sino en su entorno directo.

Por último, le pido que escuche a la población estudiantil que son la médula de nuestra institución y le pido a la administración, que respete los principios de autonomía y de libertad de cátedra, que se deje de tanto trámite y requisito legal de una vez por todas.

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