Leonardo Garnier

El silencio de las manos

Las manos gritaron. Las manos callaron. Las manos gritaron y saltaron y corrieron y callaron. Al día siguiente, la prensa internacional reportaría discreta el incidente: la muerte de las manos. Nunca más los brazos se trenzaron, nunca más los dedos se encontraron. Las manos, perdidas, se durmieron en silencio. Y fue ensordecedor el silencio de tus manos quietas sobre mi pecho. Sólo entonces, mancos, solitarios, ajenos por siempre, entendimos el verdadero sentido de la palabra humanos.