Leonardo Garnier

Se la va a tragar una ballena

“Pobrecita, se la va a tragar una ballena”. La frase salió sin ton ni son de la boca pequeña de Mauricio cuando Herman y Violeta lo llevaron a conocer a Marie, nuestra recién nacida primogénita. ¿Se la va a tragar una ballena? Un turbado silencio nos paralizó por dos o tres segundos, antes de que una risa nerviosa y colectiva se encargara de espantarlo. ¡A saber en qué habrá estado pensando el mocoso! ¿Una ballena? ¡Qué ocurrencia! Una ballena aquí, en medio Valle Central rodeado de montañas. En fin, así son los niños, de pronto dicen algo que, por absurdo, se nos queda grabado en la memoria, aunque no sea más que para reiterarnos el sinsentido que a veces tienen las salidas infantiles. De ahí no pasó el asunto por muchos años, catorce o quince, hasta un sábado por la tarde en que – inocente y completamente ignorante de aquel peculiar evento – Marie nos comentó entusiasmada que ya había decidido qué quería hacer con su vida al salir del colegio. “Cuando vaya a la Universidad quiero estudiar biología marina, para poder trabajar con los delfines y las ballenas”. ¡No! Grité. ¡De ninguna manera! Y un silencio azul y enorme se adueñó de todo, tragándose el absurdo del recuerdo.

 

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Por Leonardo Garnier

Doctor en Economía especializado en Economía Política y Desarrollo Económico. Ha sido Ministro de Planificación Nacional y Ministro de Educación. Catedrático e investigador en la Universidad de Costa Rica. Docente en la Universidad Nacional y Profesor invitado en el Instituto Centroamericano de Administración de Empresas. Consultor en organismos internacionales.