Leonardo Garnier

El ministro, muy bien vestidito, se reunió con los muchachos del Fondo (también muy bien vestiditos). No pudieron llegar a un acuerdo, al menos no en las primeras dos horas. El ministro insistía en que la corbata no, que era un regalo de su esposa y que ni hablar de eso. Los muchachos del Fondo insistían, sin entender tanta sensiblería del ministro. Finalmente quedaron en que media corbata. Entonces el problema era el ruedo de los pantalones. ¿Cómo pretendía él arreglar la situación con un ruedo tan holgado? ¡Había que cortar! Y cortaron. Pero bueno, para no ser tan drásticos no exigieron cortar por parejo y, para ser consecuentes, el recorte fue más severo por la izquierda (visto de frente, por supuesto). Ni qué decir de la camisa. Era importada, como corresponde a camisa de ministro, y quedó tan encogida después del ajuste que nadie diría. Los calzoncillos y las medias, más o menos blancos y bastante apestosas, no habrían salido a relucir de no haber insistido el ministro en que su gobierno estaba comprometido en esto hasta el fondo (que no es lo mismo que hasta el Fondo), por lo que las medias se fueron enteras y los calzoncillos a medias. El saco no lo tocaron, eso no. Había que guardar las apariencias.

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Por Leonardo Garnier

Doctor en Economía especializado en Economía Política y Desarrollo Económico. Ha sido Ministro de Planificación Nacional y Ministro de Educación. Catedrático e investigador en la Universidad de Costa Rica. Docente en la Universidad Nacional y Profesor invitado en el Instituto Centroamericano de Administración de Empresas. Consultor en organismos internacionales.