Lilliana Sánchez: ¿Es posible la Renta Básica Global en Costa Rica?

“Toda persona que carezca de recursos suficientes tiene derecho a unas prestaciones de renta mínima que garanticen una vida digna a lo largo de todas las etapas de la vida…” Pilar Europeo de los Derechos Humanos

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Lilliana Sánchez Bolaños., Politóloga (Msc.).

La renta básica sigue ganando adeptos a lo largo de esta pandemia mundial. La Comisión Económica para América Latina ha hecho un llamado urgente a los gobiernos latinoamericanos a efecto de crear un ingreso de emergencia que permita a los sectores más golpeados de la población a sobrevivir durante el tiempo que dure la crisis del coronavirus.

Según la CEPAL esta renta equivale a la línea de la pobreza (143 dólares para la media regional) y tendría una duración inicial de seis meses, la cobrarían inicialmente los 215 millones de personas (la tercera parte de la población) que están por debajo del umbral de la carestía e iría ampliándose en el medio plazo. Sin embargo los países deberían en el futuro mantener un ingreso básico verdaderamente universal, que pudiera ser cobrado por todos los habitantes.

Debemos considerar que la situación actual de pandemia incrementará la pobreza y elevará la informalidad afectando a toda América Latina y al mundo.

Y en el caso de nuestro país, una renta básica universal podría ser viable a través de diversas medidas, entre las que se señalan:

  1. Disminución drástica de la evasión y la elusión fiscal.
  2. Un nuevo pacto social y fiscal con más progresividad en la recaudación y que incluya al 1% de la población con más riqueza en el país.
  3. Articulación de las instituciones sociales con los gobiernos locales a efecto de que la renta básica global sea destinada a las familias vulnerables como ingreso mínimo vital.
  4. Una verdadera reforma del Estado que conlleve a la eliminación de duplicidades de funciones entre las Instituciones y logre la eficiencia y la eficacia requeridas.

Existen muchas fórmulas para, en el momento actual, donde la pobreza y la  pobreza extrema se han incrementado, se logre que el actual esquema de transferencias condicionadas se convierta en una renta universal mínima, a través de la cual las familias pobres, desempleados y personas excluidas del sistema económico, obtengan un equivalente a lo requerido para vivir dignamente.  Todos los seres humanos tenemos ese derecho.

Se requiere voluntad política y un diálogo social que permita lograr que la renta universal venga a garantizar a las personas excluidas la posibilidad real de tener un ingreso vital para no ser condenadas a la pobreza extrema.

La implementación de una Renta Básica Global podría realizarse de forma gradual en un tiempo máximo de diez años y atendiendo a la población en los comunidades con mayor pobreza y menor desarrollo, conforme con el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y con la necesaria reestructuración institucional, fiscal y económica que garantice la efectividad y sostenibilidad de esta política a lo largo del tiempo.

Este es el momento de actuar. El hambre y la desprotección no pueden seguir siendo los caminos de la desigualdad. El hambre se convierte en inseguridad y ésta en violencia.

Debemos como país, a pesar de la grave crisis del COVID-19 volver a mirar a los menos protegidos de la sociedad y realmente darles una respuesta a sus necesidades que siempre han estado ahí pero que deben de ser resueltas ya.

 

 

 

 

 

 

 

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