Ante un 1º de Mayo nuevamente inusual

Flexibilizar la normativa laboral de Costa Rica, estableciendo cambios profundos a normas de fondo, incluyendo la eliminación del principio de interpretación de conductas mediante principios generales del derecho y la existencia de normas ambiguas sería una de las áreas a desarrollar para potencializar la economía costarricense.

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Lilliana Sánchez Bolaños., Politóloga (Msc.).

Este 1 de mayo se conmemora un año más del Día Internacional de los Trabajadores, recordando la jornada de lucha y homenaje a los “Mártires de Chicago”. Muchas de las conquistas sociales que disfrutamos los trabajadores, desde las vacaciones anuales a los límites de las jornadas de trabajo, se dieron como consecuencia de este movimiento.

Nuevamente este Día del Trabajador se presenta en medio de la crisis por COVID-19. Nuevamente el mundo laboral sigue afectado drásticamente a pesar de que el país ha logrado una disminución en la tasa de desempleo desde el trimestre móvil mayo-julio del 2020, cuando alcanzó niveles históricos al llegar a 24,4%, por los efectos de la pandemia en la economía nacional, el cierre de negocios y la implementación de medidas restrictivas.

Es a partir de julio que la cantidad de personas desempleadas comienza a caer de forma leve hasta alcanzar 19,1% del trimestre que finalizó en enero pasado, pese a ello, existen 468.000 personas sin trabajo. Así lo revelan los datos publicados, el pasado mes de marzo, por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) por medio de la Encuesta Continua de Empleo (ECE), por trimestres móviles.

El trimestre móvil significa que se considera el desempleo promedio de tres meses y cada mes se quita el último mes y se añade uno nuevo. La medición permite ir viendo la tendencia del indicador.

Pese a las mejoras en los últimos meses, si se compara la tasa de 19,1% con la del mismo trimestre móvil del año anterior (12,3%), el aumento estadístico es de 6,8 puntos porcentuales, unas 158.000 personas más sin trabajo.

Fuente: Periódico La Nación, Datos INEC, 4 marzo 2021.

A pesar de este panorama debemos apuntar a ser positivos, y prepararnos para un futuro post-pandemia, ¿Qué debería cambiar una vez que logremos superar a la enfermedad COVID-19?

1.- La enfermedad COVID-19 nos ha obligado flexibilizar las jornadas de trabajo como las conocemos, por las restricciones de movimiento generadas, y donde las jornadas “tradicionales” se han quedado rezagadas. Hemos aprendiendo que se puede seguir siendo productivo, aun reduciendo el tiempo efectivo de trabajo.

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), Costa Rica es el segundo país más improductivo de los países estudiados (únicamente superado por México), impulsado por las jornadas extenuantes que laboramos, los pocos tiempos de descanso que tenemos, tanto semanales como anuales (vacaciones).

Si desde ya a pesar de la pandemia se ha incentivado el consumo local y el turismo nacional, debería ponerse a discusión ¿por qué no aumentamos todos los tiempos de descanso de los trabajadores, si no aumenta costos y mejora la productividad nacional? ¿Deberíamos reducir la jornada semanal a 45 o 40 horas? ¿Deberíamos incrementar los días de vacaciones de 2 semanas a 20 días o un mes?

2.- El teletrabajo es una realidad que no desaparecerá: Costa Rica, es un país de vanguardia, dado que fue uno de los primeros en regular el teletrabajo mediante una ley específica (Ley No. 9738). Fue un avance significativo para implementar esa modalidad en el país.

Uno de los beneficios que siempre se ha dicho, es el ahorro del trabajador en sus gastos de traslado, alimentación y vestimenta, y el ahorro del patrono en electricidad y espacio físico, sólo por mencionar unos cuantos.

A pesar de lo anterior, existía mucha resistencia de las organizaciones de implementarlo, por lo novedoso del mecanismo, pero principalmente ligado a la ausencia de una fiscalización directa. La subordinación laboral, entendida como la capacidad del patrono de revisar cómo el trabajador hace su trabajo, se considera debilitada ante la implementación de un trabajo remoto.

La pandemia por COVID-19 hizo ver que esa preocupación había desaparecido ya que forzosamente, muchos empleadores tuvieron que implementar el mecanismo, estuvieran o no de acuerdo, con el fin de mantener una continuidad de sus negocios y cumplir con las directrices de alejamiento social. Los beneficios han saltado a la vista: menos vehículos en las calles, menos personas afectadas por las órdenes sanitarias, y una menor afectación del empleo nacional.

Esperemos que esta experiencia nos quite los prejuicios que teníamos sobre el teletrabajo, y nos dé a entender que la modalidad llegó para quedarse.

Muchos otros temas laborales cambiaron debido a la pandemia entre éstos: una mayor importancia de la salud ocupacional en los centros de trabajo, el surgimiento de nuevas formas de trabajo, y una readecuación de agentes económicos que han retomado importancia (como la producción agrícola).

Es entonces una excelente oportunidad para construir un entono laboral más beneficioso, tanto para los empleadores como a sus trabajadores.

Hoy, en tiempos inusuales, también se ha hecho necesaria la implementación de negocios inusuales. Partiendo de la presente crisis global, no deja de ser cierto que lo visto hasta ahora refleja el comportamiento y conductas inusuales dentro de los actores típicos de la sociedad. Como ejemplo de lo anterior, podemos citar en nuestro país la ley especial emitida que permite la reducción de la jornada laboral y, consecuentemente, una reducción proporcional del salario del trabajador en forma temporal. Esta facultad conferida al empleador rompe con el principio de Ius variandi abusivo, predominante en nuestra legislación, la cual creó una norma inusual para atender la implementación de un negocio o necesidad inusual.

Muchos principios y negocios considerados hasta hoy como estables y sólidos, han dejado de responder y de aplicarse para atender las nuevas necesidades que la sociedad está requiriendo en el ahora, no sólo en especie, sino además en solidez moral. La escala de valores va a cambiar tanto en un futuro cercano, que algunas profesiones que antes eran poco valoradas hoy en día adquirieron una mayor relevancia e interés social.

Una crisis puede sacar lo peor de la raza humana, pero también puede relucir lo mejor. Bajo esa inteligencia, algunas empresas han puesto al servicio de la comunidad, incluso de forma gratuita, los beneficios y productos de su organización para colaborar con la peor crisis económica, sanitaria, y posiblemente próximamente alimentaria, de nuestros tiempos.

Hoy, la solidaridad, que no es medible dentro de la escala métrica de la bolsa de valores se ha convertido en uno de los bienes más preciados y valorados. Muchos gobiernos y empresas han logrado determinar que la única solución viable, para enfrentar la crisis es protegiendo a los sectores más débiles.

Muchos de los empresarios de nuestro país han entendido que deben consolidar una serie de pasos para continuar. En primer lugar, proteger a sus trabajadores a través de programas específicos tales como la reducción de jornadas o despidos con pagos de liquidación para sectores económicamente vulnerables.

Valorar si deben reinventarse, áreas de oportunidad, continuidad de los proveedores, etc, para lograr la continuidad de su negocio.

Hacer programas que apoyen a diferentes sectores en riesgo cuidando a su comunidad.

Y colaborar con el gobierno con proyectos de mutuo auxilio.

Dentro de los cambios inusuales que amerita la extraordinaria situación que estamos viviendo, se requiere incluso líderes con dones y habilidades inusuales, así como estrategias colectivas sin distinciones o categorizaciones. La actual crisis puede hasta impactar la forma en que se llegue a diseñar una ciudad y su escala de valores.

Reconstruir el país, reconstruir el mundo requiere normas, modelos políticos, sociales, de negocios, nuevas organizaciones y líderes globales e inusuales. Enfrentamos la peor crisis desde la Segunda Guerra Mundial.

Pero también llegó el momento para pensar como país qué cambio debemos implementar para sobrevivir una vez que recuperemos la calma y control a nivel país sobre la pandemia.

Nuestro país ha sido un centro de servicios para Latinoamérica por excelencia, nuestra mano de obra es altamente valorada por las empresas multinacionales que se han establecido en Costa Rica para desarrollar o dar soporte a sus líneas de negocio. El Régimen de Zona Franca ha sido un pilar para la economía costarricense, y hoy más que nunca, es necesario fortalecerlo con una legislación de avanzada y conexa que permita y facilite la reconstrucción de nuestra sociedad, al menos una parte de ella.

Flexibilizar la normativa laboral de Costa Rica, estableciendo cambios profundos a normas de fondo, incluyendo la eliminación del principio de interpretación de conductas mediante principios generales del derecho y la existencia de normas ambiguas sería una de las áreas a desarrollar para potencializar la economía costarricense.

Eliminar el concepto de derechos adquiridos o costumbre en materia laboral, eliminar el concepto de salario en especie de la forma ambigua en que se encuentra regulada, y crear una ley que lo determine y cuantifique por categoría, el eliminar el que algunos beneficios que quieren y pueden brindar las empresas sean considerados como salario, tal y como el automóvil, el seguro de vida, el pago de internet, la alimentación, entre otros; así como la flexibilización de las jornadas laborales, la existencia de una jornada 4X3, la jornada ampliada a 12 horas, entre otras modalidades, son algunas de las medidas que se deberían valorar para lograr un verdadero impacto en el mejoramiento del sistema económico.

La decisión es política y empresarial. Es un conjunto de normas convenidas para ambos sectores. Es lograr la continuación del desarrollo para todos los costarricenses, para todos los sectores.

Es ante todo anteponer la solidaridad. ¡Feliz Día del Trabajador!


La Revista CR presenta conjuntamente con su Editorial, la Edición Especial dedicada a conmemorar el Día del Trabajo, que contempla la publicación de diez interesantes artículos de variadas perspectivas y enfoques que serán publicados en el transcurso del día.
  1. Albino Vargas Barrantes: Primero de mayo – Sindicalismo en tiempos de pandemia
  2. Shirley Calvo Jiménez: En el Día del Trabajo al personal de la salud
  3. Vladimir de la Cruz De Lemos: Breves reflexiones sobre el Primero de Mayo
  4. Fabricio Alvarado Muñoz: Presente y futuro del trabajo – Una mirada desde el 1º de mayo
  5. Inés Revuelta Sánchez: Día Internacional del Trabajo – algunos desafíos laborales en la Costa Rica del 2021
  6. Olman Segura Bonilla: Sembremos esperanza y conmemoremos el Día Internacional del Trabajo
  7. Macarena Barahona Riera: Las mujeres del bicentenario – El 1º de Mayo en Costa Rica
  8. Carlos Manuel Echeverría: Reflexiones al primero de mayo de 2021
  9. César López Dávila: ¿Por qué marchamos? Apuntes del primero de Mayo.
  10. Lilliana Sánchez Bolaños: Ante un 1º de Mayo nuevamente inusual
  11. Freddy Pacheco León: Los trabajadores de la salud
  12. Ricardo Carballo Villalobos: Las ironías de un 1º de Mayo pandémico
  13. Luis Fernando Astorga Gatjens: Homenaje del Partido Fuerza Solidaria (PFS )a las trabajadoras y trabajadores en este 1º de Mayo
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