Lilliana Sánchez: Un desconocido que se «come la bronca»

Los que creemos en la democracia no podemos fallar a las próximas generaciones entregando la paz social a un candidato que sacude con su discurso las bases de nuestro Estado Social de Derecho construido a través de acuerdos, a través de diálogo.

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Lilliana Sánchez Bolaños., Politóloga (Msc.).

Decía mi abuelita que en algunos momentos de la vida debemos practicar aquello de que “es mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer” y creo que este adagio debería marcar el camino para la segunda ronda electoral. En el momento actual el país no podemos arriesgar nuevamente el futuro votando por un desconocido que ataca a la prensa, a los médicos, los artistas, y a todos los que de una u otra forma siente son sus enemigos.

Lo más urgente para los costarricenses es fuera de la segunda ronda electoral, volver a la ruta de la reactivación económica que se requiere para lograr el empleo tan necesario en esta época de post pandemia.

Esta segunda ronda electoral puede entonces convertirse en el punto final para la paz y la democracia de Costa Rica, que a pesar de todos sus defectos ha logrado construir un Estado Social de Derecho en donde todos los costarricenses hemos accedido a los Derechos Humanos fundamentales: salud, educación, vivienda, empleo, o esta segunda ronda puede convertirse en un túnel donde esos derechos serán marginados por una persona que no conoce nuestro sistema jurídico (referéndum), ni nuestro sistema electoral (chorreo de votos), ni mucho menos nuestro sistema institucional (al referirse a la Caja Costarricense de Seguro Social). Una persona que ha sido funcionario de un banco a nivel internacional pero que desconoce nuestro Estado Social de Derecho.

Comprarse la bronca no significa que un desconocido, que ha sido sancionado por el Banco Mundial por su patrón de conductas impropias de índole sexual aparece en el ambiente electoral y logra, por la bravura justificada de muchos ciudadanos llegar a la segunda ronda, pero sin rutas claras en materia social, por ejemplo, con un programa de gobierno poco propositivo y sin ruta clara para lograr lo que el país requiere con urgencia en materia social y económica. Un Programa que desconoce los Objetivos de Desarrollo Sostenible, la Agenda 2030 de las Naciones Unidas y fundamentalmente con un candidato que amenaza a muchos sectores y calla ante el financiamiento de su campaña política.

Comprarse la bronca debe de llevar a un cambio pero a través de una ruta de solidaridad, de respeto por nuestro Estado de Derecho, de diálogo. Debe de conllevar a la integración de equipos de trabajo con experiencia en los temas de Estado o sino tendremos un cambio no hacia adelante sino hacia la desesperanza de muchos costarricenses que hoy viven día a día con incertidumbre del futuro para su familia.

Ahora Costa Rica se enfrenta a una segunda ronda electoral entre un expresidente históricamente detestado y un exministro cuestionado en su vida privada. Parece que el país tendrá que decidir a quién odia más, para ver si de esa ecuación logra salir algo bueno.

Los que creemos en la democracia no podemos fallar a las próximas generaciones entregando la paz social a un candidato que sacude con su discurso las bases de nuestro Estado Social de Derecho construido a través de acuerdos, a través de diálogo.

Comerse la bronca también debe significar que con paz y democracia volvamos a la ruta del desarrollo, del Bien Común.

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