Luvia Soto Cabrera.

Sein oder nicht sein, das ist hier die frage. Die fraaage, así, con la aaa larga: fraaage. Ayyy… los compañeros de la residencia estudiantil enseñándome a  pronunciarlo. ¿Por qué vino a colación Shakespiare?…Rigoberta Menchú Nobelpreis, el quingentésimo aniversario del encuentro, el quinientos aniversario del choque. Oír todo eso en alemán…Sein oder nicht sein. Mi bici… yo pedaleando toda campeona y a contraviento en el malecón del fiordo y durante el invierno y ¡qué hazaña! Ahora ni loca, ni aunque me ofrecieran volver a ser aquella chavala libre; ni por cien millones de euros. ¿Euros? No. Marcos, en aquellos tiempos.

Bueno, con el cambio un euro era un marco. Y así fue para todos los países. En Italia la pizza de dos mil liras pasó a cinco euros. Mal negocio para los migrantes de bolsillo con hueco. ¿Fue al año de haber llegado que desapareció la lira? Aquella sensación de caminar en una pecera; como un astronauta pisando la luna.

Esa sensación… no era en la piel… sino en la testa, en el modo en que mi cerebro procesaba la “info”. ¡La info!, qué economía de palabras, que economía de pensamiento abstracto, que economía de razonamiento. Y una que ahora vive agradeciendo a Rita Montalcini que nos iluminara a todos los oversixtis del mundo con eso de que las neuronas nacen, crecen se reproducen y mueren toda la vida. La pecera… Desde mi primer paseo por Piazza Castello, mi piel sintiendo lo que es un mísero grado de temperatura… Más que caminar, yo me ondulaba o reptaba, sí, reptaba, pero como flotando. Como el astronauta, pues. ¿Cómo se llamaba? Estábamos chiquis mis hermanas, con mis abuelitos viendo aquello en la tele…abuelita se persignaba, abuelito nopuedesernopuedeser. Ser o no ser… Una ve el contexto, los edificios, oye la lengua que hablan, busca el sol ¿dónde está? ¡Ah sí!: la estatua, el barroco, ventanas medievales, la corte, la miseria, la ilustración, pero ¿qué se habrá hecho el sol?… Che frio che frio, non dico per io lo dico per tanti che son senza guanti. El loquito véneto de esa frase, más cercano que cualquier otro ser existente desde el Monte Bianco hasta el tacón de la bota. ¡Ay, pero qué dichosa!, en Italia dónde. De la via Apia setecientos kilómetros al noroeste. Ja-ja-ja…die frage…Frage abierta, porque bien pasados los primeros treinta días todavía me preguntaba ¿y ahora qué hago? La señora aquella del gimnasio exclusivamente femenino: Da dove viene?”. Dalla Costarica.

¿Pero cómo se le ocurrió venirse de aquel paraíso a esta ciudad gris?: per amore, mi respuesta automática a esa preguntadera de los tútiles. ¡Qué re-sapos que son! Entonces está siguiendo a su marido. ¿Quééé? ¿Qué carajos dijo doña entrometida? ¿Seguir al marido? ¡Solo eso me faltaba! Ser o no ser. Seguir al marido…yo soy una mujer de mente amplia, exploradora, ¡cosmopolita! Seguir al marido…nombrish. ¡Vieja obsoleta! Cuánto me sonreían…los hombres pensando que era brasileña, por lo tanto caliente y futbolera. Sentir la diferencia con el otro. Estar bien con la diferencia: a gusto, qué susto, qué disgusto. Hablar nítido, qué esfuerzo, qué cansado, qué orgullo. ¡Qué tonta!, ¿cuál cosmopolita? Ser la diferente o querer ser la diferente. Questo è il dilemma.

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Por La Revista CR

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