Lola Fernández: “Nunca pinto pensando en lo que está de moda, me gusta experimentar, renovar…”

Conversatorio de Ma. Enriqueta Guardia con la artista Lola Fernández Fernández.

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Lola Fernández Fernández Caballero.

Ma. Enriqueta Guardia Yglesias, ha venido realizando una serie de conversatorios-entrevistas con artistas de la plástica, en formato de vídeo, utilizando la plataforma de Facebook Live. Por su valor y con el objeto de contar con un respaldo escrito, La Revista tradujo el material documental para ponerlo a disposición de quienes quieran leerlo, sirviendo de referencia para el estudio de las artes plásticas y la divulgación de la cultura.

Lola Fernández Fernández Caballero es todo un referente del arte costarricense, la historia artística de este país no se puede narrar si no se incluye su figura.

Íntimamente ligada a la Universidad de Costa Rica, en donde ejerció como docente, por eso son muchas las generaciones de artistas visuales que se encuentran en deuda con ella.

De sus años de estudio en Florencia, de sus viajes alrededor del mundo, de sus exposiciones, de su técnica y su labor como docente. De todo esto y más conversó Lola Fernández con la académica, curadora de arte y directora del proyecto pinacoteca digital PINCEL, Ma. Enriqueta Guardia Yglesias.

  • Quiero iniciar esta conversación con una referencia a la obra inicial de Lola Fernández, como cariñosamente la llamamos.
    En 1958, Francisco Marín Cañas, decía, con respecto a una de sus exposiciones: «Esto, desde luego, es pintura. Nadie que visite la exposición recién abierta en la sala del Museo Nacional podrá evitar que un pensamiento tal acuda a nuestra mente desde el primer vistazo. Hay allí una obra completa de pintura formal, no la exhibición de un tanteo. Llama poderosamente la atención ante todo el vigor, la profunda conciencia con que están pintados esos cuadros». Así, le doy la bienvenida a doña Lola Fernández Fernández a este conversatorio. Es realmente un placer estar con usted hoy. (se muestra una fotografía en donde aparece Lola Fernández posando). ¿Podría contarnos un poquito de su etapa de estudiante en la Escuela de Bellas Artes?

Sí, es que los grupos colaborábamos mucho con los profesores y ese día me escogieron a mí de modelo.

  • Si uno ve las fotos de esa época de Bellas Artes, los estudiantes muy a menudo posaban para los profesores o posaban entre ellos. En la diapositiva que sigue vamos a ver un dibujo de Florencia que tiene que ver con la beca italiana que se le concedió a usted.

Ese dibujo es una visión parcial de lo que yo veía desde la ventana de la casa donde vivía. Fue una época maravillosa para mí, una experiencia impresionante que perdura hasta el día de hoy y, me permitió el descubrimiento total del arte, su profundidad y su diversidad. Siempre he quedado agradecida con Italia por esa beca.

Por cierto, una anécdota: cuando fui a la Embajada italiana, estaba llena de carros, muchos de los cuales pertenecían a médicos, abogados, y gente de otras disciplinas. Yo llegué como joven estudiante y me recibió el Embajador de ese entonces, de nombre Santi, nunca lo olvidaré porque, incluso, estando él en Roma, fue a visitarme a Florencia.

Haber llegado a nada más y nada menos que a Florencia, me abrió todo el panorama de mi vida. Yo pude haber escogido Roma, pero estuve estudiando la situación y vi que Florencia era una ciudad más pequeña, más dedicada al arte y más propicia para tener contactos.

  • Son etapas muy lindas y todas las personas que en esa época obtuvieron becas a Europa se beneficiaron mucho. Quisiera tal vez que comentara un poquito este autorretrato que estamos mostrando, porque es muy interesante.

Sí, es un autorretrato que hice cuando todavía estaba muy académica. Desafortunadamente no lo tengo yo, pero me gustaría comprarlo porque una vez me dañaron unos cuadros muy importantes y no quiero que a este le pase lo mismo.

  • Las obras de este período de Lola Fernández, realmente, tienen una pincelada muy suelta y una soltura muy grande en cuanto al colorido. Después de esta época de estudio, ahora sigamos enseñando obras de la primera serie abstracta de la artista, del 59, a la que precisamente Marín Cañas hacía referencia al principio, cuando dijo que “es una obra completa, pintura formal, no la exhibición de un tanteo. Llama la atención, ante todo, el vigor, la profunda conciencia con que están pintados estos cuadros”. Es muy interesante, además, que en esa época se hiciera un comentario así para obras de pintura abstracta.

Por supuesto, pero esa serie fue bastante incomprendida, un colega me dijo que la gente salió hablando un montón de cosas. Y claro, en aquel tiempo, era un acto de audacia salir con esto que, creo, haber empezado en Florencia, siendo estudiante en aquellos salones enormes con estudiantes de primero hasta quinto año. El arte no figurativo había explotado en Europa y, muy calladamente, en Italia, donde estaba un poco atrasado y todavía no lo habían aceptado del todo.

Y yo me puse a hacer una serie de cuadros abstractos, diferentes a lo que el profesor decía o la figura que estábamos pintando en ese momento. Un día, el profesor, que era muy serio, clásico y enchapado a la antigua, los vio y le parecieron una barbaridad. Me dice: o los quema o le pongo una mala calificación. Fue un acto heroico como parte de esa costumbre de los estudiantes por hacer algo distinto. Pero al final sí los quemamos.

Era muy caro todo ese material y no tenía mucha plata de la beca, entonces muy astutamente, algunos los escondí. Me los llevé a casa y los conservé. La verdad es que nos gustaba divertirnos, salirnos un poco de la cotidianidad y hacer cosas distintas.

  • Claro. Pero eso, de la pira de cuadros es fabuloso. Habrá que escribirlo.

Bueno, no es tan importante.

  • Es muy importante, porque ahí se refleja precisamente, el choque del arte contemporáneo entre la academia y las nuevas corrientes. Es también esencial en el sentido de que Lola Fernández Fernández, estando en la academia, tenía interés por el arte abstracto que se empezaba a conocer durante esa época de los 50.

Lo que pasa es que Italia siempre es un poco más conservadora, de verdad. Y sobre todo en la Academia.

  • Ahora estamos viendo una foto en que muerde el pincel en la parte de atrás, tan característico de muchos pintores. Se hace en el momento en que se está pensando en algo, un acto irreflexivo, pero muy interesante y característico suyo.

Te fijaste en ese detalle que yo no recuerdo. No se me había ocurrido, lo que demuestra que siempre se aprende, sin importar la edad yo todavía sigo aprendiendo.

  • Lo que pasa es que nosotros, siendo estudiantes, nos dábamos cuenta qué hacían los demás y sobretodo el profesor. Y, entonces, ese acto de coger el pincel y ponérselo en la boca es muy característico. Inclusive, yo tenía una compañera que le hacía tan duro que lo tenía todo mordisqueado. De hecho, Carlos Poveda pintaba con la parte de atrás del pincel porque le resultaba más fácil para la pintura ya seca que utilizaba. Vamos a entrar a otra etapa de doña Lola Fernández, la pintura del 59, el cuadro de la izquierda es abstracto y el de la derecha vuelve a la figuración.

 

Exacto, es que yo nunca hice diferencia entre eso. Todo figura algo y lo que llaman abstracto, yo lo catalogo como una visión más íntima. Ahora que tenemos esos aparatos con que se puede ver hasta la última parte de un objeto o un órgano, podemos comprender que hay un mundo oculto; siempre hay algo. Puede ser sólo un fragmento de alguna cosa, pero figura al alma y además tiene la ventaja de que no es tan obvio.

Nunca me ha gustado mucho que me expliquen los cuadros o tener yo que explicarlos. Lo más que puedo decir es que lo hice en tal lugar, en ciertas circunstancias y por un motivo. Pero ponerme a explicar completamente el cuadro lo encuentro innecesario, porque lo interesante, lo emocionante es que cada espectador tenga una sensibilidad distinta, un mensaje nuevo y conductor a otros pensamientos más lejanos.

Eso es lo que a mí me parece más interesante del arte en general y de la pintura que tiene a veces tantos detalles. A propósito de detalles, les voy a confesar algo: todos los cuadros míos, por lo general, tienen un detallito oculto que algunos los captan y la mayoría no, pero me gusta que lo tengan. Es algo innecesario que no tiene por qué estar ahí, pero es como una picardía, digamos.

  • Eso es muy característico de su personalidad, esa picardía. Igual que algunos escultores o arquitectos que metían en su obra algo escondido que hay que buscar. Lo malo en la escultura o en la arquitectura es que sólo se encuentra cuando se cae. Por dicha en los cuadros de doña Lola Fernández, no pasa eso, sino que podemos encontrar esa picardía, que no vamos a revelar porque doña Lola Fernández quiere que se mantenga oculto; es una de las características que tienen sus obras y que algunas personas que han tratado de reproducir sus obras no pueden encontrar. Es un pequeño secreto en cada uno de sus cuadros. Hay algo que es interesante porque hemos estado hablando de series y entonces tal vez los espectadores no saben que su pintura se divide en series, por etapas o épocas. Podría hablarnos un poco de eso, de las series y de cómo, a veces, se concatenan unas con otras.

Bueno, todo el transcurso de la vida de uno es de cambios, a veces sutiles, otros no tanto. También depende del sistema de vida de cada persona. Hay gente que ha pasado toda su vida prácticamente repitiéndose y viviendo en lo mismo. Entonces, cómo voy yo a pintar los mismos cuadros y ponerme ciertos pensamientos, ciertas ideas, si todo son épocas que ya pasaron, que ya no me interesan o que tuvieron mucha importancia, pero ya no porque estoy viviendo otra situación.

Hay muchos cambios en mis obras, pero casi todos son en los temas y materiales, no tanto en las características de la composición y mezcla de colores.  Cada pintor tiene su propia paleta, yo he sido de colores más calientes, más en ocres, mientras que otros tienen colores muy finos, como mi nieta Carolina, que tiene un colorido maravilloso, muy fresco. Yo eso no lo tengo en mi pintura.

A lo que voy es que hay que ser muy fiel a la manera de ser, a los pensamientos, a la manera de vivir y de afrontar los acontecimientos. Influye también la clase de familia maravillosa que he tenido, unos padres excelentes, unos hijos extraordinarios, siempre preocupados por mí, con buenas profesiones. Tengo seis nietos que van por el mismo camino, todos encantadores, maravillosos, responsables. Y eso, pues, me ha ayudado mucho en la pintura, porque si yo tuviera un montón de problemas personales, tal vez no habría podido explayarme tanto como artista.

  • Hay algo que usted nombró que es muy importante y es la rigurosidad con que se plantee la obra plástica en cuanto a composición, no sólo el colorido, sino todo en general. Y si hay algo de lo que usted sabe es de composición. Los que fuimos alumnos suyos recordamos que usted hacía mucho énfasis en eso y era muy estricta con todo lo que tenía que ver con la composición, el colorido, etc. Me acuerdo una vez que estábamos pintando unos rostros y, antes de que empezáramos a colorear, usted nos puso a hacer un ejercicio en donde teníamos que sacar 150 colores diferentes de piel. Fue todo un reto y tuvimos que hacerle un cuadro donde pintamos cuadritos de todos los colores de piel habidos y por haber. Claro, bajo la guía suya de cómo hacer el colorido de la piel. Pero en todo caso, la estructura de los cuadros es esencial y en todas sus obras se hace muy evidente.
Y ahí es donde se ve que usted tuvo un aprendizaje muy académico, porque parte del problema que tiene el artista, a veces abstracto o no figurativo, por así decirlo, es que le falta consistencia académica, sobretodo en cuanto a su composición y al esqueleto que debe sustentar la obra. Y creo que por eso fallan mucho. En cambio, su obra, ya sea figurativa o no figurativa, siempre tiene una composición muy rigurosa que la sostiene.
Lola Fernández: A mí también me ha preocupado mucho la composición. Encuentro que es fundamental y eso está en todo en la vida. Hay composición para hacer una casa, un jardín… en una obra de arte es lo principal porque es el balance, el ritmo y la armonía general. Sí puedo decir que es parte de todo un recorrido que he tenido.

Siempre me han interesado los viejos sin saber yo en aquel tiempo que iba a llegar a esa edad. Pero sí dicen mucho, es muy importante, no hay que olvidarlos y son verdaderamente los pilares de lo que tenemos ahora. Y a veces tienen una tristeza porque no han sido apreciados, los familiares los han abandonado. Es un tema que a mí me ha interesado mucho. No sé si los cuadros lo dicen, pero solo el rostro, la mirada lo indica y puede que la persona lo capte o no.

Antes de hacer un cuadro, primero yo medito, tengo ideas y todo surge naturalmente, en el momento de la creación –no hago bocetos–, pero me lanzo a la tela sabiendo más o menos lo que yo quiero hacer, qué tema, pero sin saber cómo va a resultar el cuadro ni cómo lo voy a resolver. Esta es una aventura que siempre me ha gustado mucho.

  • Creo que es una aventura que generalmente le sale bien. Dígame una cosa. Si a usted un cuadro lo tiene pensado de una manera y termina mal. ¿Usted lo rompe, lo rehace o qué hace?

Tengo la mala costumbre de que es muy raro que yo rompa un cuadro. Lo guardo siempre con la esperanza de que, si lo vuelvo a ver, lograré quitar la parte negativa, lo que no funcionó y volverlo a trabajar. Yo, muchas veces, he trabajado cuadros que ya había abandonado anteriormente.

  • Es un planteamiento interesante porque precisamente es la conciencia suya, sabiendo cuando algo está bien y cuando está mal. Es parte de su propia personalidad y no el afán de vender que tienen algunos, que venden cualquier cosa. Yo estoy segura que jamás ha vendido algo de lo cual usted no está satisfecha y también sé que a veces, no ha querido deshacerse de algún cuadro porque, en el fondo, son sus creaciones y es duro hacerlo.

Sí, tengo la mala fama de que no me gusta vender, pero el arte es para que otros también lo aprovechen y lo disfruten si es el caso. Y también que lo vea más gente. Claro, lo que pasa es que todo depende de las circunstancias. A veces no quiero venderlo y aunque en ese momento necesite el dinero, no, no puedo.

  • Vamos a pasar a otra de sus etapas pictóricas, que es la serie de los personajes de Oriente. Nárrenos la historia de esta serie.

Bueno, yo estuve en Oriente, estudiando en Japón, Tailandia, y países aledaños con una beca de UNESCO. Ahí sí estuve de paso varios días conociendo lugares maravillosos, me deslumbró francamente la finura de todo, de sus modales, de su vestimenta, de sus viviendas, también del sentido de tener lo mínimo. A los japoneses les gusta el espacio y tienen un sentido maravilloso del mismo. Yo quedé absolutamente fascinada.

Tuve la suerte de que me pusieron una guía exageradamente buena, muy inteligente y de un gran nivel.

Desafortunadamente murió hace poco y a todos en la familia nos dolió mucho. Allá conocí mucho artesano, pintores japoneses y viví viendo esa maravilla de arte tan refinado y que creo, que jamás podremos aproximarnos nosotros los occidentales. En ese momento tomé muchos apuntes, por supuesto, pero también tuve la oportunidad de hacer algunos retratos. Entonces sí, pinté bastantes cosas, algunos se quedaron allá, otras las regalé o las tiré.

Hice una serie más grande que de costumbre, porque me interesó muchísimo. Hay uno de estos cuadros que me lo pidieron en la UNESCO. Nunca supe la verdad si está en la UNESCO o en la casa particular del director que me mandó a llamar especialmente. Quedaron satisfechos con el trabajo que yo hice en ese viaje, en el que también fui a la India.

  • En estos cuadros se siente esa delicadeza, esa sencillez, esa austeridad que usted pudo captar. Ahora voy a mostrar unas obras de la etapa de principios de los 60. Estos son, digamos, dibujos rápidos que usted hizo.

Exactamente, eso no son pinturas. Son apuntes que yo hacía en la calle, de lo que veía, unos hombres acostados durmiendo o vestidos solo con un paño puesto. Hice muchísimos sketches, dibujos, porque a mí no me daba tiempo para hacer pinturas cuando estuve en la India.

Es un lugar muy rico en cosas para ver y observar; es una sociedad tan diferente a la nuestra que confieso que, al principio, cuando estaba en el norte, un día me desesperé y me recomendaron ir a ver a una persona. Resultó ser un cura y había como 400 personas esperando para hablar con él. Cuando supo que yo estaba ahí, me mandó a llamar y tuve una de las conversiones más importantes de mi vida. Me convenció de seguir. Yo no podía soportar ver tanta miseria, tanto dolor. Y entonces, cogí un avión, porque viajar en tren en aquel tiempo era peligrosísimo, y me vine desde el norte, atravesando el centro de la India. Y ahí la cosa fue distinta, muchísimo más plácida, la verdadera India, ya más libre de todas las multitudes y todas esas tragedias que se ven en una gran ciudad. Visité como doce o catorce ciudades.

  • Son dibujos muy interesantes. Me llama la atención que de muy pocos de ellos hay obra posterior, como sí lo hubo con los de Japón.

Siempre todo lo que uno hace tiene una razón de ser. Lo que pasa es que a veces uno lo capta en el momento o es otra persona que nos lo hace ver. En fin, siempre hago todo muy espontáneamente, a como me va saliendo. Si yo hago una cosa es porque tengo que, me es indispensable, y si no lo hago, su razón debe tener.

  • Ahora vamos a pasar a la serie de los retratos, de principios de los 60, más o menos. Son muy interesantes. De la placidez de esos retratos, vamos a pasar a la serie volcanes, que es como del 64.  Sin embargo, volcanes sigue habiendo hasta el 2015, esporádicamente. En estas otras obras, volvemos a ver la pintura no figurativa de Lola Fernández. ¿Tiene algún recuerdo especial de alguno de los dos?

No, ningún recuerdo en especial, lo que te podría decir es que es reiterativo. Pinto por un tiempo los volcanes. Pasan los años y vuelvo otra vez a pintar los volcanes. Siempre pasa distinto, me imagino. Porque uno no es la misma persona ahora que dentro de unos años. Como ves, uno tiende más hacia figurativo y el otro del todo no.

  • La erupción es interesantísima, es como si uno la sintiera. Es un cuadro bastante abstracto, no figurativo, aparentemente. Y el otro que se llama Managua…

No recuerdo muy bien ese número de Nicaragua. Pero sí tiene alguna razón de ser. Como comenté antes, nunca pinto pensando en lo que está de moda, sino porque lo vi por ahí y me gustó. Siempre ha habido una razón. Lo que pasa es que he pintado tantos que no siempre recuerdo cual fue exactamente el motivo. Porque hay una mezcla de abstracto y de figurativo, de distintas etapas.

  • Ahora vamos a ver algunos otros cuadros de una etapa muy interesante, que es la del 65. Una serie que se llama La Nueva y otra serie que se llama Espacio, pero en este caso son Adán y Eva.  En esta foto está doña Lola Fernández, acompañada de otra gran pintora costarricense, que es Dinorah Bolandi.

Éramos vecinas y amigas desde niñas. Yo conocí a Bolandi, cuando yo tenía 5 años y ella 7. Ella se fue para Estados Unidos, pasó muchos años allá. Después la mamá de ella vivió cerca, a una cuadra de distancia. Cuando nosotros vivíamos en la Avenida Segunda, la veíamos mucho. La mamá daba clases de piano. Era un barrio muy unido y yo me encontraba mucho con la mamá de Dinorah. Siempre me hablaba de ella. Un buen día nos encontramos en la calle y fue una gran alegría. Muchos años después, luego de haber vivido mucho tiempo en Nueva York, vi a Dinorah e iba como una flecha, a la manera americana, cerca del Teatro Nacional, pero efectivamente la reconocí y nos volvimos a encontrar.

  • Se había acostumbrado a caminar como en Nueva York: rápido, rápido.

Ella siguió con muchas cosas de Estados Unidos. Fue una amistad hasta el último día de su vida. El día antes que falleciera fui a visitarla. Allí estuve con ella un rato. Había dos o tres personas más y al día siguiente fui a su entierro.

  • Voy a mostrar ahora un cuadro de 1965. Esta es una obra del espacio y es además un díptico; la familia que lo tiene lo puso como Lola Fernández les había dicho, en una esquina, una parte en una pared y la otra en la pared adyacente. Tal vez podemos hablar un poquito de esa etapa en la que usted hacía estarcidos y en donde incorporaba formas de cosas preexistentes.

Ahí yo puse cosas de periódicos. Fue toda una serie de denuncia que me interesó mucho y que, por cierto, casi no quise vender. La verdad es que mi pintura se caracteriza por experimentación, por eso he cambiado tanto. Me gusta experimentar, renovar, como me gusta renovarme a mí también. Bueno, si yo no estoy renovada es porque no he podido, pero me hubiera gustado muchísimo. Sí, hay que reírse de eso.

  • Estas fotografías son de una serie de blanco. Es interesante porque se mezcla un poco con la serie de lo indígena. ¿Verdad que es un poco el diseño de cosas precolombinas?

Bueno, eso a mí siempre me ha interesado mucho, pero no lo he hecho poniendo la vasijita o pintando el detallito exacto del modelo indígena, sino extrayendo ciertas características.

  • Obras de la etapa de finales de los 70, que son arquetipos. ¿Nos puede explicar esta serie, que es muy característica suya?

En primer lugar, lo empecé, pensando y meditando sobre que casi todo el mundo lleva algo encima, un peso.  También me gustó disfrazar a los personajes, me encantan los disfraces, como se habrán dado cuenta. He estado en carnavales o en lugares donde el carnaval es importantísimo, como en Barranquilla.

  • Tal vez es importante decir, para los que no saben, que usted es colombiana. Sus padres eran colombianos y el Festival de Barranquilla es importante para usted.

Bueno, creo que no me gustaba tanto, me gustaban más las fiestas de Cartagena. Nací en Cartagena y yo creo que eso me ha gustado mucho por el asunto del mar. Me encanta el mar, el mar da lejanía, da amplitud de ideas, es un conductor, es cambiante. Y una parte de la vida de uno, está influida por esa compenetración con el mar.

  • Además creo que hay una relación con la farándula, el teatro, los carnavales, que se repite muy a menudo en las series. A lo largo de toda su vida se repite ese factor teatral.

Así es, me gusta mucho ese tema y tuve mucha amistad aquí en Costa Rica con los actores de antes, los que comenzaron el teatro en Costa Rica. Para mí fue una experiencia maravillosa e inclusive me da pena porque las últimas veces que fui al teatro ya no me cobraban por la amistad que tuve siempre con todos, la gran mayoría. Y desafortunadamente ahora ya no los conozco. Les pido excusas porque ya con la edad no volví al teatro.

  • Esto que voy a mostrar es muy interesante, es una serie que se llama Testimonios, hecha a finales de los 80. Es esa mezcla entre lo abstracto con zonas muy figurativas que dan cuenta de algún acontecimiento.

Sí, casi todos los temas que puse son de esa manera.

De la serie Colinas y Volcanes, quisiera que me hable un poco de ella y la relación con el tapiz.  Y ahí tal vez pueda entrar un poco a hablar de su marido, que fue alguien tan presente, tan importante en su vida.

Siempre fuimos muy unidos y nos respetamos mucho. Hicimos pintura y arte totalmente diferentes. Nada que ver lo que hacía uno y el otro, eso fue una de las cosas más importantes que hubo, nos apoyamos siempre mutuamente y cada invento de él yo también le secundaba, inventó lo de los tapices, las cabuyas, entre otros. Y no sólo yo participaba, hasta los hijos y la familia hacían trabajos con la técnica que él inventaba. Muchos de sus tapices maravillosos están en Europa y me dijo que yo también hiciera. Yo hice un papel tapiz enorme, que creo que está en Washington, en el Banco Interamericano de Desarrollo.

  • No tengo la foto. Valdría la pena recuperarla, pero es importante que la gente sepa que para hacer un tapiz el artista tiene que hacerlo con un procedimiento específico para que después sea interpretado o hecho exactamente como el artista lo quiere. Explíquelo un poco.

Bueno, pues lógicamente el dibujo es exacto, porque si no imagínate lo que me harían, sobre todo que son dos personas. Los trabajadores no tendrían ninguna idea de la importancia de que una línea sea para acá o para allá. En todo caso, sí, todo el trabajo lo hacen ellos, los obreros, los artesanos, pero con la presencia del artista.

Tienes que trabajar primero sobre el dibujo, que éste esté exacto, como uno de verdad y después ya para ellos es más fácil porque van rellenando con el color. Es una cosa matemática, tiene su pequeño instrumento para hacerlo y sí fue interesante. Nosotros hicimos una exposición en Estados Unidos con esos trabajos. Admito que no sé si volverán a tener la misma aceptación.

  • Aquí hay personas que tienen unos pocos. Me acuerdo que su esposo hacía trabajos en telas y tapices. Podríamos hablar también de otra serie que es muy interesante, llamada Café.  Y ahí está el ligamen de Lola Fernández, no sólo con Costa Rica, sino también con Colombia. Viendo estas otras imágenes de esta otra serie de los juglares y los espectadores, vemos que es de los años ochenta.

En toda esa época me gustó mezclar teatro y gente, nunca hice ese disfraz violento o raro, sino muy seriecito. Me interesó mucho el teatro, fui una gran aficionada.

  • Pasemos entonces a otra de esas series y me refiero a la segunda serie abstracta, que empieza a finales de los ochenta.

Yo no sé si hay algo de influencia de los volcanes de Costa Rica. Pasa el tiempo y de pronto me hago mis volcanes, pero lo que me interesa no es pintarlos, sino la explosión, el fuego, los colores.

  • Si ustedes se han dado cuenta y son observadores, en todas las fotos que hemos mostrado de los talleres de doña Lola Fernández, siempre hay algunas vasijas precolombinas y algunas cosas que tienen que ver con el arte precolombino.

Esa fue idea de mi esposo, pero nadie le puso mucha atención. Lo que se quería era que, en un museo, las escuelas y los colegios tuvieran una colección de reproducciones de arte precolombino para que lo conocieran, amaran y apreciaran, sin tanto riesgo a que se rompieran. Esa fue la idea e inclusive mandarlos a las Embajadas de Costa Rica para que cada una tuviera el orgullo de representar de una manera impecable el arte costarricense.

  • El problema es que uno no puede tener esas cosas. Entonces es una manera de tener reproducciones muy bien hechas. Me acuerdo, cuando yo era alumna suya, que durante su etapa en Bellas Artes usted aprovechaba las vacaciones para irse a Suiza. Usted estuvo y vivió como entre dos mundos. ¿Nos puede explicar eso?

Conocí a Jean Pierre allá, nos casamos en Ginebra. Pero yo le puse de condición, por decirlo así, que se viniera para Costa Rica. Hizo mucho por este país. Como yo me pensioné bastante temprano, a los 54 años, eso me dio la oportunidad de estar viajando, estar yendo y viniendo. Teníamos un apartamento allá en el centro de Ginebra, más privilegiado, donde estaban las gradas para subir a la ciudad vieja; todos los turistas pasaban por ahí, a 25 metros de la calle principal, donde estaban todas las grandes tiendas, el centro, el corazón de Ginebra. Y a los 100 metros ya estaba el lago, un lugar privilegiado.

Era la vida mía, ir y venir, ir y venir, siempre me encantó viajar, desde chiquita lo hacía, al igual que a mi mamá, a ella también le gustaba mucho.

  • ¿Quisiera usted decirle algo al público, a sus excompañeras, o exalumnos?

Tengo el problema que no me comunico con ellos. Algunos no sé qué están haciendo ahora o cómo les ha ido. Yo siempre los quise mucho. Siempre hice lo más que pude por ellos. Lástima que estamos en esta situación, pero me encantaría que me visitaran cuando esto pase, ya que los recuerdo mucho.

A veces los nombres no, porque soy malísima para eso. Pero para mí fueron muy importantes. Un profesor que no piensa que sus alumnos son importantes no sé en qué está. Ojalá los haya podido ayudar alguito, eso me alegra muchísimo. Cuando quieran me llaman y apenas pase la pandemia puedan visitarme, yo encantada.

 

 

 

 

 

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