Los jueces no ven más allá de sus narices

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Dennis Meléndez Howell, Economista (Ph.D.).

La presidenta Chinchilla vetó la Ley Procesal Laboral porque permitía huelgas en servicios esenciales. Solís levantó el veto y le dio trámite, con leves correcciones. Ahora vemos la magnitud de ese error. Costa Rica está sumida en un tétrico panorama en el que, por cualquier cosa que se necesite hacer para salir de la crisis puede ser objetado por los sindicatos públicos, se van a la huelga, pasan meses de vacaciones pagadas y nadie puede hacer nada.

El problema es más grave cuando los jueces no ven más allá de sus narices.

Cuando llevé mi único curso de Derecho, don Rodolfo Montiel nos dijo: “el Derecho es un ser vivo que evoluciona con los tiempos”. Cuando don Rodolfo Piza Escalante fue presidente de la Sala Constitucional dijo: “la constitución dice lo que nosotros decidimos que dice”. Esto era consecuente con aquella afirmación de mi profesor. La Sala Constitucional sería ese motor que adaptaría el espíritu de las leyes a la evolución de los tiempos y del interés nacional.

Sin embargo, no fue así. La sala empezó a meterse en todo, a resolver conflictos que antes correspondían a las alcaldías (las judiciales, no las políticas) y se metió a suplantar a los otros poderes de la República. Empezó con el famoso recurso del “copero” y de ahí en adelante, se extravió.

Las demás salas entronizaron a los exégetas del Derecho, jueces que únicamente se fijan en puntos y comas y pierden la visión global del interés general. Ninguno se atreve a usar la lógica, a pensar más allá de lo que dijo, en otros tiempos y en otras circunstancias, el legislador que participó en los debates. Como si estos fueran super humanos que eran capaces de prever el desarrollo de todas las circunstancias futuras. Una visión muy distinta al Derecho Anglosajón, en que el juez es capaz de hacer análisis de las consecuencias positivas o negativas de sus dictados y fallar de acuerdo con la preservación del bien público.

Me imagino que nuestras escuelas de Derecho forman así a todos los abogados. Les enseñan a ceñirse, a pie juntillas, a la hermenéutica jurídica, sin importar los alcances de sus decisiones ni los daños colaterales que puedan causar.

Realmente es un panorama muy oscuro para el país, pues los diputados hacen leyes imprecisas y contradictorias, mientras que los jueces carecen de criterio para darles sentido lógico.

 

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