Los vientos de tormenta que siembra Carlos Alvarado

Puede que la economía no sufra una crisis reconocida oficialmente como tal. Pero para centenares de miles de personas –hasta sumar mucho más de un millón– que han debido enfrentar graves problemas de empleo, la situación ha sido efectivamente crítica

0

Luis Paulino Vargas Solís, Economista (Ph.D).

La economía de Costa Rica anda a rastras. No de ahora. La cuestión viene de diez años atrás, empezando en 2009. A lo largo de ese tiempo ha habido algunos momentos menos malos. Pero la tonalidad dominante ha sido marcadamente grisácea. Jamás se logró recuperar el vigor de otros tiempos. Si usted se remite al crecimiento económico registrado, los datos son contundentes. No ha habido un solo año en que se crezca por encima del 5%, cuando anteriormente los momentos de auge –hubo tres durante el período comprendido entre 1983 y 2008– permitían alcanzar picos del 7-8%, acumulando un promedio histórico del 5% al año. En el decenio 2009-2018 ese promedio se retrae un 35% y cae por debajo del 3,3% anual.

Es muy revelador que el muy mediocre crecimiento de la economía, haya generalmente tenido su sustento principal en la deuda que, a su vez, alimentaba el consumo de la gente en un contexto de pertinaz estancamiento, incluso retroceso, del poder adquisitivo de los salarios. Y es igualmente relevante que la inversión –que es la que crea nuevas capacidades productivas y permite modernizar la economía– tiene una evolución sumamente modesta, realmente gris.

Por su parte, el empleo es, por su dramático deterioro, un mundo aparte. Puede que la economía no sufra una crisis reconocida oficialmente como tal. Pero para centenares de miles de personas –hasta sumar mucho más de un millón– que han debido enfrentar graves problemas de empleo, la situación ha sido efectivamente crítica.

Ese es el decorado de fondo sobre el que ha surgido, ha persistido y se ha agrandado el problema fiscal. Y no obstante la estridente perorata que pretende hacer creer que todo se explica por un crecimiento “excesivo” del gasto –en especial remuneraciones y transferencias– lo cierto es que ello elude el problema de fondo: la anemia crónica de la economía y el desastre del empleo. Sabemos que hay un problema grave de fraude fiscal. Pero la cuestión se magnifica debido el débil dinamismo económico y la tragedia del empleo. Ello subvierte, desde sus raíces más fundamentales, los ingresos fiscales y agranda el efecto relativo derivado del aumento del gasto.

Entender eso es un primer paso para a su vez entender por qué es errónea la política unilateralmente restrictiva por la que se ha optado a nivel gubernamental, con el entusiasta respaldo mediático y de las cámaras empresariales. Han abrazado el catecismo de la austeridad con verdadero fervor religioso.

Sin duda hay mucho que corregir en el sector público. Vicios burocráticos, trabas injustificables, ineficiencias y despilfarros. Pero creer que esto se arregla apelando a sistemas de evaluación groseramente cuantitativistas como los que se introducen en el “plan fiscal” (ley 9635) de Carlos Alvarado, implica tratar de corregir una enfermedad inoculando el virus de otra patología que pudiera resultar peor. Ello significaría, por ejemplo, evaluar el trabajo de un médico por la cantidad de pacientes que atiende en un día, sin reparar en la calidad y calidez de la atención que cada persona recibió.

Pero el énfasis restrictivo que la ministra Rocío Aguilar de Hacienda lidera, y que el empresario promueve de forma bullangera, es quizá peor. A corto plazo puede hacer que esa economía tambaleante termine, quizá lanzada al hueco de la recesión, o, al menos, paralizada. En el mediano y largo plazo ello podría implicar un deterioro y desmantelamiento de la institucionalidad pública que pesaría duramente sobre la equidad social y, con seguridad, sobre el propio desarrollo de la economía.

Para adornar el estropicio, no faltan justificaciones que se visten de argumento técnico. Incluso, y en el colmo de la teatralidad, de ciencia. La ministra Aguilar, mejor que nadie, sabe interpretar esa ópera bufa, con sus elucubraciones acerca de un “retorno de la confianza” que milagrosamente relanzaría la inversión empresarial. Esto raya en lo supersticioso, e imagina que la economía capitalista obedece a conjuros mágicos. Es, ciertamente, la religión del mercado en una de sus versiones más alucinadas.

En lo anterior hay unas gotas de verdad, en medio de un lodazal de falacias.El argumento típico discurre así: “financiar el déficit fiscal implica absorber, mediante la emisión de bonos, el poco ahorro disponible en la economía. Ello provoca un ‘efecto de estrujamiento’: las tasas de interés suben a causa de que los bancos comerciales compiten con Hacienda para captar ese ahorro y así disponer de fondos para conceder créditos. Al elevarse las tasas, se frena la inversión y el crecimiento económico. De ahí la importancia de emitir deuda externa (eurobonos): se libera esa presión a nivel interno, bajan las tasas y los bancos dispondrían de fondos para conceder crédito que impulse la inversión de las empresas y la generación de empleos”.

Primero, no existe ese “efecto estrujamiento”, por la sencilla razón de que no es cierto que los bancos comerciales necesiten captar ahorros de la gente para poder conceder créditos. El banco concede créditos tan solo con hacer una anotación electrónica. En ese mismo acto genera el correspondiente depósito y algún tiempo después el Banco Central, de forma acomodaticia, reconoce la reserva correspondiente.

Las tasas de interés, más altas o bajas, no se rigen entonces –no en general– por la magnitud del déficit, sino por las decisiones del Banco Central. Sobre todo si se trata de las de corto plazo. Y, por su parte, las elevadas tasas activas (las que se cobran sobre los créditos) reflejan ineficiencia y rentismo, o sea, extracción de ganancia fácil por parte de los bancos. Es un problema mucho más viejo que el déficit fiscal, e igualmente estuvo presente durante los años (2012-2105) en que, para financiar el déficit, se recurrió a deuda externa a razón de $1.000 millones al año.

Por ello mismo, no pasa de ser propaganda barata, toda la perorata oficial sobre reducción de las tasas gracias a la emisión de eurobonos. Efectivamente bajarán para el gobierno, y ello le concederá un parcial alivio en sus pagos por intereses. No bajarán para el financiamiento de la inversión productiva, porque lo que origina las elevadas tasas de interés no es el déficit fiscal.

Pero, además, la emisión de eurobonos y la correspondiente entrada de capitales, tendrá otros efectos poco graciosos, tanto a corto como a mediano o largo plazo. Primero, ello agudizará la sobrevalorización del colón, la cual es un fenómeno viejo (comenzó a darse en 2006), el cual jamás fue corregido, más que de forma muy parcial. Ello tendrá una consecuencia segura: debilitará la economía y empobrecerá su de por sí miserable capacidad de creación de empleos. Sucederá así ya que la valorización del colón tira hacia abajo la competitividad de toda la economía (y no solo del sector exportador). Si a esto se le suma el carácter restrictivo del “plan fiscal” de Alvarado, lo que se anticipa es una prolongación, quizá agravamiento, del marasmo económico y de los tristes problemas de empleo. Todo lo cual, por otra parte, es una muy mala noticia para la salud de las finanzas públicas.

Segundo: puesto que no podemos emitir dólares, endeudarse en esa moneda conlleva un riesgo: una devaluación futura incrementaría el peso que la deuda representa para el gobierno, puesto que su capacidad de pago depende en última instancia, de impuestos pagados en colones. O sea: ello eventualmente tendría el efecto de generar nuevos problemas fiscales futuros. Sin olvidar, desde luego, que la valorización del colón incentivará el endeudamiento privado en dólares, y agravará las futuras amenazas.

 

Luis Paulino Vargas
El autor de formación en sociología, ciencias políticas y economía, es Director Centro de Investigación en Cultura y Desarrollo (CICDE-UNED) y Presidente Movimiento Diversidad Abelardo Araya. Recibió el Premio Nacional Aquileo Echevarría. Blog: Soñar con los pies en la tierra

Del mismo autor le podría interesar:

 

También podría gustarte

Comentarios

Cargando...