Luces y sombras

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Leonardo Garnier.

Luces y sombras: nuestros jóvenes. Muchachos y muchachas abierta aunque críticamente democráticos y bastante solidarios, sí, pero muy poco tolerantes hacia aquellos que, por alguna razón, consideran ‘raros’ o distintos. Eso es lo que nos revela el recién publicado libro “Con la Herencia de la Paz: cultura política de la juventud centroamericana” fruto de una investigación dirigida por Florisabel Rodríguez, de Procesos. Es reconfortante descubrir que los estudiantes costarricenses no solo entienden que la libertad, seguida por elecciones libres y el respeto a los derechos básicos, es una característica esencial de la democracia, sino que “también incluyen como componentes muy importantes el vivir en paz, tener seguridad personal y disfrutar de igualdad. Adicionalmente agregan, como una dimensión esencial, la conducta honesta, ética y responsable de los políticos, y un ejercicio del poder orientado al bienestar de los ciudadanos.”

Aunque satisfechos con los aspectos básicos de nuestra democracia, estos jóvenes manifiestan una sana actitud crítica centrada no solo en la corrupción y abuso de los políticos, sino también en la falta de igualdad, en la existencia de mucha delincuencia y violencia, y en una percepción de que “la democracia a veces no funciona bien.” Además, y sobre todo hacia el final de la secundaria, nuestros estudiantes no se inclinan ni por el individualismo burdo y egoísta ni por el paternalismo comodón, sino que “se dividen en tercios entre los que afirman que el bienestar de todos es responsabilidad del Estado, los que dicen que tal responsabilidad cae en el individuo, y los que se ubican en una posición intermedia entre ambos extremos.” Al descubrir que la solidaridad es un valor aún más diseminado entre los estudiantes de undécimo que en los de sétimo año, el estudio ratifica la importancia vital de la educación secundaria para la construcción de ciudadanía ya que la solidaridad “es una base para la generación de la demanda social y política por un proyecto nacional más inclusivo, que es a su vez un pilar de la sostenibilidad democrática.”

Pero junto a las luces, hay sombras que deben alarmarnos: nuestros muchachos, desde pequeños, se revelan intolerantes. Todos intolerantes: los muchachos y las muchachas; los de sétimo y los de undécimo; los más ricos y los más pobres; los del campo y los de la ciudad. Todos, intolerantes como nosotros, sus adultos. Intolerantes y propensos no solo a la discriminación social y política sino, incluso, al rechazo a que ‘esos’ que se perciben como extraños y amenazantes puedan gozar de derechos ciudadanos (enseñar en escuelas, elegirse en cargos públicos y hablar en televisión y reuniones públicas). La tolerancia, como acertadamente destaca este libro, es el talón de Aquiles de la cultura política costarricense, su principal sombra. Por eso son vitales no solo las respuestas que nos brinda, sino las preguntas que nos hace esta investigación: ¿Cómo estamos socializando a nuestros jóvenes? ¿Se están generando actitudes y conductas que desarrollen la voluntad de vivir juntos, en un clima de respeto a las diferencias y de generación de oportunidades para todos? ¿Llegará esta juventud a constituirse en buenos y buenas ciudadanas?

Leonardo Garnier
Ecadémico, Economista, Ex Ministro de Planificación y  Ministro de Educación en dos Administraciones
Sub/versiones leonardogarnier.com

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