Luis Antonio González: Generación de cristal

A propósito del 12 de agosto, día nacional e internacional de las juventudes, sirvan estas breves líneas para problematizar y de-construir un término que cada vez gana más terreno en la discusión nacional, para defender la homofobia o el racismo hoy y para justificar la discriminación contra las personas jóvenes en todos los ámbitos de la vida pública.

0

Luis Antonio González Jiménez, Internacionalista.

Cada vez es más frecuente escuchar el término “generación de cristal” para describir, en tono burlón al mejor estilo de la chota costarricense, a las personas jóvenes. Este pseudo concepto refiere a una generación hipersensible, frágil emocionalmente e inmadura, incapaz de enfrentar la frustración cotidiana. Estos calificativos toman especial fuerza cuando se contrastan con la caracterización de generaciones anteriores, constituidas por padres y abuelos fuertes, sin miedos ni dudas, puestos al trabajo sin miramientos, preparados contra todo. Este discurso maniqueo, además de ignorar la envergadura de las transformaciones ocurridas durante décadas recientes, esconde excusas para la discriminación solapada, especialmente para el viejo y conocido adultocentrismo.

La realidad que enfrentan hoy las personas jóvenes no es para nada halagadora: con una tasa de neta de ocupación más baja y una tasa de desempleo más alta, sumado a un mercado laboral que cada vez más le apuesta a la especialización, las juventudes deben reinventarse todos los días para encontrar sustento. Esto puede explicar la innovación presente en los emprendimientos de personas jóvenes, la cual les coloca a la vanguardia en múltiples sectores. No obstante, no todas las juventudes calzan en este esquema. Entendiendo a las juventudes desde la gran diversidad que nos caracteriza, hay que recordar también que hay muchas personas jóvenes excluidas y sin oportunidades, las cuales sufren diariamente las barreras de acceso a empleos de calidad, que van desde la falta de calidad en el sistema educativo hasta por la concentración de fuentes de empleo en la gran área metropolitana.

Un caso que merece especial atención es el de las juventudes rurales. Reacias a limitarse a trabajar la tierra bajo el mismo modelo de sus progenitores, las juventudes rurales generalmente optan por migrar a la ciudad en búsqueda de mejores oportunidades. Esto nos plantea un desafío y una oportunidad estrechamente vinculadas: el primero, considerando que la edad promedio de la persona productora en el campo es de 54 años (según el último Censo agropecuario), ¿cómo garantizar nuestra seguridad alimentaria en 20 años sin brazos que asuman el trabajo el campo? La oportunidad está en generar las condiciones necesarias para que las juventudes rurales potencien el desarrollo de sus territorios, creando fuentes de empleo y generando distribución de riqueza en la ruralidad, bajo una óptica que visualice las múltiples posibilidades de desarrollo más allá del agro.

Desde esta perspectiva, cuesta imaginarse el sentido y/o utilidad del término “generación de cristal”. No pasa de ser un peyorativo falaz, cuyo único aporte es el de impulsar con más fuerza aún ese espíritu creativo de las juventudes. A propósito del 12 de agosto, día nacional e internacional de las juventudes, sirvan estas breves líneas para problematizar y de-construir un término que cada vez gana más terreno en la discusión nacional, para defender la homofobia o el racismo hoy y para justificar la discriminación contra las personas jóvenes en todos los ámbitos de la vida pública.

COVID-19
Suscribase COVID-19

También podría gustarte Más del autor

Comentarios

Cargando...