Luis Fernando Allen Forbes, Economista y Administrador de Empresas

El Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) de Costa Rica es el ente rector en tema electoral más importante. Este es considerado un cuarto Poder del Estado, equiparándose al Poder Legislativo,  Ejecutivo y Judicial.  El TSE fue una de las principales innovaciones institucionales de la Constitución Política de 1949, que nació por el irrespeto al resultado de las elecciones de la época que desembocó en un conflicto bélico, entre costarricenses.

No obstante, los últimos gobiernos que  han administrado el país, lo han llevado casi a la bancarrota, dejando claro que no han  trabajado por el pueblo que los eligió, y ese abandono se los cobra el pueblo a los partidos tradicionales, actuando indiferente respecto a los asuntos públicos y expresando un total rechazo al sistema político, carcomido por  prácticas acabadas, agotadas, engañosas y frustrantes, que han roto la esperanza del pueblo en los partidos políticos.

Lo que supone que los partidos políticos son los actores responsables y directos de la poca participación política, debido a que sus acciones,  incumplimientos  y posturas partidistas,  no alcanzan para la construcción del modelo de país que los costarricenses exigen.

Esto explica,  el crecimiento del abstencionismo político en Costa Rica y la poca participación electoral. En la reciente elección la participación electoral registró un 59,71%, lo que equivale a 1.853.719 votos emitidos, de los cuales  1.827.043 son válidos, 16.565 son nulos y 10.111 fueron dejados en blanco.

Costa Rica necesita de un Tribunal Supremo de Elecciones que actúe  con rapidez en lo relativo a quejas, denuncias, o cualquier acto anómalo o irregular, pero también estudioso, analítico y que tome decisiones, porque al momento el sistema además de lento y engorroso no cumple con la justicia pronta y cumplida.

Es urgente una reforma al código electoral, que impulse  cambios al esquema de candidaturas independientes para darles viabilidad, y por otro, fomentar leyes que obliguen a los candidatos presidenciales al cumplimiento de las promesas de campaña, estableciendo un procedimiento para la remoción de políticos entre ellos: alcaldes, regidores, síndicos, diputados o bien presidentes  si se consideran como graves los delitos electorales de los que se les acusa.

Nuestro sistema de votación es poco amigable y rígido y no tiene mecanismos que favorezcan la participación, como el voto anticipado, el sufragio postal y las facilidades para las personas con problemas de movilidad. Tenemos un sistema electoral que obliga a la gente a trasladarse y a que miembros de una misma familia deben moverse a distintos lugares para poder sufragar, muchas veces lejos de su domicilio.

El sufragio es uno de los elementos más importantes en una democracia, y el desarrollo humano integral está en riesgo debido a las fracturas sociales, Se debe profundizar más en la construcción y fortalecimiento de la democracia. Costa Rica necesita un TSE proactivo, y fiscalizador  que de confianza a los ciudadanos y que no arriesgue el futuro de la democracia.

Finalmente, los partidos políticos y sus militantes deben entender que el votante ha evolucionado y que la razón de no ir a votar es más causal que casual, el votante actual tiene una actitud más razonada. El TSE como ente rector debe velar para que el proceso electoral goce de credibilidad y confianza.