Luis Fernando Allen: Costa Rica no come cuento

El sistema político costarricense  está atrofiado y no merece celebrar un Bicentenario de su independencia con tanta corrupción e impunidad.  Es tiempo de implicarse y pasar a la acción: participar, protestar, y construir alternativas para lograr que se vayan todos los corruptos.

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Luis Fernando Allen Forbes, Economista y Administrador de Empresas

Estamos de nuevo en período electoral aunque, a decir verdad pareciera que nunca hubiésemos dejado de estarlo. No obstante la propagación de la desinformación en tiempos de elecciones y las falsedades difundidas a través de redes sociales y plataformas de mensajes,  compiten por el espacio mediático.

Ahora vemos políticos de partidos tradicionales cuestionados postulándose a pesar de que nos han hecho tanto daño, y que la aparición de nuevas formaciones políticas  tanto de izquierdas como derechas tienen aseguradas su participación en la construcción del país que queremos.

El pueblo no debe permitir más burla, nuestros tres poderes están prostituidos y muchas personas en esos puestos inamovibles, con jugosas pensiones, los mejores salarios y con muchos privilegios, mientras que el pueblo no tiene ni trabajo ni ingresos, ni arroz ni frijoles.

Muchos precandidatos interesados en gobernar están viciados y sus intereses están enfocados en otras áreas, menos en buscar soluciones para el país y nuestra asamblea legislativa no debería aceptar funcionarios públicos escogidos a dedo por su partido y que pagan por llegar.

Costa Rica debe recuperar su memoria colectiva, reconstruir el vínculo social y el espacio de lo común. Cada vez es más urgente un proceso participativo que, desde abajo, logre construir nuevas bases de entendimiento, convivencia y solidaridad. Un proceso que se traduzca en una nueva asamblea constituyente que redefina las reglas del juego, que reedite el pacto social y edifique una democracia profunda y de avanzada, basada en la transparencia.

Muchos son los retos que tiene el país para el nuevo gobierno, porque se abre un nuevo ciclo y un camino que parece un campo minado, y aún más complejo será el desempeño del gobierno, con un programa de expansión del gasto en un contexto global de recesión.

Tenemos una democracia agotada,  un establishment más preocupado por sus negocios que por el bienestar del país, que intentó apuntalarla sin bases sólidas, en un marco constitucional indudablemente neoliberal que ha apostado por la desigualdad y la exclusión.

El sistema político costarricense  está atrofiado y no merece celebrar un Bicentenario de su independencia con tanta corrupción e impunidad.  Es tiempo de implicarse y pasar a la acción: participar, protestar, y construir alternativas para lograr que se vayan todos los corruptos.

Los desafíos que enfrenta nuestro país están plagados de complicaciones cada vez más complejos como lo son;  el narcotráfico,  el crecimiento de la delincuencia organizada que sin pausa somete a más regiones, la agudización de la pobreza y la desigualdad, el quebranto fiscal y las dificultades de una economía que no despega.

Finalmente, hay que recordar que la función pública implica un cargo, una responsabilidad social, un servicio y no es bajo ningún aspecto  un lugar de privilegio; y menos una oportunidad de enriquecimiento o de sometimiento.


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