Luis Fernando Allen: Democracia, dinero y poder

Costa Rica atraviesa una crisis política, social, sanitaria y económica, tan profunda, que reclama ser afrontada y resuelta con el máximo coraje y el Estado debe ser el guardián de las reglas del juego y el garante de la seguridad jurídica de los operadores económicos y sociales.

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Luis Fernando Allen Forbes, Economista y Administrador de Empresas

Ante la cercanía de las próximas elecciones 2022-2026 y el cobro de hasta 30 millones de colones, que exigen los partidos políticos tradicionales como los nuevos, para aspirar a los puestos de elección popular tanto de diputados como para presidente de la república, el TSE como ente rector debe intervenir para que la democracia goce de credibilidad y confianza e impedir que el dinero y su poder puedan desvirtuar la voluntad del pueblo y alterar la competencia electoral, sobornando y dictando políticas públicas tornando frágil la democracia.

Los sucesivos cambios de Gobierno no han modificado este decepcionante panorama, sino que lo han agravado, y parece que ya es hora de emprender una reforma grande de carácter estructural que afronte de verdad los defectos de un sistema político, jurídico, institucional y económico que está irreversiblemente agotado.

En este contexto, la construcción de la democracia se convierte en una actividad de trabajo comunitario en donde las comunidades presentan formas diversas de organización y participación, basadas en su cultura y tradición. Lo que implica más involucramiento ciudadano para que en la solución de conflictos y en la detección de problemas se fortalezca la democracia.

La salud de las democracias, cualesquiera que sean su tipo y su grado, dependen de un detalle técnico: el procedimiento electoral que a través de las elecciones mejora la calidad democrática y en la que los gobernantes son sometidos a la evaluación de toda la población.

Costa Rica atraviesa una crisis política, social, sanitaria y económica, tan profunda, que reclama ser afrontada y resuelta con el máximo coraje y el Estado debe ser el guardián de las reglas del juego y el garante de la seguridad jurídica de los operadores económicos y sociales.

Esto supone que el país debe buscar nuevos caminos para salir de ella. Es decir, la complejidad de la realidad presente y la radicalidad de los cambios requeridos obligan a hacer propuestas de transformación que engloban todos los aspectos de la vida nacional.

Es urgente una reacción vigorosa de la sociedad civil de modo intenso y eficaz que fortalezca nuestra estructura política y abra paso a un cambio profundo de nuestra perspectiva ética. Ha llegado el momento de la acción, de la responsabilidad y del compromiso cívico.

La democracia no es una construcción idílica, requiere hombres y mujeres dispuestos a luchar en ese turbulento territorio donde se desenvuelven los intereses y las pasiones, Costa Rica necesita una democracia que recupere el sentido transformador, igualitario y participativo.

Finalmente, sin duda alguna, el siglo XXI plantea muchos desafíos a nuestro modelo de democracia, en temas de crisis de los partidos políticos y el financiamiento de la política etc. El gran desafío del TSE será la restauración de la credibilidad, para impulsar las reformas estructurales urgentes y necesarias para una mayor participación ciudadana.


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