Luis Fernando Allen: Impago, alta deuda y reactivación

En resumen el año 2020 la economía mundial registra su peor desempeño y según las perspectivas del Banco Mundial  las necesidades públicas de empréstitos, en relación al PIB, han aumentado significativamente y que  el año 2021 tendrá un lento repunte, que se ve amenazada por otras dos tendencias que despiertan interrogantes sobre el curso del crecimiento económico

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Luis Fernando Allen Forbes, Economista y Administrador de Empresas

El mundo arrastra altos niveles de endeudamiento desde antes de la llegada del COVID 19, y posterior a la pandemia los programas de rescates gubernamentales, se añadirán a la deuda, aumentando la brecha entre países industrializados y economías emergentes.

En este contexto, cuando el mundo salga de la pandemia deberá afrontar consecuencias no sólo sanitarias y laborales, sino también económicas. En otras palabras será un “reinicio” en el que se construya “un mundo más resiliente, en el que la ciudadanía demandará mayor seguridad en términos sanitarios y económicos”.

Cabe destacar que muchos de los países afectados,  heredaron deudas nacionales contraídas por gobiernos anteriores. Algunas de ellas involucran sumas enormes, y otras involucran sumas más pequeñas, que por supuesto deben ser honradas por razones consecuencialistas.

Las posibles implicaciones tienen a un grupo de economistas y políticos en vilo, buscando las formas de convencer al gobierno de Alvarado de hacer cambios en la economía de manera que los ingresos sean suficientes para la actividad estatal, siempre y cuando el gobierno reduzca el gasto público, para no caer en default o impago de la deuda externa.

 Adicional a eso algunos analistas se han dedicado al paroxismo diciendo que de no pagar Costa Rica sería excluido de mercados financieros futuros o bien  acceder a préstamos con altas tasas de interés como castigo.

Está claro que los estados deben honrar sus deudas en que incurrieron en el pasado para preservar la estabilidad financiera internacional y el orden, por culpa de gobiernos ineptos que solo quieren vivir de a prestado, aunque eso signifique hipotecar el futuro de las próximas generaciones.

La financiación internacional para la mayoría países constituye uno de los pilares centrales para financiar proyectos de inversión a largo plazo que generen rentas futuras con las cuales satisfacer a los acreedores, sin que ello impacte en las capacidades operativas del país.

Estas consideraciones tienen algún mérito si las economías impactadas son  economías poco diversificadas que dependen en gran medida de unas pocas materias primas o del turismo, haciéndolos vulnerables al impago con las implicaciones de experimentar rebajas en la calificación internacional  o una reestructuración de la deuda.

En resumen el año 2020 la economía mundial registra su peor desempeño y según las perspectivas del Banco Mundial  las necesidades públicas de empréstitos, en relación al PIB, han aumentado significativamente y que  el año 2021 tendrá un lento repunte, que se ve amenazada por otras dos tendencias que despiertan interrogantes sobre el curso del crecimiento económico: primero,  el aumento sin precedentes de la deuda a nivel mundial y segundo,  la prolongada desaceleración del crecimiento de la productividad, que debe recuperarse para mejorar los niveles de vida y contribuir a la erradicación de la pobreza.

 


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