Luis Fernando Allen Forbes, Economista y Administrador de Empresas

La reactivación económica total sigue a la espera de que el gobierno levante las restricciones y de el banderazo para abrir los negocios e impulsar el consumo, la producción y la creación de empleos.

Al momento la realidad y las cifras evidencian que cada vez hay menos empleos formales en el país, que las empresas privadas están reduciendo sus nóminas no así las del sector público.

El sector privado sigue siendo la clave para el crecimiento y la riqueza con sus roles de empleador, inversor, fuente de financiamiento, motor de la competitividad y de la capacitación y el desarrollo de capital humano.

La participación del sector privado en el desarrollo de un país es la solución más prometedora para lograr un efecto real sobre las vidas de miles de personas que viven en la pobreza y en la informalidad.

Lo que supone que este sector es el que genera riqueza, crea empleos y da muchas  oportunidades a los profesionales de la población. La inclusión del sector privado en el desarrollo es bienvenida y necesaria porque aprovechan las potencialidades de la región.

La iniciativa privada puede fungir como fuente de valiosa experiencia, ingeniosidad y capacidad que ayuda a encontrar soluciones, ya sea para necesidades educativas, sanitarias, problemas ambientales, o la oferta de bienes públicos etc.

Sin las PYMES no hay empleos, por lo tanto no hay estabilidad y tampoco desarrollo. Hay que redefinir el papel del gestor público y prestigiarlo, con la finalidad de crear un marco legal estable, bien estructurado, que respete las reglas del juego, y le dé a las empresas privadas la seguridad pública y jurídica necesaria para que contribuyan a la creación de empleos e impulsen el crecimiento económico.

Esto permite al sector privado adoptar un rol más activo y colaborador en el desarrollo. Lo que le permitirá reducir los riesgos de inversión, nuevas oportunidades de mercado y un mayor valor agregado.

El sector privado no debe verse solo como fuente de financiamiento sino como aliado del desarrollo, porque el gobierno receptor obtendrá ingresos fiscales  que podrá utilizar para impulsar un mayor crecimiento económico mediante la inversión en infraestructura,  salud o educación. 

La política de inversión no consiste en privilegiar la inversión extranjera sobre la inversión nacional, sino en conectarlas a través de las cadenas globales de valor. En este contexto la estrategia política de inversión debe aprovechar su establecimiento para fomentar buenas prácticas ambientales  e impulsar un encadenamiento hacia el  sector productivo local.

Finalmente, según el Foro Económico Mundial, para este año no habrá crecimiento económico, pero para que los indicadores de trabajo empiecen a mejorar a partir del 2021, el PIB debe crecer a tasas del 4 o 5% de manera sostenida, lo cual amerita un plan de mediano y largo plazo que sea consensuado entre los diferentes actores políticos, económicos y sociales.


Luis Fernando Allen Forbes 
Economista y Administrador de Empresas
Director Ejecutivo
Asociación Salvemos el Río Pacuare
Lfaf05@yahoo.com