Luis Fernando Allen Forbes, Economista y Administrador de Empresas

El Banco Popular fue fundado en 1969 por el Gobierno costarricense para fomentar el desarrollo económico. El banco surgió de una tradición de solidaridad, pero que actualmente compite en un mercado financiero muy lucrativo y ha  olvidado que su misión inicial fue servir al bienestar social y sostenible de toda la población.

El BPDC es un banco cooperativo de derecho público cuya propiedad y gestión depende en teoría de sus propios trabajadores y trabajadoras. Todo aquel trabajador que haya tenido una cuenta de ahorro durante un año continuo tiene “derecho a la copropiedad”. La entidad combina funciones comerciales y de desarrollo, con una cartera de clientes que incluye a trabajadores, campesinos, microempresas y pequeñas y medianas empresas, así como asociaciones comunales, cooperativas y de desarrollo municipal.

Desde 2000, el banco se ha convertido en un gran conglomerado financiero (la tercera mayor entidad bancaria de Costa Rica) y oferta una gama completa de servicios bancarios, pensiones, valores bursátiles, fondos de inversión y seguros. Cuenta con 103 sucursales en todo el país y da empleo a 4300 personas. Sus activos totales en 2016 superaban los 5400 millones de dólares estadounidenses, con un beneficio neto de 68 millones de dólares.

El banco goza de un sistema único de capitalización permanente: los empleadores aportan el 0,5 % y los trabajadores el 1 % del salario mensual. Después de un año, el 1,25 % de ese “ahorro obligatorio” se transfiere al fondo de pensiones individual de cada trabajador o trabajadora. El BPDC conserva el 0,25 % restante como aportación de capital.

El Banco Popular tiene la estatura de un cluster financiero grande y sólido, con indicadores de desempeño, dignos de resaltar por la buena administración de los recursos y que como país debemos permitir que este banco camine solo,  esto es sin el financiamiento exigido y sostenido que les rebaja a los trabajadores (1%) y empleadores (0.5%) mediante planilla para su operación.

En el contexto de la pandemia de COVID-19 que estamos viviendo y de su impacto sobre la economía, el Banco Popular no ha estado a la altura del rol solidario que debe jugar un banco que se financia con recursos baratos sino que hizo gala de un sinnúmero de perturbaciones burocráticas para no dar la mano a quienes la necesitaban en la coyuntura de crisis.

Es evidente que las mejoras experimentadas por el BP durante la última década en la calidad de su balance y en sus niveles de solvencia colocaron a esta institución en una posición, durante la pandemia para absorber la crisis y para seguir facilitando el financiamiento que la economía precisa.

Cabe destacar que la pandemia ha generado y intensificado una crisis del crédito al cual se enfrenta el sector bancario, pero en el caso del BP y por todos los antecedentes mencionados, pueden dar mejores tasas de interés y plazos a las familias, microempresas y las pymes para la reactivación de la economía.

Finalmente, es hora de que el Banco Popular vuele solo, no necesita el financiamiento de los trabajadores ni empleadores. Su caminar a lo largo de estos 52 años le ha dado el conocimiento y las herramientas tecnológicas, necesarias para atender su nicho de mercado y adicional a eso trascender en los diferentes mercados en los que participa.