Luis Fernando Allen: Tren eléctrico, reactivación económica y corrupción

El endeudamiento excesivo y niveles sin precedentes de deuda pública han limitado los recursos financieros de los que puede disponer el gobierno de Carlos Alvarado, obligándolo a tomar de momento decisiones drásticas, que suponen realizar sus labores con menos recursos.

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Luis Fernando Allen Forbes, Economista y Administrador de Empresas

La reactivación de la economía nacional por medio de la construcción del tren eléctrico interurbano, es una excelente propuesta porque dicho proyecto sin duda alguna generaría todo un encadenamiento productivo con otros sectores de la economía; llámese turismo, comercio, manufactura, industria alimentaria, construcción, etc.

Adicionalmente crearía fuentes de trabajo directos (se estima 1200 inicialmente) e indirectos en las zonas por las que brindará el servicio, dinamizando la economía e impactando el clima de inversión y de competitividad.

Está claro que a nivel mundial existe consenso de que la inversión pública debe ser impulsada en este momento como dinamizador económico. Este proyecto aún se encuentra en el congreso para el análisis que corresponde de parte de los congresistas que todavía lo tienen en estudio.

No obstante, es innegable que uno de los aspectos claves para impulsar el desarrollo y el crecimiento de un país es la inversión pública traducida en obras. De ello depende que se cuente con escuelas, hospitales, desarrollos inmobiliarios, carreteras, presas, ductos para combustibles y suministro de agua.

Desafortunadamente la industria de la construcción ha sufrido los embates de las ancestrales prácticas de corrupción que ningún gobierno ha sido capaz de frenar en Costa Rica, en este caso la Ley General de Concesión de Obra Pública de Costa Rica.

Presupuestos sobregirados, malos materiales, falta de estudios y proyectos, que han generado los llamados “Elefantes Blancos” el tema de la obra pública, sus irregularidades, colapsos y proyectos inconclusos en todo el país es verdaderamente lacerante.

A ella se anteponen el compadrazgo, el amiguismo, los intereses políticos y económicos, factores que desembocan en obras mal construidas, entregadas a destiempo y, generalmente, a costos muy superiores a lo presupuestado originalmente.

Urge revertir este círculo perverso de una política que elimina el carácter público de las obras para convertirlas en botín de intereses privados. El estado debe responsabilizarse del proceso y el resultado de construcciones financiadas con dinero de los contribuyentes. Obras en las que se invirtieron miles de millones de dólares, inservibles, colapsadas, inconclusas o abandonadas… corrupción, opacidad en las licitaciones, y tráfico de influencias.

El endeudamiento excesivo y niveles sin precedentes de deuda pública han limitado los recursos financieros de los que puede disponer el gobierno de Carlos Alvarado, obligándolo a tomar de momento decisiones drásticas, que suponen realizar sus labores con menos recursos.

Finalmente, el Tren Eléctrico considerado el proyecto estrella de la pareja presidencial debe esperar hasta que la economía se reactive, la crisis sanitaria este controlada y las finanzas públicas en equilibrio, porque contrario a eso la creciente deuda podría alcanzar magnitudes preocupantes.

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