Luis Fernando Astorga: Revocatoria de mandato presidencial – Imperativo de la democracia participativa

Una ley que instale la posibilidad de este tipo de revocatoria sería una forma de rescatar y profundizar esta alicaída democracia que ha venido perdiendo su esplendor y brillo, al mismo tiempo que se revitaliza nuestro Estado Social de Derecho.

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Luis Fernando Astorga Gatjens, Periodista.

Costa Rica dio una significativo paso adelante cuando fue aprobado el carácter participativo de nuestra democracia. El 1° de julio de 2003, mediante la ley N° 8364 se incluyó en nuestra Constitución, ese calificativo, haciendo que el texto del artículo 9° quedara así: “El Gobierno de la República es popular, representativo, participativo (las negritas son propias del autor del presente artículo), alternativo y responsable. Lo ejercen el pueblo y tres Poderes distintos e independientes entre sí. El Legislativo, el Ejecutivo y el Judicial.”

No obstante ese avance, la aplicación efectiva de esa norma ha estado muy lejos de lo que debería haberse dado, en los 18 años que ya lleva este valioso cambio en nuestra Carta Magna.

Es oportuno indicar que la democracia participativa debe o puede significar una profundización de la democracia, para subsanar formas de agotamiento y limitaciones propias del sistema exclusivamente representativo. Con la democracia participativa lo que se busca es ampliar los mecanismos para que la ciudadanía participe e intervenga en decisiones políticas del mayor interés de la Patria.

De esta manera, la democracia costarricenese no sólo descansaría en las votaciones periódicas (cada cuatro años), nacionales o municipales, si no que los ciudadanos podríamos incidir en el rumbo del país; más aún en esta época aciaga donde una profunda crisis económica y social golpea fuertemente a nuestra sociedad.

Dos manifestaciones concretas de esta forma de democracia lo constituyen la celebración de plebiscitos y referéndum. En el citado periodo, el único referéndum que se ha realizado fue el convocado para la aprobación o rechazo de la participación de Costa Rica en el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana, realizado en el año 2007. También constituyen mecanismos de la democracia participativa, las asociaciones de desarrollo, las juntas de salud y las juntas de educación. Pero mucho queda por hacer para que estos mecanismos sean suficientemente efectivos.

Sin embargo, es oportuno señalar que la democracia participativa se queda trunca si no se crea una norma que posibilite la revocatoria del mandato presidencial. Por ahora, a quien elegimos en ese cargo se perpetúa incólume durante cuatro años, aunque cometa graves errores conduciendo el país. La persona electa puede, entonces, hacer lo que le venga en gana a favor del interés de su pequeño grupo de allegados y el pueblo nada puede hacer al respecto. Algo así ha venido ocurriendo en abono a la deslegitimación de la democracia representativa.

De esa manera, se otorga una especie de cheque en blanco y el mandatario electo puede dormir tranquilo, sin consecuencias por sus errores u omisiones; aunque el país se descalabre y la mayoría de sus habitantes padezcan las consecuencias de una mayor desigualdad social, es decir, se hundan en la pobreza y miren su futuro con frustración, incertidumbre y desesperanza.

La revocatoria de mandato debe ser consustancial entonces al carácter participativo de la democracia, ya que la ciudadanía, en circunstancias extraordinarias, –por ejemplo– como las generadas por la devastadora pandemia de la covid-19, podría echar mano al mecanismo revocatorio para decidir si quien preside al país es apto o no, para liderar una crisis múltiple como la actual, que lejos de amainar se ha profundizado, de manera alarmante. En tal caso, convendría determinar si el capitán del barco es capaz de llevar la nave a buen puerto ante la tempestad o más bien la pone en peligro inminente de naufragio.

Igualmente, es necesario correlacionar la efectividad de la democracia representativa con el desarrollo del Estado Social de Derecho (ESD). Aquí hay que indicar que ese ESD, que el país construyera a lo largo de alrededor de 40 años en el siglo XX, se ha venido erosionando desde los años ochenta de la centuria anterior, por la incidencia pertinaz de pequeños grupos con gran poder económico, político y mediático. Eso han venido haciendo con su poder de influenciar distintas administraciones asentadas en Zapote, así como a las respectivas legislaturas, donde diputados del PLN, PUSC, PAC, Restauración Nacional, Nueva República y algunos llamados independientes, han votado según los designios e intereses de esta pequeña cúpula, que concentra la riqueza nacional, mientras siguen afirmando que están comprometidos con el bien común.

De esta manera, el grave deterioro de nuestro ESD, que tiene diversas y preocupantes manifestaciones, se relaciona con un empeoramiento de las condiciones para superar el desgaste de la democracia representativa, que reduce la participación del pueblo a delegar su poder mediante una votación cada cuatro años. Pero más bien habría que seguir el excelente ejemplo que nos da México y el Gobierno del Presidente López Obrador, que está impulsando un referendum revocatorio del mandato presidencial, para marzo del 2022. ¡Cuánto contrasta eso con las manifestaciones –tan olímpicas como peyorativas — del Presidente Carlos Alvarado al comentar el riguroso estudio del CIEP de la Universidad de Costa Rica!

Una ley que instale la posibilidad de este tipo de revocatoria sería una forma de rescatar y profundizar esta alicaída democracia que ha venido perdiendo su esplendor y brillo, al mismo tiempo que se revitaliza nuestro Estado Social de Derecho. La revocatoria de mandato trocaría, como por arte de magia, la soberbia presidencial en humildad, para que escuche con atención y sabiduría a la ciudadanía, la cual tiene mucho que decir y proponer bajo la premisa de que vox populi, vox Dei (en latín: «la voz del pueblo, es la voz de Dios»). Hoy el Presidente de Costa Rica se da el lujo de menospreciar esa voz cuando no le favorece.

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