Luis Fernando Astorga: Elecciones 2022 – Lobos de la misma loma

Uniformidad ideológica de algunos partidos políticos

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Luis Fernando Astorga Gatjens, Periodista.

Cualquier ciudadano o ciudadana cuando se informa sobre lo que proponen la mayoría de los partidos que participarán con candidatos presidenciales en las próximas elecciones, se encontrará que dicen cosas muy similares y predecibles.

Que se comprometen a realizar un gobierno eficiente, que no promoverán nuevos impuestos, que su prioridad será generar empleo, que mejorarán la educación pública, que lucharán contra la corrupción… y así por el estilo.

Aparecerán en el paisaje de la campaña eleccionaria, desde algunas propuestas con algo de originalidad hasta ocurrencias que pasarán sin pena ni gloria. Algunos partidos y candidatos copiarán ideas de procesos electorales de otros países o activarán el magín creativo, para ganarle la partida a los otros partidos, que forman parte de la frondosa oferta electoral del año 2022.

El que no aparezcan propuestas originales en los programas y promesas electorales, está asociado a que al pasar los años se han ido perdiendo las identidades ideológicas que los partidos exhibían en decenios precedentes.

Cito tres ejemplos de partidos que han gobernado al país en los últimos treinta años: PLN, PUSC y PAC.

El PLN, en su origen y a lo largo del siglo anterior, enarboló una propuesta social-democráta, entendiendo a ésta como una ideología política, social y económica, orientada a apoyar las intervenciones del Estado, tanto económicas como sociales, para promover la justicia social en el marco de una economía capitalista.

De tal propuesta y práctica de gobierno apenas queda un recuerdo lejano, ya que aunque algunos de sus dirigentes persisten en decir que esa es la bandera ideológica del PLN, su práctica dirigida al desarrollo de un robusto Estado Social de Derecho (EDS), se vació completamente de contenido; a tal punto que a este partido le corresponde gran parte de la responsabilidad de su progresivo desmantelamiento.

Por su parte, el PUSC sigue expresando que su identidad ideológica está centrada en el humanismo cristiano que tiene como fuentes propias, la Doctrina Social de la Iglesia y la filosofía cristiana. Pero se nota que los dirigentes de este partido no leen ni escuchan al Papa Francisco cuando expresa severas críticas al neoliberalismo, al que señala como responsable del terrible daño a la justicia social y al ambiente. Está más que claro que este partido también se alejó de los principios doctrinarios social-cristianos, los cuales los ha convertido en consignas huecas mientras su práctica dominante se orienta por el credo neoliberal.

Mientras tanto el PAC, que emerge contestatario en el año 2000, frente al PLN y el PUSC, se adhiere –sin reconocerlo explícitamente– a una suerte de renovación socialdemócrata. Tal fue su prédica programática inicial, empero una vez que llegó a Zapote (especialmente en la Administración Alvarado Quesada), abandonó esa bandera y su práctica de gobierno, ya es muy similar a la del PLN y a la del PUSC.

Ante el debilitamiento de las fronteras de antaño de definición ideológica que exhibieron hasta años relativamente recientes, en el presente estos tres partidos son cada vez más parecidos tanto en lo que hacen desde el gobierno como desde la Asamblea Legislativa. Las diferencias son de matices y de calculada conveniencia.

Han llegado a tal similitud que perfectamente, podrían impulsar un congreso de unificación de las tres agrupaciones políticas, para abrazar sin adornos y sutilezas, la ideología neoliberal. Sería lo más sincero y transparente para evitar engañar al electorado el próximo 6 de febrero.

Lo que también ha venido unificando a estos tres partidos es que la corrupción les penetró profundamente y sus consignas contra ella, ahora suenan también vacías, a la luz de los diversos escándalos que forman parte de la impronta de gobiernos con tales banderas partidarias.

Los unifica igualmente su acción política que ha coadyuvado en el deterioro del Estado Social de Derecho, con el que Costa Rica se distinguió en el Siglo XX en el contexto internacional y regional. De distinta manera, estos tres partidos han contribuido, al tenor del llamado «Consenso de Washington», a debilitar al Estado Benefactor, sus instituciones y programas sociales. Asimismo estos tres partidos se han venido sumando –con sus iniciativas y omisiones– en el debilitamiento de la Constitución Política (particularmente, en el valioso capítulo V sobre Derechos y Garantías Sociales).

Lo que todavía los sigue distinguiendo es la ambición de sus dirigentes en asumir puestos de control político, para seguir cumpliendo los dictados económicos, políticos y mediáticos de un pequeño grupo plutocrático al que no le preocupa Costa Rica y su democracia tan venida  a menos, sino sus abultadas cuentas bancarias.

Estos tres partidos, sin lugar a dudas, son lobos neoliberales de la misma loma.

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