La articulación social contra ese proyecto de ley no debe plantearse privilegiando el posicionamiento de partidos y gremios —que son esenciales en la lucha, pero no deben convertirse en su objetivo último—, sino en principios sustentados en la evidencia histórica. Y la evidencia histórica es clara: desmantelar al ICE, en muchos sentidos, es también un atentado contra el rumbo visionario y lúcido gracias al cual hemos hecho de Costa Rica un país mejor.
Luis Guillermo Solís Rivera / Expresidente de la República
El Primer Ministro de Canadá, Mark Carney, dijo hace poco que “la esperanza no es un plan ni la nostalgia una estrategia”. Son palabras sabias que deberíamos atender a propósito de la discusión en torno al adefesio del proyecto 23.414. Lo digo porque, para quienes lo adversamos, la motivación no debería basarse en la premisa de que “todo tiempo pasado fue mejor” —como piensan algunos—, sino en principios que no deberían pasar inadvertidos —como lo ansían otros—.
El primero es el de la solidaridad; es decir, el que alude a la justicia en el acceso y la distribución —territorial y financiera— de electricidad limpia y de buena calidad, entendida como un derecho ciudadano en Costa Rica. Esa ha sido la “marca” fundacional del ICE, y uno de sus resultados prácticos fue el desarrollo de un país de aspiraciones crecientes para el mayor número de personas.
El segundo es el de la equidad y el equilibrio. Pocas veces se ha visto un proyecto de ley tan groseramente favorecedor de los grandes intereses privados. Tanto, que trae a la memoria la figura emblemática del “Comelón de Harricks”, que impactó a muchas generaciones de costarricenses.
Por eso, la articulación social contra ese proyecto de ley no debe plantearse privilegiando el posicionamiento de partidos y gremios —que son esenciales en la lucha, pero no deben convertirse en su objetivo último—, sino en principios sustentados en la evidencia histórica. Y la evidencia histórica es clara: desmantelar al ICE, en muchos sentidos, es también un atentado contra el rumbo visionario y lúcido gracias al cual hemos hecho de Costa Rica un país mejor.

