Luis Guillermo Solís: Remembranzas del Guanacaste

Guanacaste nunca me defraudó. Siempre amable, siempre luminoso, siempre acogedor, siempre recio y libérrimo, lo disfruté mucho y quiero continuar haciéndolo en el futuro. 

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Luis Guillermo Solís Rivera, Historiador, Ex Presidente de la República.

He aceptado el honroso encargo que me hace mi buen amigo el periodista José Manuel Peña Namoyure, de escribir unas líneas sobre mis remembranzas del Guanacaste.  Lo hago con gusto y como un triple homenaje: a él, por su infatigable lucha de toda la vida en favor de su Provincia y la “guanacasteñidad”, como la llamaba “Nago” de Nicoya; a Guanacaste y sus gentes, tierra feraz y pueblo maravilloso que tanto representan para Costa Rica; y al periódico “Anexión”, que celebra su tercera década de existencia.  Y lo hago en la buena compañía de mis colegas, la señora y los señores expresidentes de la República.

Mi primer recuerdo consciente de Guanacaste es de 1966.  Fue aquel un año emblemático para mí, porque con 8 años y acabadas las elecciones que llevaron a la presidencia de la República al Prof. José Joaquín Trejos Fernández, tuve el atrevimiento de escribir una nota a mano y con muy mala letra al candidato perdedor, don Daniel Oduber quien, para mi sorpresa y la de mi papá (mamá ya lo intuía), me la contestó pocos días después.

Por eso no olvido tampoco que aquellas vacaciones escolares concluyeron con un viaje de 10 días a Playas del Coco, a las cabinas de don Claudio Rojas, bajo el cuidado de mis abuelos paternos.  Aquellos momentos fueron inolvidables, incluido el viaje de diez horas desde Curridabat y el camino polvoriento del cruce hasta la playa, pasada una Liberia blanca, caliente y dormilona como lo era en ese momento.

A partir de entonces viajé a Guanacaste incontables veces y con múltiples objetivos.  Fui como turista desde Bahía Salinas hasta los confines de la Península de Nicoya, y desde la Bajura hasta las cumbres de la Cordillera, entre el Rincón de la Vieja y Tilarán.

Fui como profesor de Historia y Ciencias Políticas a las sedes regionales de la Universidad de Costa Rica, la Universidad Nacional y la Universidad EARTH.  Fui como precandidato y candidato presidencial y, por supuesto, lo visité como presidente de la República entre el 2014 y el 2018.  A futuro, lo visitaré como padre y como abuelo, pues allí viven mi hija, mi yerno y mi nieto Emiliano, que es de la estirpe Montoya y Baltodano.

Guanacaste nunca me defraudó. Siempre amable, siempre luminoso, siempre acogedor, siempre recio y libérrimo, lo disfruté mucho y quiero continuar haciéndolo en el futuro.  Y no porque no hubiera desacuerdos, que muchos atendimos y resolvimos en lo que nos tocó (especialmente los derivados de la falta de agua, de oportunidades de trabajo y caminos para comunidades pequeñas y grandes).

Sino más bien porque siempre tuve absoluta claridad de que mi gobierno tenía que atender una deuda de muchos años con un extenso territorio al que siempre se alude como “cuna” de la Costa Rica republicana gracias a la Anexión del Partido de Nicoya (1824), pero en la práctica se olvida como receptor de política pública.

Sin embargo fueron dos fenómenos extremos los que nos “inauguraron” en el trabajo en Guanacaste.  El primero de ellos fue una sequía aguda en toda la región pacifica (norte y sur), la que obligó a una intervención mayor, de la mano de los sectores privados, en materia agrícola, ganadera y de provisión de agua.

La segunda, mucho más grave todavía, fue la resultante del impacto del huracán Otto que se desplazó desde el Caribe hacia el oeste generando muerte y destrucción desde La Cruz y Santa Cecilia, hasta Bagaces y Liberia.  La atención de esta terrible circunstancia, no obstante, permitió una inversión muy significativa en obras de infraestructura (especialmente puentes y caminos) en toda la zona, la mayor que se hizo después de varias décadas de olvido.

En materia de puentes, carreteras y caminos, uno de los principales avances lo alcanzamos en la llamada “Ruta de la Leche” con el apoyo de sus comunidades y el liderazgo siempre constructivo de la diputada Suray Carrillo y de Wilmar Matarrita, ambos del Frente Amplio.  También adelantamos las obras en la ruta 160.

Concluimos el “Proyecto Brasilito” de construcción de escuelas afectadas por el terremoto del mismo nombre. Completamos la construcción de los acueductos de Nimboyores y El Coco, se puso en movimiento el gran programa Agua para Guanacaste (PACCUME), y depuramos, instalando filtros contra la contaminación por arsénico, los acueductos de Cañas.  Gracias a esa política de acceso al agua potable, se les dio viabilidad a urbanizaciones paralizadas en Liberia, Cañas y de hotelería en Papagayo.

En Filadelfia se diseñó e iniciaron las obras del Mercado Agrícola Regional, y con el apoyo de las cooperativas de Pilangosta y Cerro Azul, en Hojancha y Nandayure, el programa Tejiendo Desarrollo coordinado por la Primera Dama Mercedes Peñas apoyó las actividades productivas en café, naranja, melón y sandía para la exportación. También en la Bajura, se financió y puso en marcha el proyecto Finca El Guaco en Paso Tempisque.

Se gestionó la construcción de una nueva planta embotelladora de bebidas gaseosas con una inversión inicial de $50 millones de dólares, se hicieron inversiones en la pista del aeropuerto “Daniel Oduber Quirós” por $2 millones de dólares y se fomentó el turismo en la zona con el aumento de los vuelos directos desde Costa Rica a Europa, muchos de cuyos ocupantes viajaron a Guanacaste.

En materia cultural, la marimba y el maíz fueron declarados símbolos nacionales y, gracias a la iniciativa y de la mano del diputado del Partido Liberación Nacional ya fallecido, don Juan Marín, se le dio rango de distrito indígena a Matambú, y se legalizó la experiencia de conservación y utilización sostenible de los recursos marinos en Ostional.

Pero quizá lo que más voy a extrañar de mis viajes por Guanacaste siendo presidente de la República, son los diálogos que sostuvimos mis equipos y yo, con las comunidades y las personalidades de la provincia: maestras, sabaneros, comerciantes, alcaldes, pulperos y estudiantes.

Nunca olvidaré aquellas jornadas que casi siempre terminaban con una comida de “arroz de maíz”, biscochos, horchata, vino de coyol y gallina achiotada.  Nunca nos fallaron las tortilleras en Nicoya, ni el sabroso café en el corredor de la casa de doña Mireya Hernández -exquisita educadora- y don Julio Jaén su esposo ya fallecido, abogado y juez de profesión pero geógrafo y botánico por vocación.

Sembré un guayacán real en el parque de La Cruz, invitado por el pueblo del cantón que más migrantes acogió -cubanos y haitianos- durante los masivos desplazamientos que los dejaron “atrapados” en Costa Rica entre diciembre del 2016 y marzo de 2017.  Y claro, ¿cómo no agradecer los desayunos con monseñor Salazar en Tilarán, hablando las cosas como él siempre lo hace: con devoción por la gente y sin contemplaciones con la mala política?

Eduardo Pineda, el alcalde de Hojancha, me acompañó con mucho orgulloso a enseñarme el mercado de artesanías que tanto quiso el padre Vara, y el parque de La Mansión en honor y conmemoración de uno de los cubanos más ilustres: Antonio Maceo. Creo que los encuentros ciudadanos en Guanacaste, así como las regulares reuniones formales de la Comisión Interinstitucional por Guanacaste demostraron con creces como las comunidades organizadas si pueden, de la mano de un gobierno que escucha, definir sus propias prioridades de desarrollo.

Toco el piano aunque soy mal pianista.  Por esas cosas de juventud, dejé de estudiarlo cuando era adolescente y ahora, ya viejo, lo lamento.  Pero entre las piezas que más me gustan (tanto que me la sé de memoria) está “Pampa”, la emblemática obra de uno de los músicos más destacados y queridos de la provincia, don Jesús Bonilla y letra del poeta Aníbal Reni.

Deseo finalizar esta corta remembranza aludiendo a uno de los versos de esa pieza tan hermosa, tan llena de los colores y las imágenes de la tierra: “Pampa, pampa, te vio el sabanero/ y ya nunca te puede olvidar.  En su potro se escapa ligero, tras el fiero novillo puntal/ Luego viene la tarde divina y el contorno se mira sangrar/hay marimbas que treman lejanas y la pampa se vuelve inmortal”.  Yo, como el sabanero, vi a Guanacaste en 1966 y la pampa, ya nunca la pude olvidar.

En Miami, junio 2022.


Publicación compartida con el medio «Anexión».

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