Luis París: Candidato “outsider”

Hago votos para que  la cordura y sensatez guíen las decisiones del próximo presidente.

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Luis París Chaverri, Ex Embajador.Luis Paris Chaverri

El deficiente desempeño de los políticos en el ejercicio del gobierno y los frecuentes casos de corrupción en la función pública han debilitado a los partidos tradicionales y generado la desafección ciudadana hacia la política, favoreciendo el surgimiento de los denominados candidatos “outsiders” en los procesos electorales.

Su aparición es también una consecuencia de la antipolítica, utilizada por políticos populistas de todo signo ideológico y por algunos formadores de opinión y periodistas que acogen y destacan sin reparos el discurso antisistema, efectista y confrontativo.

La definición más generalizada es que un candidato “outsider” es aquel que se presenta a unas elecciones sin contar con experiencia previa en política, sin trayectoria en el sistema de partidos, en algunos casos basado en la reputación ganada en otra actividad.

Al venir de afuera del sistema político, el “outsider” se presenta, generalmente, como un mesías que solucionará todos los problemas existentes, con especial énfasis el de la corrupción, culpando de todos ellos a los políticos tradicionales, discurso que con cierto grado de populismo está dirigido a captar la simpatía y el apoyo de los ciudadanos descontentos y desesperanzados.

Aunque este fenómeno no es nuevo, si es más frecuente en los últimos años. Candidatos con ese perfil han tenido sonados éxitos electorales en otros países. En el nuestro, existe hoy una alta probabilidad de que un candidato “outsider” culmine su participación electoral con éxito.

Ese es el caso de Rodrigo Chaves, quien -sin lugar a duda- es un “outsider” en el actual proceso electoral. Sin trayectoria política, sin militancia partidista alguna, con un partido prestado, presentó su candidatura presidencial y en pocos meses logró niveles de apoyo suficientes para pasar a la segunda ronda y disputarle la silla presidencial a José María Figueres Olsen, político de larga trayectoria, el próximo 3 de abril.

No se puede obviar, en el análisis de este fenómeno, el aporte que la periodista Pilar Cisneros le ha dado a la campaña de Chaves, ya que es innegable que su popularidad ha sido fundamental, al punto de que su imagen -con mayor reconocimiento que la del candidato presidencial- fue utilizada prácticamente con el mismo despliegue que la de este.

El apoyo de Cisneros es paradójico por cuanto en el ataque sistemático a la clase política que ella realizó por años, ya alertaba sobre el peligro del populismo y ese es, precisamente, uno de los componentes del discurso que hoy practica su candidato. Es probable que en otros tiempos y circunstancias, la enérgica periodista hubiese estado entre quienes critican fuertemente a Chaves.

También es paradójico que la posibilidad de éxito que tiene Chaves, que según todas las encuestas publicadas para el balotaje es muy alta, se debe a su contrincante. José María tiene una alta dosis de responsabilidad en el eventual triunfo del candidato “outsider” por su insistencia en una candidatura con muy pocas posibilidades de éxito, dado el rechazo de la ciudadanía a su figura.

Los fracasos sufridos en las elecciones anteriores por el PLN indicaba que lo que esa agrupación requería era una efectiva renovación de sus liderazgos y que estos cumplieran con los más altos parámetros éticos y morales, dado el descrédito y la crisis de credibilidad que le afecta.

Pero cuando la demanda del electorado era de renovación, eligieron a un expresidente con una desgastada imagen; cuando los votantes exigían probidad, se inclinaron por una figura sobre la que pesan, con razón o sin ella, serios cuestionamientos éticos. La candidatura de Figueres Olsen no es lo que ese partido necesitaba para superar la crisis que sufre desde hace años.

Faltan pocos días para conocer el resultado de la voluntad popular depositado en las urnas y tengo la esperanza de que, cualquiera que este sea, la institucionalidad del país prevalezca, ya que nuestro Estado de derecho, nuestro sistema de pesos y contrapesos -así como nuestra realidad política que no le confiere poder absoluto a ninguno de los dos- constituyen un antídoto para evitar acciones que puedan demeritar o debilitar los logros sociales o los derechos civiles y políticos que como nación hemos alcanzado.

Hago votos para que  la cordura y sensatez guíen las decisiones del próximo presidente.

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