Luis París: Concertación y diálogo franco

Existe otro escollo que se debe superar para lograr unir al país: el antagonismo, la hostilidad y la confrontación entre el sector público y el privado, que es causa de una inconveniente y peligrosa división de nuestra sociedad.

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Luis París Chaverri, Ex Embajador.Luis Paris Chaverri

La dramática advertencia del presidente de la República de que “o nos unimos o nos hundimos”, debe ser algo más que una frase retórica efectista, debe estar acompañada de señales claras sobre la seriedad de sus intenciones.

Porque para lograr el loable propósito de unir a todos los costarricenses para enfrentar la crisis económica y social generada por la pandemia del Covid-19, el gobierno debe definir una hoja de ruta clara con la participación de representantes de todos los sectores de nuestra sociedad, mediante un proceso de concertación y un diálogo franco.

La convocatoria al proceso, además de urgente, debe ser transparente y lo más amplia posible, para evitar las suspicacias que algunos colectivos ya han expresado, como la de que “se les oye pero no se les escucha” o la de que sólo se atienden las propuestas de determinado sector.

También es una realidad que en algunos grupos sindicales persiste un sentimiento de desconfianza hacia el gobierno producto de la huelga  del 2018 contra el plan fiscal, por lo que es importante que el señor presidente tenga en cuenta que debe hacer un esfuerzo especial por recuperar la credibilidad de esos gremios, ya que eso es condición fundamental para el éxito del proceso.

Existe otro escollo que se debe superar para lograr unir al país: el antagonismo, la hostilidad y la confrontación entre el sector público y el privado, que es causa de una inconveniente y peligrosa división de nuestra sociedad.

El debate sobre las causas y la solución del déficit fiscal es motivo de agrias acusaciones entre uno y otro: que se debe eliminar privilegios, recortar salarios y disminuir la cantidad de empleados públicos exigen unos; que se debe evitar la evasión y elusión fiscal por parte del sector empresarial alegan otros.

El diálogo y la concertación debe producir un amplio debate en el que predomine el respeto, la tolerancia y la disposición de todas las partes a ceder y a conciliar, porque los resultados positivos del proceso dependen, precisamente, de la madurez democrática de los dirigentes que participen en el mismo.

Los dirigentes nacionales de los diversos colectivos de la vida nacional deben ser conscientes de que en esta aciaga etapa no se valen las luchas de poder, el todo o nada, los egoísmos sectoriales, la intransigencia, porque esa actitud, al fin de cuentas, perjudica a todos.

Existen ya muchas ideas y planteamientos sobre la mesa, con visiones y soluciones distintas y algunas, cómo es lógico, antagónicas, pero a todas les anima el deseo de contribuir con la solución de los serios problemas presentes y futuros.

Muchas personas y grupos han planteado ideas serias, novedosas algunas, lo que procede entonces es convocar e implementar el proceso de concertación a la mayor brevedad posible para discutirlas y definir las acciones que deben ejecutarse.

Las autoridades gubernamentales deben tener claro que la mayoría de los ciudadanos comprendemos la gravedad de la situación, el futuro incierto que tenemos por delante, que estamos conscientes de que todos tenemos que hacer sacrificios y que sabemos la importancia de la solidaridad.

El presidente debe estar seguro que a todos nos interesa que al final de la crisis sanitaria el país salga lo menos dañado posible, que creemos que “sin unión no habrá buen futuro”, pero que el timón de la embarcación en la que navegamos todos está en sus manos, y que la mayor responsabilidad es suya, pues es a él a quien los costarricenses eligieron para guiar al país.

 

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