Luis París: Confusión y torpeza política

Este tristemente célebre altercado, muestra en su justa dimensión la crisis del PLN, la ausencia de un liderazgo unificador e inspirador y el empoderamiento de una dirigencia torpe y mediocre.

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Luis París Chaverri, Ex Embajador.Luis Paris Chaverri

El reciente y sonado altercado entre un diputado y un asesor, alrededor del tema del matrimonio igualitario, fue un hecho bochornoso y censurable que deteriora la imagen del primer poder de la República y que, además, puso en evidencia la confusión y torpeza política de relevantes figuras de la cúpula partidaria afectada.

Las reacciones iniciales de algunos altos dirigentes del Partido Liberación Nacional (PLN) fueron irreflexivas, confusas e imprudentes.

Ejemplo de ello, son las precipitadas y abusivas declaraciones de su Secretario General, dadas a la prensa pocas horas después del suceso, exigiendo -a nombre del partido- la renuncia del diputado agresor, sin que al respecto existiera un acuerdo del Comité Político, máxima instancia de dicha agrupación.

Por su parte, también de forma apresurada, la presidenta a.i. del PLN exigió con vehemencia la renuncia del legislador, pero ni ella, ni el Secretario General, censuraron las ofensas que el asesor legislativo había emitido contra los diputados firmantes de una moción que proponía solicitar a la Sala Constitucional posponer por unos meses la entrada en vigencia del matrimonio entre personas del mismo sexo, ofensa que causó la lamentable agresión.

Ambas manifestaciones fueron desautorizadas posteriormente por el acuerdo que sobre el caso adoptó el Comité Ejecutivo Nacional del PLN, el cual desaprueba por igual la ofensa como la agresión y solicita al Comité de Ética y Disciplina investigar tanto al diputado como al asesor involucrados.

Igual de desafortunadas fueron las declaraciones del jefe y la subjefa de la fracción legislativa verdiblanca, quienes patentizaron sus criterios antagónicos.

El primero justificando la agresión y censurando al ofensor, al punto que le atribuyó al agredido actos de homofobia, lo que a todas luces es una afirmación absolutamente ridícula que fue motivo de la burla generalizada de la opinión pública.

La segunda pidió que el agresor fuera separado de la fracción, exigiendo a su vez la renuncia a la curul legislativa.

Las posiciones asumidas por ambos fueron posteriormente enmendadas por una resolución de la fracción que traslada el caso a la instancia partidaria que vela por la ética y la disciplina de sus miembros, para que sea ésta la que investigue y eventualmente sancione a su compañero diputado.

Tampoco se puede soslayar, porque es parte de la confusión, la actitud del líder del grupo parlamentario del PLN con relación al tema del matrimonio igualitario.

Después de firmar -junto a otros veinticinco legisladores, incluidos dos de sus compañeros de partido- la moción causante del insulto  y el posterior  acto de violencia, el jefe de la bancada liberacionista decide retirar su firma por la presión de instancias partidistas, mostrando así su falta de perspicacia y discernimiento.

Este tristemente célebre altercado, muestra en su justa dimensión la crisis del PLN, la ausencia de un liderazgo unificador e inspirador y el empoderamiento de una dirigencia torpe y mediocre.

 

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